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Carlos es habitué de las playas de Punta del Este en el verano. El año pasado compró el terreno para su casa y cambió de vehículo. La temporada anterior le dejó US$ 20 mil de ganancias, confesó a El Observador. Carlos Pais no es turista ni un gran empresario. El hombre se gana la vida vendiendo pulseras en la península puntaesteña y asegura que “mal no le va”.

El vendedor ambulante tiene un jornal promedio de $ 4.000 esta temporada. Según dijo, el verano pasado llegó a ganar hasta $ 10 mil por día “gracias a las pulseras Power Balance”. Con ese dinero, y “algunos ahorros” que tenía, adquirió el terreno del lugar donde vive, en el barrio Hipódromo, ubicado en la periferia de la ciudad de Maldonado. Además, cambió su moto por un auto modelo Fiat Uno, usado.

El trabajador, que durante el invierno vende leña en la ciudad de San Carlos, le ganó a un gorro 650% de su valor real el fin de semana pasado. El producto le costó $ 35 y lo vendió a turistas brasileños en 20 reales, que equivalen $ 228. “La temporada pasada estuvo mejor, pero igual de este año no me quejo”, concluyó y vaticinó que con el dinero “vivirá” hasta mediados de año.
La zafra

Como Carlos, miles de trabajadores zafrales buscan aprovechar la llegada de turistas a Punta del Este durante el verano para generar ingresos que les permitan vivir todo el año o, al menos, “tirar” unos meses.

El Ministerio de Trabajo monitorea todas las temporadas los vínculos laborales a través de operativos especiales. Durante el verano hay entre 5.000 y 10 mil trabajadores zafrales en Punta del Este, estimó a El Observador el subsecretario de la cartera, Nelson Loustaunau. El jerarca sostuvo que la informalidad “es menor” en los comercios registrados pero advirtió que “casi todos” los vendedores ambulantes integran el sector informal.

Vendedores de pasteles, refrescos, helados, pareos, sombreros, bolsos o pulseras, dejan su empleo habitual para trabajar en las playas de Punta del Este de diciembre a marzo. Mozos, cuidacoches, empleados de comercios, crupiés, porteros, jardineros, personal de seguridad privada o empleadas domésticas, también abandonan su empleo “fijo” para obtener mayores ingresos por medio de un trabajo zafral en la península.

Loustaunau afirmó que la gastronomía y la hotelería son los sectores que toman mayor cantidad de empleados. Un conserje de un hotel tres estrellas gana en el entorno de los $ 1.300 diarios en temporada. El contrato del trabajador zafral es a término. Si bien no tienen acceso a indemnizaciones por despido, están habilitados a estar afiliados al Banco de Previsión Social (BPS).

Si bien la mayoría cambian su rama de empleo, hay quienes la mantienen. Un “patovica” de un boliche de la zona del Parque Rodó, en Montevideo, trabaja durante el verano como seguridad en un pub ubicado frente al puerto de Punta.

Los empleados del exclusivo parador La Huella, ubicado en la playa Brava de José Ignacio, hacen la diferencia a partir de la propina que dejan los comensales. Este verano almorzó allí el músico francés David Guetta. El restaurante del lugar es visitado con frecuencia por los productores argentinos de televisión Marcelo Tinelli y Adrián Suar, quienes tienen casa en el balneario.

Además del sueldo fijo, el parador La Huella aloja a sus empleados y les da pensión completa. Los salarios van desde los $ 8.500 mensuales para un ayudante de mozo, que colabora en cargar platos. “De la propina de toda la semana el 30% se lo dan a la cocina y el 70% lo repartimos entre el resto de los empleados”, explicó a El Observador un funcionario que integra el escalafón inferior. El trabajador, quien vive en Montevideo y es estudiante terciario, dijo que su propina mensual no baja de $ 4.500. Los ingresos fijos y variables aumentan en función de la tarea desempeñada por cada empleado. Una vendedora de un local de ropa ubicado en ese parador gana en el entorno de $ 20 mil, sin tener en cuenta las comisiones.

Saldo negativo
Los trabajadores consultados por El Observador coincidieron en que temporadas anteriores dejaron mayores ingresos. “El que me dejó más plata este año me dio $ 50, y eso que tenía un Porsche”, dijo Néstor Nuñez, que custodia vehículos hace 14 años en la avenida Gorlero. El cajero de un supermercado sostuvo que “el año pasado había más gente” y explicó que este año “las colas no fueron tan largas”. Ruben, que trabaja de mozo en una pizzería del centro, afirmó que “después de la primera semana se fue todo el mundo”.

Otro vendedor ambulante, también llamado Carlos, vive en Salto y viaja hace 18 veranos a Punta del Este a vender sombreros y soleras. “Soy experto en turistas”, bromeó. Su jornal promedio es de $ 3.000, pero alrededor de $ 1.300 los destina a mantener su familia (que viaja con él) y al alquiler de un apartamento en el barrio Maldonado Nuevo, a 45 minutos en ómnibus de los lujos puntaesteños. “Esto ya no es como otros años. Antes te podías volver con más guita”, lamentó.

Los comerciantes tienen la “esperanza” de “repuntar algo” en febrero ya que, según dijeron cuatro de ellos, el turista que vacaciona ese mes “gasta más”.

Si bien este verano no les fue tan bien como en otros, los trabajadores zafrales consultados aseguraron que volverán a Punta en 2013 porque “hacer la temporada es negocio”.
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