18 de julio 2025 - 20:38hs

Tras más de tres décadas en Nueva York, Alberto Ades ha encontrado el equilibrio perfecto entre cercanía y perspectiva para observar tanto la Argentina de Milei como los Estados Unidos de Trump. Desde el epicentro financiero mundial, este abogado de la UBA convertido en doctor en Economía por Harvard construyó una sólida trayectoria que lo llevó de grandes bancos como Goldman Sachs, Citi y Bank of America hasta su actual rol como Director de NWI Management LP.

Su compromiso con la divulgación económica trasciende las redes sociales, donde cada día sus muchos seguidores se informan con sus análisis de mercado en videos posteados en su cuenta de X. Al mismo tiempo, Ades acaba de materializar sus años de estudios y experiencia en Economía Conversada, una ambiciosa obra de tres volúmenes que abarca Microeconomía, Macroeconomía y Economía Internacional. La colección busca tender puentes entre la academia y la práctica, dirigiéndose tanto a novatos como a profesionales de mercados y hacedores de política que necesiten refrescar conceptos fundamentales con claridad y rigor.

En esta conversación con El Observador, Ades reflexiona sobre el desafío que implicó la escritura de estos tres tomos tan particulares, analiza la marcha de la economía conducida por Javier Milei y Luis Caputo y analiza la política y la economía internacional con Donald Trumpo en la Casa Blanca y los muchos conflictos geopolíticos en marcha.

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—Estudiaste Derecho en la UBA, te doctoraste en Economía en Harvard y vivís y trabajás en Nueva York desde hace más de 30 años. ¿Por qué decidiste publicar ahora tres tomos de una introducción a la economía?

—Es un proyecto que me venía dando vueltas desde hace años. Siempre tuve la impresión de que a los argentinos nos pica el bichito de la economía porque nos ha ido mal. Eso hace que uno quiera entender por qué, por eso todo el mundo se siente medio economista. Pero al mismo tiempo siempre percibí que las matemáticas eran un obstáculo. La gente te decía: "Yo quiero aprender economía". Bueno, acá tenés este manual. Lo abre y te dice: "No, no puedo con la matemática, la última vez que hice matemáticas fue en la secundaria".

Entonces sentí que tendría que haber alguna forma de explicar la economía sin todo el aparataje matemático. Segundo, el hecho de que a todos nos interese la economía hace que todo el mundo se sienta autorizado a hablar sin entender nada. A vos y a mí no se nos ocurriría hablar de oncología o física cuántica, pero en economía la gente —desde gente de la calle a periodistas y políticos— dicen "obvio que lo que hay que hacer es esto". Vos podés escuchar a funcionarios importantes, incluso presidentes opinando de economía, y no tienen ni idea de lo que están diciendo. Entonces pensé que tendría que existir un libro que no les diera excusa. ¿Querés aprender economía? Bueno, acá tenés.

Y llegó a convertirse en una obra en tres tomos empezando con uno solo. Cuando lo hice circular entre amigos y colegas, muchos me dijeron: "Falta esto, falta lo otro". Terminé en Word con 900 páginas. Cuando se lo doy a la editora me dice: "Esto ni a palos es un tomo, menos si vos querés que la gente lo lea tirado en la cama. Te va a hacer un libro de más de mil páginas. ¿Quién se lo va a apoyar en la panza? Lo tienen que romper en tres, aparte no te lo va a comprar nadie porque va a ser carísimo". Por eso terminó en tres tomos: uno de micro, uno de macro y uno de economía internacional.

— Pero estos tomos tienen una organización muy particular, no es un clásico manual sino que tiene forma de diálogos y entrevistas figuradas.

—El formato que siempre tenía en mente era el diálogo socrático: preguntas, respuestas, el alumno a veces se equivoca, el profesor lo corrige. Yo quería hacerlo sin matemáticas, pero me pareció que hacer un bodoque para cada tema iba a ser pesado. Me pareció que hacerlo en formato diálogo podía ser lo más entretenido y liviano.

