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La industria del cuero uruguayo está viviendo, desde hace unos años, un proceso de desindustrialización que hace que se exporte una menor cantidad de productos con mayor valor agregado. Por otra parte, lo que sí ha aumentado es la producción de cueros con bajo procesamiento (conocidos como wet blue).

Este fenómeno repercute en una menor necesidad de mano de obra en el sector, y en que las etapas más contaminantes de la cadena –las primeras– sean las que permanezcan en Uruguay.

Mientras que en 2005 la industria empleaba a 3.608 personas, en 2011 el número había descendido a 2.706, de acuerdo a un estudio de la Cámara de la Industria Curtidora Uruguaya.

El mismo trabajo indica que el año pasado la industria del cuero facturó alrededor de US$ 250 millones. Las exportaciones de 2011 fueron un 20% menores que las de 2007.

Sector en crisis
La menor demanda de productos más industrializados también trajo como consecuencia el cierre de curtiembres. Según los diferentes actores del sector consultados, hoy se pueden señalar tres grandes curtiembres en Uruguay: Zenda, Bader y Paycueros.

Zenda es el mayor jugador de la industria y emplea entre 800 y 1.000 personas solo en Uruguay –tiene plantas y oficinas en otras partes del mundo–. En Uruguay, tiene capacidad para procesar unos 4.000 cueros diarios.

En 2009, el grupo brasileño Marfrig compró el 51% de la ex Curtiembre Branáa y el 31 de julio de este año completó la adquisición del total del paquete accionario, pasando a ser dueño del 100% de la compañía.

“El sector está en crisis por la (la caída de la) demanda mundial”, señaló el director de Operaciones de Zenda, José Luis Rodríguez. El fuerte de la empresa es el cuero para la industria automotriz, por lo que la crisis en dicho sector los afectó, disminuyendo sus volúmenes de venta.

Zenda vende cuero terminado y también cuero terminado y cortado, para que después las fábricas de costura hagan la funda y se la entreguen a los fabricantes de automóviles. Su principal destino de exportación dentro de Europa es Alemania, específicamente para las compañías BMW y Audi.

Rodríguez indicó que la tendencia es a que el cuero tenga menos proceso en Uruguay. “Cada vez es menos atrayente agregar valor en Uruguay”, dijo. Si bien el ejecutivo sostuvo que la industria “siempre” va a consumir cueros, señaló que “la gran duda es si Uruguay va a seguir procesando una parte así o va a ser un productor de commodities nada más”.

En Bader coincidieron en que el sector atraviesa un momento complicado. “Somos una empresa 100% exportadora y tenemos un tipo de cambio súper bajo. Nuestra moneda está muy fuerte; nos complica mucho el tema salarial y los costos laborales”, manifestó el gerente financiero, Fernando Dauría. Bader es una empresa alemana con sucursales en todos los continentes. Está en Uruguay desde 1998 y tiene cerca de 520 empleados en su planta de Rincón de la Bolsa, en San José.

Bader solo produce cueros para la industria automotriz. Al ser una industria alemana, sus principales clientes son las teutonas Mercedes Benz y BMW.

Para este año, los pronósticos más optimistas de Zenda y Bader son no tener pérdidas, después de algunos años de balances negativos. “Estamos para empatarla”, apuntó Dauría, de Bader.

Autopartistas
Tanto Zenda como Bader exportan algunos productos como autopartistas. Para calificar como tales, se les exige vender el cuero ya cortado. “Como las piezas cortadas reciben beneficios muy importantes, estamos tratando cada vez más de hacer nuestra producción de piezas cortadas”, dijo Dauría, lo que los hace ir a contrapelo del resto de la industria.

Rodríguez, de Zenda, explicó que hay un reintegro para los autopartistas. Si se exporta cuero
–terminado o semiterminado– se cobra la devolución de impuestos indirectos, que es el 4%. En cambio, si se vende el cuero ya cortado, ese beneficio trepa al 10%. Además, la industria del cuero tiene una prefinanciación de exportaciones cinco puntos por encima de los demás sectores.

“Si el proceso de desindustrialización no ha sido mayor es por el apoyo del gobierno”, destacó Rodríguez.

La valorización del peso uruguayo también es un contratiempo para el sector, pero Rodríguez admite que “el gobierno no tiene gran margen para hacer mucha cosa con respecto a eso”.

Escape sin intervención
La capacidad de procesamiento de la industria del cuero está íntimamente relacionada con la producción de carne vacuna y ovina –a pesar de que la curtiembre lanar cada vez tiene menos peso en Uruguay–. “La carne vacuna, y por lo tanto la generación de cueros, ha aumentado de los años de 1970 a más del doble”, indicó el consultor y técnico del sector, Ricardo Tournier. “La industria en los últimos 10 años se ha comenzado a deprimir”, añadió Tournier, quien presidió el Congreso Latinoamericano de Técnicos del Cuero que se realizó en Montevideo entre el 9 y el 11 de octubre.

El especialista manifestó que, con “altibajos”, los cueros se generan, pero cada vez se exportan con menos valor agregado. “Por lo tanto, las fuentes de trabajo nuestras y las de miles de operarios están siendo afectadas”, consignó. Recordó que en los últimos cinco años cerraron sus puertas seis curtiembres y el empleo cayó el 30%.

Para Tournier, las pieles son una riqueza que tiene el país que, contando con “excelente mano de obra” para procesarla, actualmente la deja “escapar”.

“Las curtiembres chicas han ido desapareciendo y las medianas poco a poco también a favor de las grandes compañías que pueden lograr, por su tamaño, aumentar la productividad, bajar costos y tener mejores precios competitivos en los insumos”, manifestó.

El gremio del sector también está preocupado por la situación. A pesar de esto, se rescata que viene “repuntando” después de haber “tocado fondo” en 2010, cuando se llegó a tener tres fábricas cerradas y cerca de 1.000 trabajadores en seguro de paro.

“No es que el cuero no entre, sino que entra pero se hace menos proceso”, dijo el secretario general de la Unión de Obreros Curtidores (UOC), Sandro Martínez, coincidiendo en su diagnóstico con el resto de los consultados. “Los procesos se han ido achicando, lo que hace que haya menos valor agregado y, en contrapartida, menos mano de obra”, agregó.

Para los trabajadores el mayor problema que enfrenta el sector es “el gran porcentaje que tienen las transacionales en el proceso”. “Eso hace que la cadena productiva se corte donde ellos entiendan y hagan el trabajo donde más les convenga desde el punto de vista de números”, dijo Martínez. El secretario general de la UOC añadió que la tendencia es que en Uruguay se hagan los procesos “mínimos, más sucios y contaminantes".

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