Se cumplen 30 años del brutal atentado a la sede de la AMIA en la calle Pasteur, cuyo resultado fueron 85 personas muertas, un reguero impresionante de destrucción y las secuelas de un trauma que, aún lejos, lejos está de haberse compensado por el accionar efectivo de los poderes estatales. Si bien la Justicia argentina ha establecido las responsabilidades, difícilmente los culpables deban rendir cuentas ante ella. Ha habido avances, pero la situación en general no ha mejorado y las fallas en la seguridad y en los controles del accionar terrorista se repiten.
Ése es el duro diagnóstico que compartieron Amos Linetsky, actual presidente de la AMIA, y el abogado Miguel Bronfman, quien ha estado a cargo de la representación legal de la entidad en la causa judicial por el atentado, en una extensa entrevista publicada hoy por el sitio Infobae. “El reclamo es el mismo, más que nunca este año, donde hemos visto lo que pasó en el pogrom del 7 de octubre”, dice Linetzky. “Y es el mismo factor de fondo, no son temas separados: la misma matriz de odio, la intolerancia, quien está detrás de todos estos actos es el mismo. El factor común es muy claro". Nuestro reclamo no puede claudicar y el paso del tiempo lo agrava más. Obviamente, con un enfoque de abrazo simbólico a las familias que a 30 años siguen reclamando. Muchos ya dejaron este mundo sin ver justicia”, reflexiona.
Para el presidente de la AMIA, la responsabilidad por los hechos sucedidos hace 30 años es múltiple: "Todo lo que ocurrió en esta causa desenmascara una serie de falencias de todo tipo y en todos los poderes. La causa AMIA es una de las causas más importante de la historia judicial argentina por el atentado terrorista más grave que sufrió el país en su historia. Y si una causa emblemática es un desastre jurídico como el que es, muestra que el sistema está mal y expone muchísimas falencias durante estas décadas". Y agrega: "Después del atentado a la Embajada de Israel en 1992, no supieron prevenir otro con similares características. Falencias en la investigación, pero también legislativas: hasta hoy no contamos con avances en normativa procesal adecuada para lidiar con un delito como el terrorismo. No es sólo el Ejecutivo. Es el Legislativo y el Judicial también. Hay agujeros por todos lados".
El reclamo de Linetzky es muy claro: "Que no se mire para otro lado. La causa AMIA no fue una cuestión de Estado, como debería haberlo sido. Si lo hubiera sido, tendríamos algunos avances. Es cierto que los resultados son difíciles porque estamos hablando de un crimen internacional, de un país como Irán, de una inteligencia como la de Hezbollah. Claramente no es algo simple, pero veríamos algunos avances y mejoras en el sistema y no lo estamos viendo. El reclamo es que no se mire para otro lado y se le dé la prioridad que merece".
Y a este reclamo se le suma la constatación de que en la actualidad la situación en general no ha cambiado, razón por la cual no resultaría tan improbable que un ataque así se repitiera: "Si hicieron un atentado en la Argentina es porque pudieron hacerlo. Y a ese pudieron hacerlo hay que sumarle la falta de justicia y la impunidad que encontraron. Entonces, si a eso le sumamos las falencias, nos preguntamos: ¿estamos mejor que en el 94? Y la respuesta es no. Uno no quiere ser fatalista ni generar pánico, pero claramente no estamos mejor. Las fronteras siguen siendo permeables, la situación en la Triple Frontera sigue siendo incierta".
Avances y fallas de seguridad
Miguel Bronfman, por su parte, se refirió a las máximas urgencias del caso: "Seguir reclamando por ayuda internacional. Que los iraníes prófugos, si salen de Irán, sean detenidos y extraditados. No pueden ir a Rusia, Nicaragua, Bolivia, Qatar… A la vista de todo el mundo y son fugitivos acusados de un crimen gravísimo".
Aunque también aclara que hay un detalle que podría significar un avance concreto: "La pequeña luz de esperanza ahora es que el principal acusado por el atentado a la AMIA, Salman Raouf Salman, conocido antes como Salman El Reda, ahora es requerido también por Estados Unidos por varias acusaciones vinculadas con hechos terrorismo. Si Estados Unidos, que tiene un poco más de poder de presión que Argentina, lograra o la captura o la extradición o que el Líbano por algún tipo de negociación o acuerdo lo entregue, ahí se abriría la posibilidad para que Argentina también lo pudiera juzgar. Y esa es la persona que estuvo acá coordinando todos los movimientos".
El abogado también explicó cuáles son las pruebas que demuestran la responsabilidad de Irán y Hezbollah: "Está demostrado en los dictámenes del fiscal Alberto Nisman —y que ahora fueron convalidados por Casación— que Irán tenía montada en su embajada una estación de inteligencia comandada por Mohsen Rabbani, que llevaba en el país más de diez años y a quien unos meses antes del atentado se le dio inmunidad diplomática nombrándolo agregado cultural. Rabbani estaba coordinando a cuadras de la AMIA la entrega de la camioneta Trafic en Jet Parking. A la vez, estaba Rauf Salman, de Hezbollah, coordinando y haciendo llamadas con Rabbani en locutorios a la zona de la Triple Frontera y de ahí al Líbano. Llamados que empiezan el 1 de julio en Ezeiza y terminan el 18 de julio a las 7 y media de la mañana en aeroparque. El Reda (Salman) estaba casado con una argentina que era secretaria de Rabbani en la mezquita".
Y además, las razones para semejante ataque: “Irán tenía motivos para hacer un atentado. Hezbollah también. El líder del Hezbollah había jurado venganza ante una operación de Israel un mes y pico antes del atentado a la AMIA y ahí dijo ‘miren lo que pasó en Buenos Aires en el 92. Tenemos luchadores listos para morir y martirizarse contra el enemigo sionista’. A eso hay que agregarle las cuestiones políticas de aquella época. La suspensión de los contratos de transferencias de energía nuclear, la alineación de Argentina con EEUU y con Israel, la salida del grupo de los no alineados, el envío de dos corbetas a la guerra del Golfo…Y la facilidad que presentaba este país para entrar, hacer, salir, con la comunidad judía más grande de Latinoamérica".
Bronfman también es crítico de la clase política argentina y de su falta de capacidad para manejar la seguridad del país del terrorismo internacional. Y menciona un ejemplo relativamente reciente: "Tuvimos señales de alarma con el avión venezolano-iraní que todavía no se sabe bien qué vino a hacer. Si no se sabe qué vino a hacer es que lo que vino a hacer no era nada lícito. Fallaron todos los controles y solamente se activaron las alarmas cuando Uruguay lo rebotó en el aire en pleno vuelo y lo obligó a volver porque estaban sin nafta. Si no, ese avión había entrado, había descargado lo que descargó, cargado lo que tuviera que cargar y se iba de acá".