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Y me di cuenta que para algunos temas tenía sentido agregar entrevistas simuladas, porque podía ser más divertido incluir al economista que había desarrollado el tema. Como la equivalencia ricardiana: el que lo desarrolló fue Robert Barro, entonces me pareció interesante incluirlo a Barro. O en crisis cambiarias, donde han trabajado Krugman, Rogoff, Guillermo Calvo. O cuando se habla de la convertibilidad: "Voy a hacer una entrevista simulada a Cavallo". Como lo conozco le dije: "Mirá, tengo una entrevista simulada, ¿la querés mirar?". La miró y me hizo un montón de cambios.

Hay algunas totalmente simuladas, de la gente que conozco en general le di la oportunidad de leerlas y corregirlas. Algunas son entrevistas, otros paneles, algunos debates, siempre con la idea de hacerlo didáctico y entretenido.

—En Argentina, tomando apenas los últimos 50 años, hemos tenido grandes crisis cíclicas, eventos traumáticos, hiperinflaciones, megadevaluaciones, confiscaciones. Más allá de lo estructural, las políticas de los gobiernos y las respuestas de los grandes actores económicos, ¿puede que este desconocimiento de la ciencia económica en general haya influido en todos esos sucesos, siquiera a nivel microeconómico?

—Es una muy buena pregunta y difícil de responder. Claramente hay temas macro que influyeron: una economía cerrada al comercio, con una población muy concentrada en el AMBA, con un sector primario importante. Tiene características muy peculiares que pueden haber resultado en el régimen económico fallido que tuvimos y es toda una discusión de historia económica.

Al margen de eso, uno tiene la impresión cuando escucha a muchos políticos de que no entienden cosas muy elementales, empezando por la restricción presupuestaria. Como si no la pudieran vivir ellos mismos en sus casas, en sus consorcios, alguien en el edificio dice "hay que renovar todos los ascensores", ninguno le pregunta "¿y quién lo paga esto?". No, pero a nivel país uno dice "hay que indemnizar a todos los que no sé qué". Pero ¿y quién lo paga eso? Bueno, el Estado. Pero ¿y el Estado quién es? Somos nosotros, es lo mismo que el consorcio.

Uno tiene la impresión cuando escucha a muchos políticos de que no entienden cosas muy elementales, empezando por la restricción presupuestaria. Uno tiene la impresión cuando escucha a muchos políticos de que no entienden cosas muy elementales, empezando por la restricción presupuestaria.

Entonces no te queda claro si son brutos o se hacen. Pero en muchos otros países, aún gobernados por regímenes de centroizquierda, vos ves que ese tipo de cosas las entienden. No hay un "que lo pague Macri, o el Estado, o los ricos". La gente entiende aún en México, con AMLO, que fue muy prudente fiscalmente o el PT en Brasil o el Frente Amplio en Uruguay, esas cosas básicas de la macro: la importancia de tener un banco central independiente enfocado en la inflación, que no financie al gobierno. Esas cosas básicas las entienden, entonces ¿es un tema de educación o de "no me importa"? La verdad, no lo sé, tal vez es un tema de educación. Yo creo que la economía tendría que ser una materia obligatoria en la secundaria. No entiendo por qué la geografía es obligatoria y no la economía.

—Yendo a la actualidad económica en Argentina, ¿cómo ves el panorama actual? Argentina no parece poder abandonar cierto nivel de histeria y ansiedad. Hasta hace poco el problema parecía ser atraso cambiario, ahora de golpe pareciera haber miedo por el dólar. ¿Cuánto hay de problema real y cuánto hay de histeria?

—Histeria y ansiedad siempre hay, sobre todo tres meses antes de las elecciones, siempre tenés esa dolarización de portafolios. Diría que hay un poco menos de liquidez ahora para dolarizarse, mucha gente con la que hablo dice que faltan pesos, no hay realmente, no me sobran los pesos como para salir a comprar dólares, entonces algo de histeria hay.

