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Todas las mañanas, unos 350 niños del barrio Casavalle se congregan en la calle Capitán Tula y esperan a que se abran los portones del Centro de Apoyo al Desarrollo Integral (CADI) para asistir al CAIF que funciona allí. El CADI es una organización no gubernamental que promueve a la familia, con foco en la mujer, y a las personas desde la primera infancia y hasta la tercera edad. Su trabajo se realiza por medio de programas socioeducativos.

En total, unas 700 personas asisten a la institución semanalmente. Participan de las actividades del centro CAIF, para madres con niños entre 0 y 4 años; un club de niñas que funciona por las tardes y sirve para complementar y fortalecer los aprendizajes de la escuela; un politécnico de formación laboral para mujeres jóvenes; y un espacio para las abuelas.

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En una edificación de 2.000 metros cuadrados inserta en el corazón de Casavalle, los programas se desarrollan entre las ocho y media de la mañana y las cinco de la tarde, de lunes a viernes. Los sábados se realizan actividades de extensión.

Según cuenta la directora del CADI, Laura Zanolli, el enfoque del centro “está dirigido a las personas que viven en el barrio y que tienen pocas oportunidades de acceso a la educación y la alimentación”. Según relata, Casavalle tiene todos los indicadores de exclusión social, por lo que la tarea de esta ONG resulta muy necesaria para la zona. “Una vez me pasó que una señora muy enojada me dijo: ‘Mi hijo tiene derecho de estar acá’”. Tenía razón, pero nosotros tenemos una capacidad limitada”, sostiene Zanolli, quien con orgullo reconoce que a esa persona, como a muchas otras, “no le daba lo mismo venir acá o estar en otro lado”.

El CADI cumple en 2012 veinte años de actividad. Desde 1992 se dedica a “ayudar a las familias a fortalecer el rol como primeros educadores”, en palabras de la directora. Este centro se plantea “colaborar con la familia en la formación de sus hijos a lo largo de toda la vida”.

Para la encargada de la ONG, este aniversario significa el paso de “un tiempo largo, intenso y profundo, que permite ver hoy muchas historias de vida que se concretan” (ver video). Hay casos de niñas que ingresaron con 3 años, hoy son madres y están trabajando como educadoras en el mismo centro.

Zanolli siente que el CADI es para muchos de sus beneficiarios “una luz en el barrio”. Y para seguir en esa senda, dice que deben “ser delicados en escuchar qué es lo que la comunidad necesita, en qué se puede contribuir, y qué son capaces de hacer con y por ellos”. La directora confiesa que han aprendido a no pensar que tienen “solucionar cosas”, pero el leitmotiv de la institución es que “el lugar donde uno nace no determine su futuro”.

El politécnico de formación laboral, por ejemplo, son dos años de una carrera técnica, que puede perfilarse para tres áreas: atención al cliente, educación inicial y gestión multimedia. Ya van seis generaciones de alumnas que lo cursan y “casi la totalidad” de las egresadas consiguió insertarse en el mercado laboral.

Según la directora, “el programa da resultados muy exitosos”, y agrega que las jóvenes que no trabajan han optado por seguir estudiando, porque tiene la oportunidad de emprender carreras terciarias.

Financiamiento estatal y privado

El Centro de Apoyo al Desarrollo Integral se financia por dos vías, la privada y la pública. Los convenios con el Estado por el centro CAIF y el jardín de infantes vienen de la mano de una partida económica en relación con la cantidad de niños que se atienden. La sustentabilidad económica total de los programas infantiles viene de ese apoyo.

La alimentación es otro aspecto muy importante, y se consigue a través de los recursos que proporciona el Instituto Nacional de Alimentación (INDA).

Los demás programas se financian con colaboraciones privadas: aportes de empresas y personas que contribuyen con becas de estudio para financiar el estudio de las alumnas del politécnico fundamentalmente.

Por ejemplo, un dinero que llegó este año para un programa en concreto viene de la Unión Europea. Se trata de un proyecto para trabajar en la prevención y atención de las víctimas de violencia doméstica. Según dice la directora, se dictarán talleres para niños, jóvenes, padres y adultos mayores. También relevarán los indicadores de violencia específicos del barrio, datos que hasta el momento no están disponibles.

“A veces me choca un poco cuando dicen que esta zona es un pozo donde se tira plata y no pasa nada”, afirma Zanolli. “Acá los fenómenos de transformación son profundos, lentos, pero hay mucha gente contribuyendo a que haya movilización”, sostiene.
Una deuda pendiente

El politécnico del CADI es un espacio de educación no formal y por tanto no ha logrado tener un reconocimiento a nivel del Ministerio de Educación. Según comenta Zanolli, han hecho gestiones por este tema, básicamente para conseguir los beneficios de asignación familiar y boletos gratis, por ejemplo.

El argumento de la directora es que los dos años invertidos deben tener algún reconocimiento. “Todavía no hay un lugar donde esto calce”, dice.

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