16 de mayo 2024
16 de abril 2024 - 17:54hs

Hace un tiempo tomé una decisión importante en cuanto a mis consumos culturales: noté mi tendencia a quedarme en casa y de armarme ciclos de cine para ser consumidos en soledad y rodeado del bullicio de la vida cotidiana, y decidí profundizarla. Para ello me nutro de todo tipo de fuentes, tanto de las plataformas habituales como de otras procedencias. Estoy viendo cosas tan inusuales que me pareció una buena idea ir compartiendo con ustedes algunas de esas películas.

Marihuana (Dwain Esper, 1936)

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Es realmente divertida esta exploitation sobre los efectos de la marihuana. Está contada como un melodrama en donde no faltan conflictos familiares tremendos, muertes por consumo, asesinatos de la mafia de las drogas, el drama de una madre que se prostituye y luego se convierte en la reina de la distribución de marihuana, el reencuentro con la hija a la que abandonó, etc. Es un despelote de cosas que pasan en menos de una hora. Copio y pego el argumento según Wikipedia; está escrito con los pies pero genera una comicidad bizarra que hace juego con la película:

Burma es una joven confundida a la que le gusta la fiesta. Un día, conoce a unos extraños en un bar, quienes la invitan a ella y a sus amigas a una fiesta. Ella asiste con su grupo y si bien todos beben alcohol, sólo ellas fuman marihuana sin saberlo y ríen. Sus amigas continúan con esta actividad mientras que Burma hace el amor con su novio en la playa, lo que hace que se embarace. Una de las chicas se desmaya y sus amigas deciden mantener los detalles del evento en secreto. Cuando Burma se entera de que está embarazada presiona a su novio para casarse con él. Él dice que todo saldrá bien y se dirige a los extraños para pedirles trabajo con el fin de mantener a su nueva familia. Uno de los desconocidos le manda descargar drogas traídas de contrabando desde cierto barco en el puerto. La policía encuentra dicha nave, persigue a los traficantes y mata de un tiro al novio de Burma. Una vez que ella se entera de todo esto huye de su casa, da a su hijo en adopción y se convierte en una narcotraficante, además de consumir drogas duras como la heroína. Hacia el final de la película, Burma idea un plan para secuestrar y liberar al hijo adoptivo de su hermana por cincuenta dólares, pero luego descubre que es su propio hijo.

 

El director, Dwain Esper, es considerado el padre de la exploitation, con la habilidad de meter desnudos femeninos sea cual sea el tema que trate. Su película más conocida es Maniac, de 1934. Otros grandes títulos son Sex Madness (1938), Narcotic (1933) y el cortometraje Cómo desnudarse delante del esposo (How to Undress in Front of Your Husband, 1937).

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Se consigue una copia muy buena buscando con herramientas. Descubro que el Malba va a dar esta película el próximo jueves. Puede ser una gran salida, si ustedes son de aquellos que salen de sus hogares para ver cine.

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Electra Glide in Blue (James William Guercio, 1973)

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La vi porque alguien me dijo que alguien le había dicho que era una de las películas favoritas de Fabián Bielinsky. Jamás había escuchado hablar de ella y la verdad es que, siendo despareja y un tanto fallida, es una curiosidad filmada de una manera tan audaz y original que vale la pena buscar. Su audacia temática reside en ser la contracara antihippie de Busco mi destino (Easy Rider, 1969), incluso con un final que es absolutamente especular al de aquella legendaria película de Dennis Hopper.

El protagonista es el oficial John Wintergreen, interpretado por Robert Blake, un policía motorizado cuyo sueño es ser ascendido a detective y cuya seña particular más notoria es medir medio metro menos que sus colegas. El director, John William Guercio, no filmó ninguna otra película, salvo algunos documentales del grupo pop Chicago (cuyo nombre original, curiosamente, era “Autoridades de Tránsito de Chicago”). Guercio era el manager del grupo y muchos de los miembros de la banda forman parte del elenco, incluyendo al más famoso, el cantante Peter Cetera, que luego tuvo una carrera solista y que en la película interpreta a un hippie decadente.