Es claro que el tipo de cambio siempre en los planes de estabilización, de desinflación, el tipo de cambio real se aprecia, eso pasa sea que se use el tipo de cambio como ancla, sea que se use la cantidad de dinero, sea que se use la tasa de interés. La gente dice "no, lo que pasa que ahora se apreció porque usaron el tipo de cambio, eso fue un error". Bueno, cuando Sturzenegger estuvo en el BCRA con Macri también se apreció el dólar y él no usó el tipo de cambio, él usaba la tasa de interés con inflation targeting, y de todas maneras el tipo de cambio se apreció un montón. En 2017 la economía estaba cara, el dólar estaba barato en Argentina, el déficit de cuenta corriente era entre 5 y 6% del producto, peor que ahora. O sea, siempre se aprecia el tipo de cambio, pasaste de un superávit de cuenta corriente a un déficit de cuenta corriente y eso hizo que mucha gente entrara en pánico y la realidad es que eso pasa en casi todos los planes de estabilización.

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Vos salís de estas situaciones de dos maneras: podés salir de manera traumática, donde el tipo de cambio después de apreciarse en términos reales pega un salto, o salís con una inflación muy baja que es lo que pasó durante la Convertibilidad. En los '90 hubo un tipo de cambio fijo, la inflación se desplomó, eventualmente la inflación cayó por debajo de la inflación internacional y cuando pasa eso el tipo de cambio en términos reales se deprecia, o sea, ganás competitividad.

¿Qué es lo que le podría pasar a la Argentina? Ahora el tipo de cambio nominal se depreció y probablemente el pass-through sea muy limitado, porque tenés una política fiscal bastante restrictiva y una política monetaria bastante restrictiva también.

Me parece que las perspectivas de mediano plazo son muy positivas, porque tenés sectores que van a generar muchas divisas en el futuro. La energía, que ya lo estás viendo, la minería, el agro tiene muchísimo potencial, y otros sectores también. La gran pregunta es si podemos llegar al mediano plazo sin tener turbulencias. Y yo creo que, por ahora, con la depreciación de más del 20% en el último mes y pico sin un salto inflacionario, yo sigo cautelosamente optimista.

—El ancla fiscal, el superávit que el gobierno logró tan rápido, fue un logro que le permite al Gobierno ahora manejarse con cierto margen. ¿Qué creés que le falta y qué podría llegar a conseguir Milei de acá a 2027?

—Hay un acuerdo bastante generalizado en cuanto a tres reformas básicas. La primera es la reforma tributaria: algo así como el 90% de la recaudación son seis impuestos, entonces hay un montón de impuestos para eliminar, por ahí tenés que hacer algunos pequeños ajustes en los otros para no perder la recaudación, pero esa es una reforma que tenés que hacer, es algo que te está pidiendo el sector privado, te lo piden las pymes, te dicen que es un despelote, es imposible, pierden un montón de tiempo pagando impuestos que no recaudan nada.

La segunda es la reforma laboral. Esa es una reforma pendiente, se intentó en los '90, no se pudo hacer, intentó De la Rúa, no la pudo hacer, y mientras no se haga va a ser muy difícil generar empleo privado formal en las cantidades necesarias como para absorber el empleo informal, los empleados públicos, los planes, todo eso. El empleo informal es empleo de mala calidad, pero es empleo, pero después todo lo demás es desempleo encubierto. Y para eso tenés que hacer una reforma laboral.

Hay un acuerdo bastante generalizado en cuanto a tres reformas básicas: tributaria, laboral y previsional. Hay un acuerdo bastante generalizado en cuanto a tres reformas básicas: tributaria, laboral y previsional.

