La expectativa sobre la situación económica, que casi siempre, durante los últimos años, fue muy pesimista y superior a la “favorable”, a partir de la asunción del nuevo gobierno creció muy fuerte. Y si las elecciones legislativas del año que viene fueran hoy, la fuerza encabezada por Milei obtendría el 52 por ciento de los votos. Al mismo tiempo, todo el peronismo unido, con Cristina Kirchner, Sergio Massa, Axel Kicillof incluidos, apenas sacarían el 38 por ciento de los votos.
Milei, además, está exultante porque la macroeconomía le sigue dando buenas noticias. Lo acaba de explicar, él mismo, con una calculadora en la mano, en una nota que le concedió a Nacho Ortelli en Radio Rivadavia. La inflación mayorista pasó del 54% en diciembre al 5%, según la última medición. La minorista del 25 al 11 por ciento en marzo, y todo indica que la de abril quizá baje hasta un dígito. La inflación núcleo estaría bajando hasta el 5 por ciento y se registró deflación en algunos alimentos de la canasta básica.
Y, como si esto fuera poco, detrás de las cifras hay un presidente-comunicador híper optimista que, montado en los datos de la macro, “vende” que la recesión se está yendo, que estamos recorriendo el tránsito de la V corta, y que, por este camino virtuoso, los salarios le estarían empezando a ganar a la inflación, aunque en la calle todavía no se note.
Pero Milei no se detiene ahí. Porque sin repetir y sin soplar saca de la galera una idea novedosa, todavía no verificable, como la que sostiene que el recorte del gasto del 13 por ciento está yendo, casi de forma instantánea, a alimentar los negocios del sector privado. Sin embargo, lo que mejor le hace a Milei, además de las buenas noticias que difunde, es sin dudas, la irrupción de Cristina Kirchner con un discurso berreta, poco articulado y sin la más mínima autocrítica. Pasando por alto, por ejemplo, que fue condenada a seis meses de prisión por haber participado, junto a Lázaro Báez, y José Francisco López, del choreo de la obra pública que tanto glorifica. Como bien anticipó ella misma, al anunciar que se bajaba de cualquier candidatura en las elecciones del año pasado.
Situación judicial que disparó reacciones como las de Eduardo Feinman, quien se preguntó, desde su cuenta de X, por qué, si Cristina ya no tiene fueros, ningún fiscal o ningún juez se deciden a detenerla, ahora mismo. También lo ayuda Cristina a Milei ninguneando el equilibrio fiscal que tanto cuidó Néstor Kirchner, la principal razón por la que terminó su mandato con un 70% de imagen positiva. O desafiando al presidente diciendo, que lo que logró no fue volver al superávit fiscal, sino dejar sin pagar las cuentas que son urgentes.
Porque le deja a Milei la pelota picando para hacer un gol de media cancha. Le permite responderle con un tuit que no le habrá llevado redactar más de cinco minutos.
Y le deja el campo libre para explicar, por un lado, que a las productoras de energía les va a pagar con bonos a partir de junio; que a los gobernadores no les hará más transferencias discrecionales, y que a la obra pública, tal como la conocimos antes de su asunción, el Estado no la bancará más. Porque sería deslegitimar, en sus palabras, a las denuncias de Los Cuadernos de la Corrupción.
Pero la que trabaja para Milei no es solo Cristina. También lo hacen, cuando se cuelgan de la marcha para defender la universidad pública, dirigentes deslegitimados como Luis D'Elía, Pablo Moyano, Sergio Massa y Malena Galmarini.·E incluso otros como Axel Kicillof, quien ahora mismo aparece enfrascado en una formidable interna contra Máximo Kirchner. Y eso se nota. Se sabe. Aunque periodistas militantes, como Julia Mengolini, pide a los gritos que la gente no se entere.
Esto no significa que el gobierno está haciendo todo bien, ni que las cosas les están saliendo perfectas. Por ejemplo, ahora se sabe que la multitudinaria marcha del martes pasado, fue producto, entre otras cosas, de un “mal entendido” entre Santiago Caputo y la ministra Sandra Pettovello. Parece que Caputo negociaba con Emiliano Yacobitti algunos puntos de la Ley Bases pero olvidó -o no previó, o no puso sobre la mesa- la posibilidad de pedirle que levanten la movilización a cambio de ciertas concesiones. El reemplazo de Alejandro Álvarez por el secretario de Educación Carlos Torrendell para negociar con los rectores del Consejo de Universidades Públicas, les permitió salir por arriba. Y Milei, hoy mismo, aprovechó dar su visión de por qué atacan tanto a la ministra Pettovello.
El Gobierno no puede cantar victoria para festejar la media sanción de la Ley de Bases y el capítulo fiscal. Para empezar, todavía no se sabe como van a quedar ninguna de las dos. Y para seguir, no es un secreto para nadie que Milei tuvo que ceder a la fuerte presión de la mayoría de los gobernadores, los dos bloques de la UCR, el bloque que preside Miguel Angel Pichetto, pero también la CGT, los lobbies cruzados de diferentes sectores de la economía. ¿Cuáles lobbies? Por ejemplo: los del tabaco, las pesqueras, las ensambladoras de Tierra del Fuego; los casinos y las apuestas on line y de sindicalistas como Sergio Palazzo, quien se opone a la privatización del Banco Nación.
O de otros impresentables como Hugo y Pablo Moyano, quienes lograron, por ahora, mantener el curro de la cuota solidaria que usan para cubrir el pufo de por lo menos 20 millones de dólares que se fumaron debido al oscuro manejo de la obra social que administra una gerenciadora cuya dueña es Liliana Zulet, esposa del secretario general y madre de su hijo Jerónimo. Y eso, más allá de las bravuconadas de “El Salvaje”.
Tampoco tendrían asegurado los votos de los dos tercios del Senado para confirmar la designación de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla a la Corte Suprema de Justicia. La novedad, en este caso, es el fuerte respaldo del presidente al juez federal de Comodoro Py, al recordar que fue Lijo quien condenó al ex vicepresidente Amado Boudou por tratar de robarse la maquina de fabricar billetes. Periodistas como Jorge Liotti acaban de detectar, en el presidente, un giro pragmático.
Milei insiste con la idea de que antes que liberal libertario, o anarco capitalista, se siente “bilardista”. Y, por supuesto, hiper optimista. Porque ni siquiera el ministro de economía Luis Caputo se atrevió a anticipar que la economía, mas temprano que tarde, va a terminar creciendo “como pedo de buzo”.