La consulta planteada en Perspectivas, el espacio de opinión de lectores de El Observador en su página, puso sobre la mesa un debate para el presente deportivo de la selección nacional: tras dirigir sus primeros tres encuentros, ¿Diego Forlán debe seguir al frente de la Celeste?

El relevamiento reflejó un respaldo mayoritario: el 68% de los participantes se inclinó a favor de la continuidad del entrenador. En contrapartida, un 20% respondió de forma negativa y un 12% se mantuvo en una posición cautelosa, señalando que resulta prematuro emitir una conclusión definitiva debido al nivel dispar de los rivales enfrentados. A raíz de estos resultados, el editor de Referí, Luis Inzaurralde, analizó los argumentos deportivos, el impacto en la convivencia interna y las señales futbolísticas que dejó el estreno del ciclo.

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Goles, funcionamiento y el desbloqueo ofensivo

El estreno de Forlán en la gira por Asia tenía como primera urgencia desactivar una prolongada sequía ofensiva. En ese plano, el balance numérico resultó contundente: el equipo cerró la ventana con 11 goles a favor en tres presentaciones.

La propuesta devolvió volumen de ataque a partir de un libreto claro: laterales proyectados con vocación de extremos, mediocampistas que pisan el área rival para multiplicar opciones y una presión alta orientada a forzar el error contrario sin descompensar el bloque defensivo. Esa dinámica permitió rescatar a Darwin Núñez de su tramo más adverso con la camiseta celeste, cortando una racha de 27 meses sin convertir y devolviéndole peso en los metros finales.

La recomposición del clima interno

Más allá del funcionamiento táctico, el segundo examen de la gira radicaba en la pacificación del vestuario. "Cambió el aire", fue la apreciación más repetida por los lectores que participaron en la consulta, un diagnóstico que coincide con lo observado durante los 16 días de trabajo en territorio asiático.

La conducción técnica priorizó restablecer una relación cercana y armónica entre el cuerpo técnico y el plantel, apoyada en la ascendencia natural de un referente histórico del fútbol uruguayo. El retorno a un esquema de confianza, complicidad cotidiana y tranquilidad institucional operó como el principal amortiguador para descomprimir las tensiones previas y recomponer el sentido de pertenencia en la delegación.

El balance de resultados y la advertencia ante Japón

El tercer objetivo —la cosecha de resultados— dejó un balance intermedio. Si bien Uruguay sumó dos triunfos holgados, la caída frente a Japón encendió alertas sobre la respuesta del equipo ante rivales con mayor rigor táctico e intensidad física. Dos goles encajados sobre el cierre del partido empañaron el rendimiento general y dejaron un margen de duda sobre el manejo de las variantes y el repliegue defensivo en situaciones de máxima exigencia.

Ese tropiezo alimenta la cautela que expresó el 12% de los participantes, quienes advierten sobre el riesgo de sobrestimar producciones ante seleccionados de menor porte. No obstante, las certezas anímicas y la contundencia en ataque mostradas en este arranque ofrecen una base competitiva que abre el debate sobre la proyección del proceso hacia los desafíos del ciclo 2030.

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