La imagen de Yamandú Orsi sobre la cubierta del portaaviones estadounidense USS Nimitz, luciendo lentes de aviador y con los pulgares hacia arriba, es nada más, y nada menos, que una postal nítida de una transición política profunda que va más allá de las imágenes, que se trasunta en los hechos y que revela una izquierda que, de la mano del MPP, terminó de cambiar de manera definitiva.
La visita de Orsi al portaaviones el pasado 2 de mayo, acompañado por el embajador de EEUU, Louis Rinaldi, no fue un desliz estético. Orsi estuvo allí para mandarle un mensaje de buenos amigos a la administración de Donald Trump y no le importó los previsibles ataques de ira de los sectores más ortodoxos del Frente Amplio.
“Soy presidente de Uruguay y no hago política exterior representando a una fuerza política”, dijo el mandatario pasando de aquellos que consideraron equivocada la jugada.
Es cierto que, a las previsibles críticas de los partidos Comunista y Socialista, se sumó incluso el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira quien reconoció que no le agradó el gesto. Pero lo hizo como quien debe enviar un mensaje para agradar a la barra más que como quien lo considera un asunto relevante.
“Conversar con el gobierno de Estados Unidos es una necesidad para cualquier país de América Latina. Luego, esto que puede ser visto como una cuestión simbólica es lo que ha generado cierto rechazo y hay que poderlo gestionar dentro de una fuerza política que tiene la madurez de gobernar, pero no quiere decir que a los frenteamplistas les haya gustado la imagen (…)”, matizó el presidente de esta fuerza política cuyos militantes durante décadas pintaron en los muros su repugnancia por el “imperialismo yanqui”.
Pero, como decíamos, el episodio del portaviones es una imagen. Poderosa, sí. Pero los hechos que configuran el cambio de los tiempos para la izquierda están enclavados particularmente en los lineamientos del Ministerio de Economía.
Desde allí, Gabriel Oddone se ha encargado de decir que no a casi toda aquella propuesta que se emparente tradicionalmente con lo que la izquierda frenteamplista ha predicado. No a la propuesta del impuesto del 1% a los sectores más ricos, no a reformar el IRAE o el IRPF, no a personalizar el IVA para que los que ganan menos paguen una tasa menor. Está por verse qué pasa con la propuesta de que el dinero de las AFAPs sea administrado por el Estado. Asimismo, en ciertas condiciones, se habilitará a que la gente pueda volver a jubilarse a los 60 años, como sucedía antes de la reforma del gobierno de Luis Lacalle Pou. Hasta ahora, las únicas resignaciones concedidas al PIT-CNT y sus aliados.
Se dirá que Oddone es un hombre de paso. Puede ser. Pero se mueve en la frecuencia moderada que desde hace años imprimió Danilo Astori desde la conducción económica. Y aunque el sector del fallecido exministro y ex vicepresidente es ahora minoría en el Frente Amplio, el MPP ha resuelto adoptar su legado.
Se podrá argumentar que también la mayoría del MPP es circunstancial, aunque no la ha perdido desde las elecciones de 2004, y que otros vendrán para escorar el barco hacia la zurda. Pero si la maquinaria política creada por José Mujica pierde la conducción del Frente, ¿quién agarra esa manija?
El Partido Comunista tendrá su peso en las bases de la izquierda pero la posibilidad de que pegue un estirón electoral es improbable. El Partido Socialista exhibe una presencia del todo disminuida. Carolina Cosse, quien enfrentó a Orsi en los pasados comicios internos, languidece en la presidencia del Senado.
Si bien existen gestos hacia los sectores más ortodoxos o tradicionales del Frente Amplio, estos son mínimos y simbólicos. Visitas amistosas a representantes del régimen cubano, reuniones con referentes de gobiernos de izquierda… y poco más.
Más allá de algún ruido mediático, la izquierda ortodoxa ha aceptado un rol secundario. Y no parece tener más remedio que resignarse. Porque, ¿cuál es la otra opción? ¿iniciar un fuego amigo intenso en el que finalmente pierden todos?, ¿acorralar con críticas pesadas a Oddone para ver si renuncia o si Orsi tiene que removerlo?, ¿para poner a quién?
Ya está avanzado el segundo año de gobierno de Orsi y, con las prioridades ya establecidas, es muy difícil esperar cambios en el guion de gobierno. Y eso pese a que la última encuesta de la empresa Equipos muestra que la popularidad de Orsi se desplomó de un saldo negativo de 7% a un 21%, y que el mayor desencanto llega desde votantes de la izquierda. El boleto hacia el centro, parece, no sale gratis.
El MPP y su circunstancia
En abril pasado, la dirección del MPP emitió un comunicado en el que advierte que “se ha intentado instalar un relato” que acusa al sector de haberse “moderado” y de “subordinar la lucha ideológica a la estrategia electoral”.
Pero, luego de esa advertencia, defiende la creación de un “Nuevo Encuentro” para congregar a quienes “aún hoy no pueden acercarse al Frente Amplio”. ¿Y quiénes son esos que “aún hoy no pueden acercarse al Frente Amplio” que no sean, -como se logró con la creación del Encuentro Progresista- integrantes de los partido Nacional y Colorado? ¿O acaso se plantea seducir a la izquierda radical extrafrentista? En definitiva, más agua al vino.
“No hemos cambiado nuestro planteo político, lo que ha cambiado es el escenario social, económico y cultural en el que actuamos”, dice el MPP. Precisamente, “soy yo y mi circunstancia”, decía José Ortega y Gasset, y esa circunstancia es la que, por más que no se quiera, condiciona cualquier planteo político.
Aunque lo nieguen, los hechos hablan de un sector que ha sabido reinventarse para ocupar el centro del tablero político.
El MPP, este sector que cuando estaban vivas sus raíces tupamaras acompañaba a Fidel Castro en aquello de “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”, hoy parece transmitir que dentro de la democracia, del respeto a las principales reglas del mercado y de los equilibrios fiscales, todo; fuera de eso, nada. Y si para demostrarlo hay que posar con los pulgares levantados en un portaaviones de guerra norteamericano, se posará, cómo no. Y con una sonrisa.