Y la tercera es la reforma de jubilaciones y pensiones, ese sistema que sabemos que está quebrado, para lo cual es inevitable subir la edad de jubilación y probablemente hacer una diferenciación entre los que aportaron todo y los que aportaron muy poco, los que entraron por moratorias, o sea, hay injusticias ahí en el sistema que hay que resolver.

Diría que esas son las tres reformas más importantes, obvias, y después hay otras reformas, como una reforma educativa. Argentina fue líder en educación en América Latina, pero hace rato que no lo es. También una reforma del sistema de salud para hacerlo más eficiente, bajar costos. También, definitivamente, una reforma del régimen de coparticipación, una apertura de la economía.

—Sobre estas tres reformas y la coparticipación, daría la impresión de que al Gobierno se le complica la negociación con las provincias ante todo por problemas internos. Y además, desde luego, la falta de incentivos y de intenciones reformistas de las propias provincias. Recordemos que en 2017 firmaron compromisos en el pacto fiscal, pero cuando Macri perdió la reelección todo eso se revirtió.

—Mi impresión es que el Gobierno se juega a que habrá turbulencia dos o tres meses, pero que después sacará un buen resultado electoral porque el votante va a votar con el bolsillo, va a votar apoyo a la estabilidad. Milei llegó con una inflación del 20% mensual y el tipo de cambio volaba. Eso se estabilizó y la gente va a premiar eso. Una vez que terminen las elecciones, si la economía sigue recuperándose, eso le va a dar capital político para negociar. Pero estoy de acuerdo, es muy difícil en Argentina porque se te plantan las provincias y no sale el acuerdo. No sé si van a empezar por ahí, por ahí empiezan por reforma laboral o impositiva y dejan coparticipación para más adelante.

—Pasando a lo internacional. Vivís desde 1989 en Estados Unidos y seguís de cerca la política y la economía local. Hace tres meses parecía que Trump con sus aranceles rompía todo, pero lo cierto es que hoy la economía mantiene su ritmo y Wall Street sigue en máximos. ¿Cómo se explica esta situación?

—Es cierto, en abril cuando se anuncian los aranceles recíprocos el mercado reaccionó muy negativamente, muchos economistas empezaron a pronosticar recesión. Lo cierto es que el gobierno de Trump dio marcha atrás: primero suspendió los aranceles y se puso a negociar. Pero los aranceles que finalmente están saliendo ahora no son muy distintos de lo anunciado el 2 de abril. El arancel promedio va a terminar en algo así como el 20%, versus estimaciones de abril de 26-27%, pero Trump asumió con 2,5%, entonces del 2,5 al 20 es un aumento muy significativo.

¿Cuál va a ser el impacto? Al menos por el momento no es suficiente para generar una hecatombe. Yo sí creo que vas a tener una economía que va a crecer menos, globalmente, y lo estamos viendo en algunos números. En Estados Unidos estás viendo desaceleración tanto en PBI como empleo. Vamos a tener una economía más mediocre, pero no necesariamente una crisis.

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También es importante que el dólar se viene depreciando. Se depreció un 10-11% en lo que va del año y creo que esa tendencia va a continuar porque el resto del mundo ha tenido sobreexposición al dólar y la van a ir reduciendo. El dólar va a seguir siendo una moneda de reserva muy importante, pero menos predominante, con otras monedas cobrando más relevancia.

—Esto sería un objetivo concreto de Trump, "America First", que también se verifica en política exterior.

—Sí, pero para entender el gobierno americano: Trump dice muchas cosas, pero su administración tiene distintos grupos que interactúan. Es una coalición que incluye elementos MAGA, que son aislacionistas, populistas. Otro grupo son los republicanos más tradicionales como Marco Rubio, más conservadores fiscalmente, más proactivos internacionalmente. Tenés un tercer grupo que son los techno-billionaires: Peter Thiel, Elon Musk (que se fue), David Sachs, que han cobrado relevancia con la ley de criptomonedas. Y hay un cuarto grupo pragmático, encarnado por Scott Bessent, el secretario del Tesoro, que trata de moderar y evitar desastres. Cuando habla él, los mercados suben.

