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Las mujeres uruguayas sobresalen dentro de un grupo de países de América Latina como las que más horas de trabajo no remunerado realizan en sus hogares por semana, según se desprende de un informe de la división de Asuntos de Género que la Cepal divulgó esta semana.

De acuerdo al estudio, en Uruguay, las mujeres dedican en promedio 38,5 horas semanales al trabajo doméstico no remunerado encabezando el ránking de un grupo de ocho países. Perú con 36 horas y México con 29,9 horas de trabajo doméstico no remunerado por parte del sexo femenino completan el podio.

Si se tiene en cuenta el laudo mínimo que rige actualmente para la hora del servicio doméstico en Uruguay ($ 56,25), esto implicaría un costo mínimo mensual de $ 9.327. En ese sentido, para pagar el trabajo no remunerado que realizan las mujeres uruguayas, un hogar –que hoy percibe en promedio por mes $ 43.874– debería destinar al menos el 21% de sus ingresos para remunerar esa tarea.

El trabajo no remunerado se define como aquel realizado por los miembros del hogar que permite producir bienes y servicios para el consumo familiar, como el cuidado de personas y el trabajo doméstico.

“En todos los países de la región con información disponible, el tiempo que dedican las mujeres al trabajo no remunerado es al menos el doble que el que dedican los hombres a este tipo de tareas. La sobrecarga de trabajo no remunerado merma la participación de las mujeres en la toma de decisiones, el avance de sus carreras y sus posibilidades ocupacionales, lo que a su vez reduce sus ingresos y sus perspectivas de acceso a protección social”, advierte el informe de Cepal.

De todas formas, en Uruguay los hombres son los segundos que más horas dedican al trabajo doméstico no remunerado (14,9 horas semanales), siendo superado únicamente por Perú (15 horas semanales). Los países donde el sexo masculino destina menos horas a las tareas del hogar son Costa Rica y Brasil con 4 y 5 horas semanales, respectivamente.

Cae empleo doméstico

Según el informe de Cepal, en los últimos 20 años, en la región ha disminuido la proporción de mujeres que se emplean en el servicio doméstico, pasando de 15% a 11,6%.

Países como Bolivia y Ecuador redujeron esta proporción más de 40% en el período relevado, ubicándose dentro del grupo de países latinoamericanos con menor proporción de mujeres empleadas en esta categoría ocupacional. De todas formas, aún persisten notorias diferencias en la distribución de categorías de empleo entre el sexo femenino y el masculino.

En términos de sectores de actividad, la concentración de las mujeres es bastante más marcada que la de los hombres, y casi 70% de ellas se ubican en dos ramas de actividad: administración pública, enseñanza, salud y servicios sociales (41%) y comercio (27,5%). Mientras tanto, las dos principales ramas de actividad para los hombres son la agricultura y el comercio, cada uno con un 20%.

En los últimos 20 años las mujeres de América Latina han ido insertándose –aunque muy lentamente– en sectores de alta productividad, pasando de una participación del 2,4% en 1994 a un 6,8% en 2012. “En gran medida, este incremento se debe a la inserción de mujeres en el sector financiero en países como Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y Costa Rica”, destaca Cepal.

Asimismo, durante las pasadas dos décadas, todos los países de la región han incrementado el promedio de años de educación de la población económicamente activa femenina. Sin embargo, aún “no se ha modificado la estructura laboral”. Según la Cepal, pesa a que las mujeres cuentan en promedio en América Latina con un “logro educativo mayor siguen ocupando los empleos más precarios y trabajan en total más que los hombres sin reconocimiento social y económico”.

En este contexto, el trabajo valora los esfuerzos que países como Colombia, Costa Rica, Guatemala, Ecuador, México y Uruguay “están realizando para visibilizar y cuantificar el trabajo total de las mujeres y los hombres con la finalidad de formular políticas integrales de cuidado y empleo”.
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