A 27 años de su trágica desaparición, Diana, la mujer que utilizó la moda para rebelarse y enviar mensajes al mundo, se transformó en un ícono de moda que será recordada para siempre.
A 27 años de su trágica desaparición, Diana, la mujer que utilizó la moda para rebelarse y enviar mensajes al mundo, se transformó en un ícono de moda que será recordada para siempre.
Además de su gran estilo personal, su sensibilidad, rebeldía, humanidad y valentía, fue una princesa diferente. Un referente para todo amante de la moda.
Esta fascinación por Diana es universal. Todos nos enamoramos de ella y hoy está en un altar, incluso en el de la moda.
En 1981 todo el mundo puso los ojos en ella, la prometida del príncipe Carlos que ya se perfilaba como futura Reina de Inglaterra, aunque el destino tenía otros planes para ella.
Aunque al principio parecía no prestarle atención a su vestuario, tuvo que hacerlo obligada por las circunstancias. Tuvo que ampliar su armario, consciente del interés que despertaban sus apariciones públicas.
Si bien se sometió a las directrices de los expertos del protocolo real que pretendieron moldear su imagen, acató órdenes, pero una fuerza dentro de ella luchó por imponerse: la rebeldía.
El estilo durante esos años tuvo características que se repetían constantemente. Sombreros de señora mayor, vestidos babero, colores pastel, tonos suaves y zapatos planos.
Casi todo era horrible, pero Diana daba indicios de ser un diamante en bruto. En algunos eventos donde apostaba a vestir de negro, eran los momentos en que el cisne dejaba atrás al patito feo.
Gradualmente esta transformación traspasó los límites estéticos, y fue un paso que nadie pudo frenar.
Se vestía con colores no-color, y tenía una imagen de lo más aburrida y la gracia de una cala.
Pero el desamor, la presión y la rebeldía que tenía en su alma fue un cóctel explosivo que liberó a “la bestia” que tenía dentro.
Día a día, vestido a vestido, Diana pasó de la sosería a la sofisticación, supo ocultar lo que pensaba realmente y usó la moda para controlar lo que quería que pensaran los demás. Redefinió su estilo, liberando su personalidad.
Con la ayuda de Anna Hervey, editora adjunta de Vogue, amiga y confidente de la princesa, empoderaron el armario de la princesa.
Diana utilizó la moda como armadura contra el dolor y el sufrimiento e hizo lo que poca gente logra: que la moda estuviera a su servicio.
Apostó por los vestidos mini, muy ajustados, ya que tenía una silueta perfecta. Diseños con tirantes y strapless que resaltaban sus hombros, rebajando la intensidad de los tejidos para ser ella y no el vestido la protagonista.
En 1992 hay un punto de inflexión en su vida, y empieza a utilizar la ropa para llamar la atención, para comunicar, dejar señales y hacerse valer.
En el año de su separación con el príncipe Carlos, cambia su estilo de vestir, peinado, joyas y actitud.
Diana se interesó en el mundo de la moda después de su separación. Siendo Versace una de sus marcas favoritas, y considerada para aquellas mujeres que emprenden una vida nueva, dio un taconazo ante la opinión pública usando sus diseños.
En 1994 pega el mayor golpe de efecto de su vida con el llamado “vestido de la venganza”. Carlos, a punto de anunciar su adulterio, utiliza un vestido negro de Christina Stambolian, luciendo escote y piernas y una llamativa gargantilla de perlas con un zafiro, para asistir a la fiesta de la revista Vanity Fair.
Al día siguiente los medios recogen las palabras de Carlos, pero la foto se la lleva ella, es su venganza, esa que se sirve en plato frío.
En 1996 va más allá y se presenta en la gala del Met enfundada en un vestido de Christian Dior, luciendo el primer vestido diseñado por el recién contratado John Galliano, haciendo tambalear los cimientos de Buckingham.
Durante años, la princesa del pueblo compaginó fiesta del jet set con obras de caridad, pero fue Mario Testino quien la inmortalizó como ícono de estilo en 1997, haciendo la foto de tapa para Vanity Fair.
Esa fotografía es un capítulo en la historia, no solo en la moda, sino como parte de la herencia y legado que Lady Di nos dejó como ícono de belleza.
Es la foto que engloba el tiempo que fue amable con ella y la tragedia.
Es la foto que muestra al cisne que ya no tiene nada de patito feo. Era la Diana que se veía cuando se miraba al espejo. Era la Reina de Corazones.