7 de abril 2026 - 16:33hs

Las guerras actuales no solo se disputan territorio: también están poniendo en evidencia el rol central de los minerales críticos en la capacidad militar, tecnológica y energética. Desde misiles hasta vehículos eléctricos, estos recursos son el insumo base de sectores clave, pero su producción y, sobre todo, su refinación están altamente concentradas. En este escenario, Estados Unidos avanza con acuerdos, reservas estratégicas y alianzas para asegurar suministro, mientras China consolida su dominio en los eslabones de mayor valor de la cadena.

Guerra y minerales: el consumo invisible

Las guerras actuales están exponiendo el verdadero valor de los minerales críticos. Sistemas de armamento avanzados dependen de múltiples minerales: un misil puede contener hasta 18 de estos elementos en sus sistemas de guía, electrónica y carga explosiva, mientras que un avión de combate F-35 requiere más de 400 kilos de tierras raras para su fabricación. Desde los F-35 en el cielo hasta las municiones desplegadas en el Golfo, las armas utilizadas en estos conflictos dependen de minerales como cobalto, cobre y galio, que también son fundamentales para tecnologías civiles como smartphones, semiconductores, inteligencia artificial y vehículos eléctricos.

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La guerra en Irán, sumada a la de Ucrania (ya en su quinto año) no solo incrementa la demanda de armamento, sino que está drenando los stocks de minerales que lo hacen posible. A su vez, estas tensiones exponen vulnerabilidades en la cadena global de suministro. La disrupción ya está afectando el flujo de azufre, un insumo esencial para la producción de cobre y níquel y para fertilizantes. Medio Oriente representó aproximadamente el 24% de la producción mundial de azufre y el 50% de su comercio marítimo, el cual depende del paso por el Estrecho de Ormuz. En este contexto, incluso aumentos moderados en los costos logísticos o de seguros pueden impactar significativamente en un sector que opera con márgenes ajustados.

El eje del poder: China y el control del procesamiento

Detrás de esta presión sobre la demanda y las cadenas de suministro, aparece el verdadero eje del problema: el control geopolítico de los minerales críticos. China se ha consolidado como el actor dominante, no solo por la disponibilidad de recursos en su territorio, sino por su hegemonía en el procesamiento y refinación. China purifica más del 90% del grafito natural utilizado en ánodos, el 76% del cobalto y cerca del 40–45% del cobre refinado a nivel global. Esta capacidad industrial le permite posicionarse en el eslabón de mayor valor agregado dentro de la cadena.

En contraste, Estados Unidos enfrenta una alta dependencia externa en minerales críticos: es 100% importador en al menos 15 de ellos y depende en más del 50% de importaciones en decenas adicionales, según el USGS. Informes del Departamento de Defensa y del Departamento de Comercio advierten que esta dependencia representa un riesgo para la seguridad nacional, particularmente por la limitada capacidad doméstica de refinación y procesamiento.

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La vulnerabilidad de EE.UU. y su respuesta estratégica

Frente a este escenario, el Pentágono ha intensificado sus acciones: solicitó a empresas mineras aumentar el suministro de 13 minerales críticos utilizados en la producción de semiconductores y armamento -arsénico, bismuto, gadolinio, germanio, grafito, hafnio, níquel, samario, tungsteno, vanadio, iterbio, itrio y circonio-, todos ellos con alta dependencia de importaciones y con China como productor dominante. El pedido, según reportó Reuters, se realizó el día previo a los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, aunque no hay indicios de que ambas decisiones hayan estado coordinadas.

Estados Unidos ha avanzado en la ampliación del alcance de los minerales considerados estratégicos, con creciente foco en insumos como el cobre por su rol en la electrificación. En paralelo, impulsa iniciativas para fortalecer sus cadenas de suministro, entre ellas la creación de una reserva de minerales críticos respaldada por el Export-Import Bank por unos US$12.000 millones, en línea con su estrategia para reducir la dependencia de China en la producción y procesamiento de estos recursos.

En paralelo, Washington ha impulsado acuerdos internacionales para asegurar el acceso a minerales críticos, en particular a través de iniciativas como la Minerals Security Partnership, que agrupa a países aliados. Además, ha promovido la creación de un bloque de cooperación en minerales con decenas de socios, orientado a establecer mecanismos de referencia de precios e incentivar inversiones. El objetivo es contrarrestar la influencia de China y fortalecer cadenas de suministro más resilientes. En este contexto, algunos analistas han comenzado a referirse a una posible “OTAN de los minerales”, como forma de describir la creciente coordinación entre países aliados en torno a estos recursos.