Según Wikipedia, Guercio quería desesperadamente tener como fotógrafo a Conrad Hall, un celebrado DF que venía de ganar un Oscar por Butch Cassidy and the Sundance Kid. Para lograrlo, el director aceptó tener un salario de 1 (un) dólar. Luego, discutiendo sobre la estética de la película, Guercio llegó a un acuerdo con Hall. Los interiores serían filmados de acuerdo con el criterio del director de fotografía (encuadres inusuales desde ángulos poco comunes, claustrofóbicos y enigmáticos) y los exteriores al gusto del director (el Monument Valley al estilo Ford, abierto y épico). Las actuaciones cubren un rango muy amplio, incluyendo un par de psicodramas poco convincentes. En cualquier caso, una película única en más de un sentido.

 

Jodorowsky’s Dune (Frank Pavich, 2013)

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Quedé entusiasmado luego de ver las dos películas de Denis Villeneuve sobre Duna, la famosa novela de Frank Herbert ambientada en 10.191 y que cuenta las disputas interplanetarias para dominar la producción de la Especie, una substancia casi mágica, y la llegada de un Mesías para el pueblo Fremen. Entre el material que encontré después de verla aparece en un lugar muy importante este documental que narra la historia de la obsesión del director de culto Alejandro Jodorowsky en la década del 70 por hacer su superproducción de Duna y el consecuente fracaso.

¿Quién era Alejandro Jodorowsky? Un personaje inclasificable, artista místico, charlatán y genial, autor de dos películas extrañas y desafiantes de culto, como El Topo (1970) y La montaña sagrada (1973). Luego de estas dos obras excéntricas, Jodorowsky se embarcó en el gran proyecto de su vida, filmar la saga arenosa de Frank Herbert. Para asomarse a lo que fue (sigue siendo, todavía vive a los 92 años) este chileno loco, nos asomamos a parte de la excelente entrada de Wikipedia:

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Jodorowsky’s Dune cuenta la historia de ese intento de producir Duna con el extraordinario protagonismo del propio Jodorowsky, un tipo simpatiquísimo que ciertamente da la sensación de que podría entusiasmar con un proyecto disparatado a gente de la más diversa ralea. Aparecen en el relato Orson Welles, Pink Floyd, David Carradine, Salvador Dalí, Amanda Lear, Dino De Laurentis y algunas glorias del género fantástico como el ilustrador H. R. Giger y los especialistas en efectos especiales Dan O’Bannon y Douglas Trumbull, entre muchos otros.

Aunque llegó bastante lejos, el proyecto terminó sin conseguir el suficiente dinero y el productor De Laurentis finalmente lo terminó haciendo con David Lynch, otra estrella de culto que en la década del 80 comenzaba su reinado pop bizarro. Cuenta Jodorowsky, con gracia y sin demasiado resentimiento, que fue a ver la versión de Lynch de Duna –que utilizaba buena parte de su tratamiento estético– y que, al cabo de unos minutos, comprendiendo de que se trataba de un mamarracho de dimensiones cósmicas, tuvo una mezcla de alivio y euforia.

(Ahora estoy reviendo la película de Lynch, que vi en su momento y no había entendido ni una escena y no puedo creer que semejante cosa alguna vez se haya filmado).

Nada permite aventurar que una versión de Jodorowsky podría haber tenido un encanto que no se pareciera a la fascinación bizarra que nos provoca la de David Lynch. Lo cierto es que así es como se escribió la historia: la de Lynch es uno de los más famosos pasos en falso de la historia del cine y la versión del chileno loco, en su potencialidad, mantiene la ilusión mágica de lo que no fue. En todo caso, nos generó este simpático documental, lleno de vida, proyectos grandiosos y melancolía.

 

 

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