Una reina, una princesa y dos estilos
Beyoncé y Rihanna representan lo mejor y lo más exitoso del género R&B. Pero contrapuestas, ofrecen una representación de polos opuestos en la construcción de la artista femenina en el ojo público.
Antes había mujeres Marilyn o Jackie. Ahora se puede decir que hay Beyoncés o Rihannas. Unas cantan y bailan la ya archiconocida coreografía de Single Ladies con la misma fuerza que otras corean Only girl (in the World) en los boliches. Ellas son los nuevos íconos, los nuevos modelos de la mujer dentro del mundo del R&B.
Las dos son las personalidades más fuertes del género. Las que reúnen la mayor cantidad de ventas, premiaciones y éxitos en rankings. Son los grandes polos opuestos dentro del espectro de cantantes femeninas; prototipos diferentes de la mujer fuerte e independiente, que no teme en manifestar su sexualidad, viviéndola de manera abierta y sin tapujos. Se trata de construcciones del ser femenino casi opuestas, que parándose sobre el escenario y cantando sus canciones comunican mensajes distintos.
El R&B es un género que tradicionalmente tuvo figuras de peso entre sus filas, tanto femeninas como masculinas. Desde Etta James hasta Alicia Keys, pasando por Tina Turner, Whitney Houston y Lauryn Hill. Es imposible reducir a unas pocas líneas todo su historial femenino.
Sin embargo, en la última década se puede observar que los artistas más exitosos del género son mujeres. Beyoncé y Rihanna son las divas reinantes de los charts junto a otras cantantes pop, como Katy Perry y Lady Gaga.
Caras opuestas
En el caso de las artistas femeninas es difícil separar lo que es la vida privada de la persona pública. Mientras Beyoncé ha pasado por eventos más positivos desde el punto de vista del ojo público, -su matrimonio con el rapero Jay-Z, ser madre-, Rihanna todavía vive en la sombra de su episodio de violencia doméstica en manos del cantante Chris Brown en 2009. Y tal vez sea por esto que la demarcación de su personalidad en público fuera más radical, más agresiva, más audaz.
Si bien ambas reivindican el poder de la mujer tanto en el ámbito laboral como romántico, con la edición de sus últimos discos se hizo más evidente una distancia entre ambas posturas sobre lo femenino. De cualquier manera, en ambos casos fue la relación con un hombre lo que encauzó sus carreras.
Beyoncé lanzó 4, en el marco de un matrimonio exitoso y en los albores de quedar embarazada. Por otro lado, Rihanna editó casi en cadena Loud y Talk that talk, este último más directo lo que quería comunicar: una extrema libertad (¿o libertinaje?) sexual.
Si 4 es una celebración al amor y la monogamia, Talk that talk es una celebración de la sexualidad libre, controlada únicamente por una misma. El primero se apoya más en la balada y en la demostración de las capacidades vocales de la cantante, mientras que el otro se orienta hacia la pista de baile de la manera más provocadora posible.
Desde Destiny’s Child, su antigua agrupación, Beyoncé le dedicó su carrera entera a la realización de himnos femeninos. Desde Bills, bills, bills, donde se relata la historia de una mujer que tiene que pagarle las cuentas a su pareja, a Survivor, el canto de la fortaleza femenina luego de una separación.
Su punto más alto llegó con Single ladies, la cima de los hits dedicados a la mujer común y corriente. Con su tercer disco, I Am... Sasha Fierce separó dos posturas de sí misma, la romántica y baladista, de la bailable y devoradora de hombres, representada en su alter ego, la tempestuosa Sasha Fierce.
En su último trabajo, Sasha fue encerrada, dando paso a la nueva y madura Beyoncé. Su primer corte, Run the world (Girls), se transformó el su nuevo himno bailable consagrado al poder de las chicas. Pero le sucedieron temas dedicados a la felicidad del amor monógamo. En 4 Beyoncé es esposa, madre, empresaria y mujer. Dueña del mundo.
Por su parte, Rihanna logró su éxito en Estados Unidos luego del masivo Umbrella, y aún sin una construcción de una personalidad pública. Ya debajo del reflector comenzó a establecerse como ícono de moda, dando que hablar con sus cambiantes cortes y colores de pelo.
La reedición de su tercer disco, Good girl gone bad vino con una nueva canción, Disturbia, compuesto con su pareja del momento Chris Brown. Pero luego, fue el incidente de altísimo perfil. Y su siguiente disco Rated R dio un vuelco. Ya no era un pop brillante y divertido, sino que se aventuró hacia cavernas más oscuras, planteando una postura de mujer fortalecida, opuesta al estado de extrema vulnerabilidad en que fue dejada frente a la prensa y su público.
En este trabajo se introdujo el tema de la sexualidad de manera explicita. Con la canción Rude Boy inició las oleadas de controversia. ¿Cómo, luego de ser brutalmente golpeada, iba a cantarle a un chico rudo? De más está decir que esto envió señales confusas sobre su postura ante el incidente.
En Loud las cosas fueron empujadas al extremo. S&M, su segundo corte, provocó más mandíbulas caídas. En una entrevista con la revista Rolling Stone admitió que la canción, que habla sobre la sumisión en la cama, era un tanto autoreferencial. Más miradas sorprendidas.
Rihanna se tomó muy en serio el lema “el sexo vende”, y Talk that talk se trata de eso. Solamente de eso. Y a la larga, termina aburriendo.
Y esta semana, hubo menos para entender.
El lunes fueron lanzados dos remixes que cuentan con Rihanna y Brown nuevamente colaborando juntos. Una de ellas es una canción dirigida a las pistas de baile, mientras que en la otra resuena una incómoda tensión dada la pareja en cuestión. “Girl, I wanna fuck you right now / been a long time / I´ve been missing your body”, comienza cantando Brown, mientras que Rihanna repite en los versos “voy a hacerte mi perra”. Si la intención era perdonar y olvidar, la elección del tema no podría haber sido más desafortunada.
Mientras que el feminismo de Beyoncé se dedica a investirle a la mujer cada vez más poder, enfatizando ahora en un rol más tradicional, el de Rihanna radica en la libertad sexual, sumada a una forma confusa de manejar su problemática relación con Brown. Y nada más. Son opuestas, pero dos caras de la misma moneda.