ver más

Pensar que la amenaza a la continuidad del crecimiento de la economía uruguaya viene de afuera, hoy en día es un error. Hasta 2012, el impacto desmedido de un posible shock global o regional entraba en las posibilidades de un escenario inmediato. Pero ahora que la economía mundial parece haber tocado piso, la amenaza externa pierde fuerza y Uruguay pasó a estar al acecho únicamente de sus propios fantasmas.

Si bien la situación europea está aún lejos de resolverse por completo, todo indica que está encaminada –de manera lenta pero segura– a encontrar solución a sus problemas fiscales y de crecimiento. También a nivel de la región el horizonte se ve menos hostil. Brasil y Argentina vuelven a crecer después de un año particularmente magro. Si bien Argentina sigue siendo una bomba de tiempo, la continuidad en los precios altos de los granos y las mejores condiciones externas, parecen darle algo más de tiempo antes del ajuste obligado. Además, las presiones proteccionistas están cediendo y eso abre mayores oportunidades para el comercio regional.

Eso no implica que el crecimiento uruguayo tenga vía libre por tiempo indefinido. El desalineamiento entre la política salarial, fiscal y monetaria afectó la estabilidad de precios, el equilibrio de las cuentas públicas y la competitividad de precios de los productos uruguayos. De no hacer nada al respecto, las posibilidades de crecimiento se verán acotadas. A ese escenario se debe agregar el enorme déficit de infraestructura que padece el país y la creciente incapacidad del sistema educativo para asistir al desarrollo y expandir las oportunidades de la población.

A diferencia de años anteriores, el peligro para el crecimiento armónico y sostenido de la economía uruguaya se encuentra puertas adentro. Al mismo tiempo, la amenaza actual deja de ser inmediata y adquiere una perspectiva de mediano plazo, lo que implica un desafío mayor para las autoridades de gobierno, porque implementar una política para compensar los efectos de una crisis externa, cuando eso supone acelerar el crecimiento inmediato, rinde electoralmente. En cambio, sentar las bases para un crecimiento sostenido que asegure una mejora en las condiciones de vida de toda la población, requiere chocar en lo inmediato con los intereses de distintos sectores –algunos de ellos aliados a la propia fuerza de gobierno–, y esa ya es una tarea más difícil.

Es un desafío para el cual ninguna administración, en la historia reciente, se ha mostrado a la altura. Por desgracia, el actual gobierno no ha dado muestras de ser la excepción.

NULL

Seguí leyendo