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Contó Gerardo Caetano que el chofer de José Mujica le preguntó al presidente: “¿Qué pasó en este país hace 100 años?”, al comprobar la cantidad de veces que lo llevaba a una actividad “por los 100 años”. Y dijo el historiador que el presidente le respondió a su chofer: “¿Qué pasó? Pasó Batlle”, en alusión a José Batlle y Ordóñez.

Esa fue una de las anécdotas de la celebración de los 100 años de La Estanzuela, la estación experimental del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en Colonia. Que fue una fiesta no solo por la gran concurrencia de público –en el momento de las conferencias había más de 300 personas escuchando y aplaudiendo–, sino también por la riqueza de aportes y recuerdos.

Al comienzo de la que será una jornada inolvidable para ellos, los anfitriones lucieron el jueves 24 de abril impecables y nerviosos, en el afán de recibir a los visitantes con amabilidad y esmero. En tanto, ya en el jardín del edificio principal, un ejército de mozos recibió con un refresco a los que iban llegando y formaban grupos de viejos conocidos. Hubo también muchos abrazos de reencuentros.

Es que, además de los ministros de Agricultura de la región que prestigiaron la celebración porque coincidió con una reunión del Consejo Agropecuario del Sur (CAS) en Colonia, había también veteranos de guerra. Es decir, investigadores que desarrollaron su trabajo en la estación experimental y que ese día le dieron un toque emotivo a la fiesta.

Esos hombres que hoy lucen sus canas y están encorvados, dieron lo mejor para consolidar el prestigio de La Estanzuela en el país y en el mundo desde la época en que la estación experimental logró el espaldarazo por sus investigaciones en semillas de trigo. Y el jueves 24 reaparecieron para celebrar un siglo, algunos de traje y corbata, con un álbum de fotos blanco y negro debajo del brazo, y desafiándose a recordar el nombre y el apellido de esos compañeros retratados para la historia.

Entre los elegidos por la historia está Alberto Boerger, un científico alemán que” llegó a La Estanzuela el 5 de marzo de 1914, donde el gobierno uruguayo había decidido instalar el Semillero Nacional”, como dice Un siglo de investigación agropecuaria, un libro de 370 páginas cuya edición fue coordinada por Mario Allegri y que cada visitante se llevó como regalo. Caetano dijo que para hacer una revolución se necesita algunos veteranos y muchos jóvenes. Y al recordar que Boerger está enterrado en el lugar, agregó que “esta también fue su tierra”.

Si la celebración centenaria obligó a mirar para atrás, hubo coincidencia en que también lo importante es mirar para adelante, ver los desafíos y proyectar la rica historia de la investigación agropecuaria hacia los próximos 100 años.

Por eso también fue emotivo ver a los jóvenes investigadores que toman la posta y defienden el prestigio del INIA saneando las plantas de citrus, buscando una semilla de soja no transgénica; mejorando el rendimiento de las pasturas, generando una genética bovina nacional y mejorando la calidad de la carne.
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