La falta de un mercado de capitales líquido no es un detalle menor para un país que aspira a desarrollarse; es un freno al crecimiento económico. La desintermediación bancaria, a través del mercado de capitales, permite que quien busca financiamiento y quien tiene el capital se encuentren directamente sin el uso de un banco, reduciendo significativamente el costo de capital para el acreedor y aumentando el retorno para el inversor, al eliminar el margen de intermediación bancaria y fomentar la competencia.
Un mercado de capitales robusto permite el financiamiento en moneda local. En los mercados emergentes, las crisis suelen estar ligadas al descalce de monedas: empresas o gobiernos que facturan o recaudan en moneda local, pero deben pagar deuda en dólares. Un mercado doméstico profundo actúa como un seguro ante shocks del tipo de cambio, blindando el acceso al crédito en momentos de crisis.
Es importante entender que los mercados de capitales compiten globalmente. Estados Unidos concentra y atrae el 65% de la capitalización bursátil mundial, no solo por su tamaño, sino por la percepción de que allí se obtienen valuaciones más altas al momento de hacer un IPO. Para que Uruguay sea una alternativa viable para los emisores locales o de la región, debe ser una plaza atractiva con beneficios concretos para alguien que quiere financiar una compañía o proyecto, o quiere invertir en ellos. Esto último fue lo que entendió perfectamente Brasil a principio del siglo XXI y logró repatriar casi el 40% del volumen en acciones brasileñas desde Estados Unidos.
Los participantes, el gobierno y el regulador, deben entender que el dominio histórico del banco comercial sobre el financiamiento de la economía que se observa en Uruguay no es único, es una característica típica de un mercado emergente que aún no se desarrolló. Lamentablemente, existe un conflicto de interés intrínseco: los bancos no tienen incentivos, ni en Uruguay ni en el resto del mundo, para promover un mercado que los obliga a "socializar" a sus clientes con casas de bolsa u otros competidores que rivalicen con su banca comercial. Por ello, el desarrollo del mercado requiere una voluntad política proactiva que no dependa del sistema bancario tradicional.
Para lograr este ansiado desarrollo hacen falta gran cantidad reformas estructurales y de infraestructura implementadas simultáneamente, dado que cada una de ellas por separado tiene solo un efecto marginal. Aquí mencionamos algunas de ellas.
Uruguay debe modernizar su andamiaje institucional y optimizar el uso del capital escaso.
El mercado de capitales no puede ser un "departamento" secundario del regulador bancario (BCU). Requiere una entidad con enfoque exclusivo, que entienda la dinámica de riesgo y liquidez de los valores, y que no quede relegada ante las prioridades de la banca tradicional.
Integración de Infraestructura: es ineficiente mantener la depositaria en el Banco Central de forma aislada. Integrar la depositaria con la Bolsa de Valores y el resto de la infraestructura de mercado permitiría economías de escala en la compra de tecnología, un desarrollo de productos más ágil y coordinado y bajar los costos operativos de los participantes.
También, inspirándose en el Novo Mercado de Brasil, Uruguay debe crear paneles de listado con altos estándares de gobierno corporativo que garanticen la protección de los inversores minoritarios, avalando transparencia y gobernanza.
El mercado no va a desarrollarse por generación espontánea; necesita catalizadores de oferta y demanda: siguiendo el ejemplo de EE.UU. a principios del siglo XX, el gobierno debe implementar reducciones impositivas agresivas para las empresas extranjeras que establezcan sus headquarters o consoliden su contabilidad en Uruguay, o empresas locales que decidan listarse localmente. Asimismo, debe haber incentivos fiscales para que los uruguayos inviertan en productos listados en bolsas domésticas, así como hizo Argentina a partir del 2017 y logró que el volumen aumente más de 10 veces en menos de 10 años.
Debe ser el Estado el primer interesado en desarrollar el mercado de capitales para poder financiar una mayor parte de sus necesidades en moneda local. Es por ello que debe liderar con el ejemplo. Listando un porcentaje de empresas públicas (monopolios u otras entidades) no solo ayuda a desarrollar el mercado de capitales local y canalizar el ahorro, sino que le permite que sus ciudadanos suscriban, sean dueños y beneficiarios del éxito de las empresas nacional. Esto aumenta grado de fiscalización de las empresas públicas al ahora tener un mayor número de interesados (accionistas) en controlar la transparencia y la administración de estas. Colombia, cuando privatizo Teléfonos de Bogotá, demostró que se podía democratizar el mercado de capitales, permitiendo que los ciudadanos suscriban acciones en lugares de consumo masivo (supermercados) y romper la barrera de entrada al sistema financiero.
Uruguay debe explotar su posición como un oasis de estabilidad jurídica en una región caótica. Al igual que Singapur en Asia, donde se operan productos de países de la región que no brindaban un marco atractivo para los inversores extranjeros. Uruguay tiene esa misma oportunidad de operar y custodiar productos de países vecinos que no ofrecen seguridad jurídica ni estabilidad. Al proveer el marco económico y jurídico que los inversores internacionales exigen, el país puede captar el flujo de capital que hoy huye de la inestabilidad regional.
En definitiva, la discusión sobre el mercado de capitales debe ser central en la agenda de gobierno. Bajar el costo de capital no es un beneficio para el sector financiero, sino una condición necesaria para la competitividad del sector real. Es el momento de que Uruguay capitalice su estabilidad y la convierta en una plataforma de financiamiento moderna, diversificada y profunda.