América Latina ocupa un lugar central en esta dinámica. Países como Argentina, Perú, Ecuador y Paraguay firmaron acuerdos vinculados a minerales críticos con Estados Unidos, mientras que México avanzó con un plan de acción específico. En este contexto, el gobierno estadounidense ha incrementado su interés en la riqueza mineral de la región, en un esquema en el que el Sur Global concentra la extracción de recursos, mientras que las capacidades de procesamiento y refinación permanecen concentradas en otras economías.

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Qué son los minerales críticos y por qué importan

Para entender por qué estos recursos se volvieron centrales en la disputa global, hay que retroceder en su origen: se remonta a la década de 1930 en Estados Unidos y Europa, cuando se utilizaba para designar elementos indispensables en la fabricación de armamento y tanques de guerra. Con el paso de las décadas, la narrativa se transformó y comenzaron a denominarse también “minerales estratégicos”, en parte para reducir la percepción de alarma social sobre recursos que son inherentemente escasos y finitos. En la actualidad, esta lista se ha expandido de 15 a 60 minerales, lo que implica que abarca más de la mitad de la tabla periódica, incluyendo materiales como litio, níquel, cobalto, cobre, bismuto, grafito, aluminio, magnesio, hierro, zinc y plomo.

Estos recursos presentan características fundamentales que condicionan su explotación y su rol en la economía global. En primer lugar, son finitos: no se regeneran y, una vez extraídos y utilizados, se agotan. En segundo lugar, su ubicación es desigual a nivel global, ya que solo algunos países concentran grandes yacimientos, lo que genera relaciones de dependencia entre economías. Finalmente, la geografía determina su explotación: a diferencia de otras industrias, la minería debe realizarse donde se encuentra el recurso, sin posibilidad de relocalización productiva.

En la actualidad, los minerales críticos constituyen la base material de tres grandes áreas. Por un lado, la tecnología cotidiana, ya que son indispensables para la fabricación de celulares, computadoras y prácticamente cualquier dispositivo electrónico moderno. Por otro, la industria militar, donde siguen siendo esenciales para la producción de armas y sistemas de defensa. Finalmente, la denominada transición energética, que promueve tecnologías como paneles solares, turbinas eólicas y vehículos eléctricos, todas ellas intensivas en el uso de estos recursos.

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Dependencia estructural y minerales estratégicos

Esta presión sobre los recursos ya empieza a reflejarse en algunos minerales clave. Un caso representativo es el del cobre, definido como el “petróleo del siglo XXI” por su rol en la electrificación. Un automóvil eléctrico requiere entre seis y ocho veces más cobre que uno de combustión interna, lo que incrementa la presión sobre su demanda. Sin embargo, las proyecciones indican un déficit de 10 millones de toneladas hacia 2035, lo que plantea tensiones entre el crecimiento de las tecnologías eléctricas y la disponibilidad de recursos.La IEA señala que el cobre es uno de los minerales más críticos para redes eléctricas, vehículos eléctricos y energías renovables. Por su parte, el Banco Mundial estima que la producción de minerales como grafito, litio y cobalto debería aumentar casi un 500% hacia 2050.

Dentro de este esquema, algunos minerales adquieren un carácter particularmente estratégico. El tungsteno es considerado uno de los minerales críticos más estratégicos del mundo debido a su uso en defensa, (particularmente en misiles y blindaje), en tecnología (como semiconductores y robótica) y en aplicaciones vinculadas a la transición energética. Su relevancia se ve reforzada por una alta concentración en la oferta global: China representa alrededor del 80% de la producción minera mundial y domina su disponibilidad. En 2024, de las aproximadamente 80.000 toneladas métricas producidas a nivel global, 67.000 toneladas (83%) provinieron de China, mientras que Vietnam y Rusia se ubicaron en un distante segundo y tercer lugar con 3.400 y 2.000 toneladas respectivamente.

De este modo, la relación entre minerales críticos y conflicto no se limita al consumo directo en sistemas de defensa, sino que también se extiende a la estabilidad de las rutas logísticas que sostienen su suministro. La combinación entre concentración de la oferta, con China como actor dominante, y vulnerabilidad en los corredores estratégicos, como el Estrecho de Ormuz, expone las fragilidades estructurales de las cadenas globales de minerales críticos en un contexto de creciente tensión geopolítica.


¿Transición energética o nueva carrera por recursos?

En este contexto, la creciente demanda impulsada por la tecnología, la energía y la defensa intensifica la presión sobre recursos finitos y profundiza la competencia geopolítica por su control. Algunos especialistas plantean que más que una transición energética, el escenario actual responde a una lógica de acumulación de recursos, en la que la expansión de nuevas tecnologías convive con límites materiales y tensiones estructurales en el acceso a los minerales críticos. ¿Estamos frente a una transición energética o ante una nueva carrera global por recursos finitos?

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