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Habemus Aemiluis”, dijo el cura de la parroquia San Juan Bautista antes de iniciar ayer una misa muy especial. Cientos de personas habían colmado el local contiguo a la capilla de Pocitos, para homenajear a Gonzalo Aemilius, el joven cura uruguayo que fue noticia la semana pasada por el reconocimiento público que le dedicó el papa Francisco por su labor en el liceo Jubilar. “No sabes lo que pasé”, le dijo Aemilius a uno de los que hicieron una fila durante casi una hora para poder abrazarlo.

Todos querían tocar y besar al “amigo” del papa. Es que para Aemiluis, Francisco siempre fue Jorge, el cardenal argentino humilde y dedicado a los más pobres al que siempre miró como ejemplo.

Llantos, felicitaciones y abrazos. Muchos abrazos. El “padre Gonzalo”, como todos lo conocen en la comunidad católica, llegó ayer mismo de Roma (Italia), adonde viajó para poder estar cerca del Sumo Pontífice. Y lo logró de una forma insólita, relatada por la prensa de buena parte del mundo, que se interesó en la historia que tanto había destacado Francisco en una de sus primeras apariciones. “Jorge, soy Gonzalo, estoy acá”, le gritó Aemilius a Bergoglio del otro lado de la valla en el Vaticano. El recientemente elegido papa lo miró y no podía creer que su amigo uruguayo estaba ahí. Lo había llamado por teléfono, pero el joven cura que se destacó por su labor en el liceo católico privado (y gratuito) Jubilar, del barrio Casavalle, no le había respondido. “No atiendo llamadas de números desconocidos”, explicó.

Anoche, muchos de los que se acercaron a Pocitos a saludarlo le recordaron en broma esa anécdota. Él respondió que ahora ya tiene agendado el número de Bergoglio para no ignorar sus llamados.

Entre los abrazos que se sucedían y la gente que no paraba de llegar para poder tan siquiera verlo o tocarlo, Aemilius contó a periodistas que su experiencia en Roma fue impactante. “Capaz que ahora asombra cómo es Bergoglio, pero él sigue siendo el mismo de siempre. Actúa desde su corazón. Parece un modelo distinto de Iglesia, pero es la Iglesia que en realidad existe y muchas veces no se ve”, dijo.

Para Aemiluis, Bergoglio es el “modelo” de cura a seguir. Con el hoy papa se mantenía en permanente contacto, pero al verse en el Vaticano ante los ojos del mundo y al lado del sucesor de San Pedro, se sintió superado: “trágame tierra”, contó que pensaba en ese momento.

Aemilius entiende que la euforia de muchos uruguayos luego de su aparición con Francisco se debe a una “fé viva” que antes era difícil de demostrar en Uruguay. Ahora no se cree famoso, sino un afortunado de poder empujar esas “ganas en confiar”. “Me siento el burrito que cargaba de Jesús; Francisco ahora es una excusa para que los uruguayos nos reencontremos”, dijo el cura.

Buena parte de los que participaron de la misa ayer en Pocitos conocían de antes de Aemilius. Compartieron actividades de la iglesia, del barrio o por medio de amigos en común. Pero otros no. Hubo quienes se enteraron por las redes sociales que “el amigo del papa” estaba de regreso a Montevideo y lo querían abrazar. De los amigos, pero también de los desconocidos, el padre Gonzalo recibió apretones interminables con palabras al oído y alguna lágrima. Le agradecían, pero no sabían bien qué.

Para Aemilius la gente ahora le agradece poder ser un nexo que los saque de la “cultura del no se puede”, para poder empezar a “defender la vida”. Él, dijo, quiere seguir siendo un “pastor con olor a oveja”, y estar al lado de los más necesitados, como los jóvenes drogadictos.

Con la sonrisa que nunca pudo quitarse de la cara, miró a los que todavía, luego de una hora esperaban para saludarlo, y les pidió lo mismo que pidió Bergoglio la noche que se dirigió a los fieles en el Vaticano: “Recen por mí”.

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