Para entender el gobierno americano: Trump dice muchas cosas, pero su administración tiene distintos grupos que interactúan. Para entender el gobierno americano: Trump dice muchas cosas, pero su administración tiene distintos grupos que interactúan.

Y hay un quinto grupo: los amigos de Trump, que nadie sabe muy bien quiénes son, pero lo llaman y le tiran ideas extrañas. Esa es la realidad y por eso uno ve vaivenes, contradicciones. Los MAGA quieren frontera cerrada, son anti-inmigración, los techno billionaires quieren economía más abierta. Los MAGA son aislacionistas, los republicanos tradicionales no. Tenés todos esos conflictos y por eso anuncia una cosa, después da marcha atrás.

—Sorprendió la decisión con que Trump respaldó el ataque de Israel a Irán. En cambio, en Ucrania la guerra parece estancada y sin solución a la vista. Trump había prometido resolverlo rápidamente, pero el vínculo personal con Putin del que tanto solía presumir no funcionó.

—Yo creo que Trump vio estos tres conflictos como independientes, pero están conectados. Tenés un eje de resistencia ampliado que incluye China, Rusia, Irán y Corea del Norte, que desafía el predominio occidental liberal. Estos conflictos están conectados: Irán produce drones para Rusia, Corea del Norte le manda armas, China le compra energía a Rusia.

En el caso de Irán fue sorprendente porque Estados Unidos se opuso a un ataque directo por más de 10 años. Desde 2011-2012 Netanyahu venía pidiendo que bombardeen las centrales nucleares. Lo que está pasando en Medio Oriente es probablemente el cambio más importante de los últimos 50 años después de la caída del Muro de Berlín. Haber eliminado básicamente la amenaza de Irán tiene consecuencias directas para Israel, pero también indirectas a través del apoyo a grupos disruptivos. La desaparición de Irán como amenaza puede crear sinergias enormes entre Israel y varios países vecinos y generar un crecimiento muy importante en una región con muchos recursos naturales y demografía favorable.

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En Rusia y Ucrania, Putin digamos que le tomó el tiempo a Trump. Las cosas no funcionan así, no es "me llevo muy bien con él, tenemos onda y voy a resolver el conflicto". Estados Unidos es una potencia, Rusia tiene ambición de ser otra potencia y se siente amenazada. No son deals inmobiliarios esto. Biden lo entendió enseguida, los europeos también y por eso se empezaron a rearmar, varios países de Europa central y del Este se unieron a la OTAN. Rusia viene atacando vecinos desde 2008, lo hizo con Georgia, esa ambición expansionista está ahí, es ideológica, tiene componente histórico, de resentimiento por la caída de la Unión Soviética, y no se arregla con buena onda.

Estados Unidos está escalando el envío de armas, Europa las sanciones. Va a ser muy difícil terminar con ese conflicto porque Putin sabe que en esto se le va la vida, si cediera se lo comen internamente. Hasta que él se muera o pierda la guerra, ese conflicto va a seguir.

Y con China es muy interesante porque te das cuenta de que al margen del conflicto geopolítico hay una dependencia como no hay con ningún otro competidor. Estados Unidos no depende de Rusia para energía, no depende de Irán, no depende de Corea del Norte para nada, pero de China depende mucho para minerales, tierras raras que se usan para baterías y otras cosas, donde no hay posibilidad de conseguirlas en otro lado en el corto plazo. Viviendo acá la gente dice: el 90% de los aires acondicionados se hacen en China, si no los venden nos vamos a morir de calor. Hay una dependencia muy importante en estos minerales críticos. Se puede desarrollar oferta en Canadá, Estados Unidos, otros lados, pero por años no lo vas a lograr. Requiere mucha inversión y tiempo, por eso es que la necesidad condiciona cualquier tipo de decisión política y la hace mucho más complicada.

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