Hubo un tiempo en que la exportación de piedra como material para la construcción era una actividad económica importantísima en Uruguay. Algún veterano memorioso quizá recuerde aquel intenso movimiento que empleaba a miles de personas en las canteras ubicadas en varias zonas del país.
El gran cliente era Buenos Aires. La capital argentina carecía de piedra, pero del otro lado del Río de la Plata, a pocos kilómetros, había material en abundancia y de gran calidad. Por eso, día tras día los barcos cruzaban el río con sus bodegas repletas de ese producto. A medida que crecía la construcción de edificios en Buenos Aires, la ciudad demandaba cada vez más piedra y las empresas locales aprovechaban la oportunidad de negocio para facturar.
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