El índice de pobreza cayó al 28,2% en el segundo semestre de 2025 según el INDEC, reflejando los números más bajos desde 2018. A pesar del dato positivo, celebrado por el Gobierno de Javier Milei, la inflación sostenida alrededor del 3% en los últimos meses comienza a encender alarmas por un posible rebote para la próxima medición.
Así se desprende del último nowcast de pobreza de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), que ubica la tasa en torno al 30% para el semestre móvil más reciente, con estimaciones de 29,1% entre septiembre de 2025 y febrero de 2026.
Se trata de niveles significativamente más bajos que los picos registrados tras la devaluación de fines de 2023, cuando el indicador había superado el 50%.
Sin embargo, detrás de esa foto aparece una dinámica más inestable: la propia serie muestra que la pobreza volvió a subir hacia fines de 2025, con registros cercanos al 32,5% en el cuarto trimestre, antes de moderarse levemente en el arranque de 2026. Ahí es donde entra en juego la inflación.
Inflación y pobreza: una relación directa
El nowcast de la UTDT se construye a partir de dos variables clave: los ingresos de los hogares y el valor de la canasta básica. Cuando los precios suben más rápido que los ingresos, el efecto es inmediato: más personas caen por debajo de la línea de pobreza.
En ese sentido, la mejora observada durante 2025 estuvo explicada en gran medida por la desaceleración inflacionaria. De hecho, en los meses en los que la inflación cedió, la pobreza también retrocedió con fuerza. Pero el fenómeno no es lineal.
El riesgo de un rebote
Las estimaciones más recientes muestran que la tendencia a la baja no es sostenida, sino que responde a vaivenes mensuales. De hecho, hacia fines de 2025 ya se había observado un rebote parcial del indicador, en paralelo a tensiones en los precios y a una recuperación más lenta de los ingresos reales.
La advertencia es clara: si la inflación vuelve a acelerarse -o incluso si se mantiene en niveles elevados- el proceso de reducción de la pobreza podría frenarse o revertirse en el corto plazo.
Un piso todavía frágil
Aun con la mejora reciente, el nivel actual sigue siendo elevado en términos históricos: la pobreza ronda el 30%, lo que implica que millones de personas continúan sin cubrir una canasta básica completa.
Además, el propio esquema de medición -basado en la comparación entre ingresos y costo de vida- hace que cualquier shock inflacionario tenga impacto casi automático sobre el indicador.
Por eso, el escenario hacia adelante queda atado a una variable central: la inflación. Si continúa el proceso de desinflación, la pobreza podría estabilizarse o incluso seguir bajando. Pero si los precios vuelven a acelerarse, las proyecciones sugieren un nuevo aumento en los próximos meses.
En otras palabras, la mejora social que muestran los números recientes todavía no está consolidada. Y depende, casi exclusivamente, de que la inflación no vuelva a jugar en contra.