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En conocimiento de que era “una decisión muy jugada”, a fines de la década de los 80, Gerardo Grieco le anunció a sus padres que dejaría la facultad de Ingeniería para fabricar guitarras y ser productor de Eduardo Darnauchans.

Desde ese momento, la cultura, el arte, la música y su vida, tomaron un solo camino. Hoy Grieco es gestor cultural del Auditorio Nacional del Sodre, se define como un “innovador” en el área y como un “autodidacta total”, ya que su formación recién surgió en Europa en 1990. Seis años después, viajó a realizar un curso a España. Actualmente esta carrera puede estudiarse en la Facultad de la Cultura del Claeh, donde Grieco da clases.

En su historia laboral destaca además su pasaje por la Intendencia Municipal de Montevideo y la puesta en marcha y gestión de la Sala Zitarrosa y el Teatro Solís, llegando a ser director general de ambas instituciones culturales.

¿Qué significa hoy ser gestor cultural?
Es una combinación entre emprender, gestar proyectos en el área de cultura y administrar. Para mí, es una profesión, un oficio de los más viejos de la humanidad.

¿Se puede considerar a cada espectáculo como una empresa?
Sí, se puede. En realidad todo en la vida se puede considerar como una empresa. El tema es que en los teatros públicos, a diferencia de los privados, se tiene una visión cultural del asunto y son deficitarios desde el punto de vista económico y no así desde el valor cultural, turístico y social que le aporta a toda la comunidad.

Cualquier producción de música o cualquier proyecto de espectáculo se tiene que gestionar con una mentalidad empresarial, porque sino se cae en el barril sin fondo y el proyecto se vuelve imposible de sostener saludablemente.

El ejemplo que siempre doy, para ser muy gráfico, son las orquestas sinfónicas que hay en todo el planeta y son muy importantes para el desarrollo de todo el sistema de música de cada sociedad. Uruguay, en particular, es un país muy musical, tenemos la fortuna de tener desarrollado un sistema de música muy fuerte y de tener mucho talento. Generalmente todos los uruguayos sentimos orgullo por algún músico nacional o algún género o algún tipo de música que se hace aquí.

De hecho es muy importante la base que se generó a principios del siglo XX en Uruguay con un sólido sistema académico y sinfónico nacional, que de alguna manera fue la plataforma de desarrollo de todo el sistema de música y de oportunidades para los que tienen vocación y talento para desarrollar música. Hoy explicar el nivel de desarrollo de arreglo que llega a tener un coro de murga, solo se llega a explicar por el sistema de música que desarrolló Uruguay. Claro que una orquesta sinfónica con cien integrantes músicos que cobran todos los meses, que tienen que ensayar quince días para hacer un concierto no es rentables ni acá, ni en Nueva York, ni en Shangai ni en la Habana. En las sociedades se dan distintos mecanismos para subvencionar esas orquestas. En Estados Unidos lo hacen a través de la deducción de impuestos a los que financian la orquesta indirectamente. En Europa y América en general, el Estado financia directamente los salarios de esos músicos, pero no es rentable desde el punto de vista económico. Hoy para mí es imprescindible pensar cada proyecto como metas desafiantes que alcanzar en cuanto a sus ingresos, a los públicos.

¿Cómo es trabajar con personas cuando ellas mismas son el producto? ¿Cómo se manejan los egos?
La gestión cultural tiene mucho que ver con la gestión de egos. En realidad, en todas las organizaciones humanas se trabaja con la gente, incluso en las que producen elementos tangibles. El éxito de una organización pasa por cómo se trabaja y lidera a las personas, cómo se organiza el trabajo de ese grupo de personas. Y eso es lo que diferencia una organización de otra. Para mí, las personas son lo más importante.

¿Su gestión aquí hasta cuando sigue?
Es por un tiempo determinado, hasta 2015, ingresé en noviembre de 2012.

¿Cuál es su misión hasta esa fecha?
Consolidar un modelo de gestión en el Sodre, terminar los halls y el resto de las salas para que estén utilizándose al 100%, dejar una cultura de trabajo y organización ética con una mirada muy enfocada en el modelo de negocios. Una programación amplia, variada y de calidad, que haya un modelo económico equilibrado que cumpla con la meta de dejarle a los próximos y futuros gobiernos un instituto capaz de ser sostenido con alegría por el presupuesto nacional porque produce más valor del que cuesta al bolsillo del presupuesto público y que ese valor trascienda mucho más allá y que sea un valor sistémico, realmente útil a las generaciones venideras; que de oportunidades al talento nacional y que cuente con servicios excelentes en el 100% de sus actividades. Espero completar eso, consolidar esa mirada en este año y medio. Una vez que sea así, podré decir tarea cumplida.

En una empresa pública como lo es el Auditorio del Sodre, ¿Qué límites tiene para obrar en ella?
Nosotros tenemos la diferencia de que no hacemos cosas por dinero, sino por el arte, por la cultura. Tenemos la dimensión de hacer ópera, ballet, conciertos, grandes espectáculos de interés cultural y artístico. El límite esta dado por eso.

¿Siempre trabajó con productos intangibles como es la cultura?
Hacía guitarras, era luthier, pero hace mucho tiempo. Es una maravilla, porque materializas, juntas muchos pedacitos de madera y le das vida a un elemento con el que alguien después hace música. Desde 1988 hago esto, trabajo con cultura.

¿Se imagina trabajando en otro rubro que no sea la cultura?
No me imagino en otra cosa que no sea en la gestión de cultura. Tengo la fortuna de que siempre tuve claro este camino aunque no había nadie haciéndolo.

¿Se puede vivir del arte en Uruguay?
Sí. Es un mercado chico y no hay gente que pueda hacerse millonaria, porque no hay una industria del espectáculo muy desarrollada todavía. El gran cambio en el sector, es que empezamos a exportar cultura y que hay un cambio de mentalidad. Por ejemplo los muchachos de No te va a gustar. Ellos están mirando el mundo, no solamente el barrio y empiezan a tener una mirada de exportación de talento y cultura y no de ser emigrante. Las generaciones anteriores miraban el mundo para emigrar, para irse a ganar la vida en otro lado, o desarrollarse en otros mercados. Me parece que además, cuando vengan los chiquilines del Ceibal, la generación más joven, ahí el cambio de esa mirada se va a consolidar más, también debido al uso de la tecnología. Cada vez más se va a vivir del talento y del arte. Creo que es una apuesta que tenemos que hacer como sociedad.

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