Existe una arrogancia intelectual predominante en el análisis contemporáneo que trata la psiquis humana como un software defectuoso, una máquina biológica plagada de "bugs" que deben ser purgados mediante la educación y la vigilancia constante. Esta visión, popularizada por la economía conductual y figuras como Daniel Kahneman, define estos supuestos errores como "sesgos cognitivos". La premisa es seductora por su simplicidad técnica, pero adolece de una falla fundamental en su comprensión de la naturaleza, ya que confunde lo racional con lo razonable.
Lo racional pertenece al reino de los ideales platónicos. Es una asepsia matemática, una lógica lineal perfecta que opera en el vacío. La inteligencia artificial (IA) es el epítome de lo racional. Una IA calcula probabilidades sin inmutarse, procesa datos sin prejuicios y llega a conclusiones óptimas desde una perspectiva estadística.
¿Por qué? Porque la IA no sufre. A la máquina le es indiferente el resultado de su cálculo; no siente dolor, no teme a la muerte, no tiene descendencia que proteger ni estatus que perder. Es pura lógica desprovista de carne.
El ser humano, por el contrario, no está diseñado para ser racional; está diseñado para ser razonable.
La diferencia ontológica radica en el sufrimiento. Un ser humano es una entidad biológica vulnerable cuyo imperativo primario es la supervivencia y evitar el dolor. Lo que la academia moderna descalifica peyorativamente como "sesgo" es, en realidad, una herramienta evolutiva de gestión del sufrimiento.
Cuando una persona ignora información que contradice sus creencias fundamentales, lo que se etiqueta como sesgo de confirmación, no está cometiendo un error de cálculo; protege su integridad psicológica. Enfrentar la disonancia cognitiva genera angustia, incertidumbre y dolor real. Huir de ese sufrimiento no es un fallo del sistema; es la respuesta más razonable posible. Actuar de manera que uno minimice su propio dolor y maximice su estabilidad es la definición misma de la razonabilidad. Pedirle a un hombre que actúe sin sesgos es pedirle que deje de protegerse, que actúe contra su propio instinto de conservación emocional. Por lo tanto, es una exigencia inhumana.
La visión racionalista es una mirada fría que disecciona el comportamiento desde un laboratorio, ignorando que el sujeto de estudio está vivo y tiene miedo. Es una visión que condena al sujeto por tener ojos que ven lo que quieren ver, o por tener un paladar que prefiere lo dulce a lo amargo.
El mundo real, el de la geopolítica, los mercados financieros y las relaciones sociales, no opera bajo las leyes de la racionalidad ideal, sino bajo la gravedad de la razonabilidad pragmática. "Lo racional" es una utopía inalcanzable; "lo razonable" es lo que hay, es lo fáctico. Es el pragmatismo de quien toma decisiones no en función de una verdad abstracta, sino en función de las consecuencias tangibles para su vida y su bienestar.
Insistir en acusarnos mutuamente de tener sesgos es un ejercicio fútil de superioridad moral. Es pretender que deberíamos ser inteligencias artificiales, carentes de alma y de piel. El verdadero entendimiento, y la verdadera inteligencia, surge el día en que dejamos de exigir racionalidad robótica y empezamos a apreciar la razonabilidad humana.
El día que comprendamos que el otro no es "tonto" ni está "ciego", sino que simplemente actúa de manera razonable para evitar su propio sufrimiento, dejaremos de intentar la corrección de la naturaleza humana y empezaremos a entenderla. Solo entonces, aceptando que el motor de la historia no es la lógica, sino la gestión del dolor y la supervivencia, conviviremos mejor en este mundo de seres imperfectos, pero profundamente razonables.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.