El gobierno de Javier Milei dilapidó la posibilidad que le otorgó el escándalo desatado por la denuncia de Fabiola Yañez contra Alberto Fernández. Había una distracción tan legítima como segura. Sin embargo, la relación de fuerzas en el parlamento le pasó por encima y sus propias internas ganaron lo más alto de la agenda.
Los coletazos por la visita de un grupo de seis diputados libertarios a un grupo de genocidas que cumplen su condena en el penal de Ezeiza desató una interna fuerte en el Congreso. No es la primera en los ocho meses que lleva la gestión, pero sí la más visible.
La fragmentación del bloque libertario parece ser un hecho. Hay legisladores que buscan que la sangre no llegue al río. Todo está por verse.
La interna más allá del Congreso
Pero la interna en el oficialismo trasciende las fronteras del palacio legislativo. Los desencuentros públicos entre la Vicepresidenta Victoria Villarruel y Javier Mieli son notorios. Desde la Casa Rosada no intentan disimular. La diputada Lilia Lemoine es la encargada, en su recorrida por los medios, de dejar en claro la postura de la tropa que responde al presidente, las huestes digitales también. La interna, en este caso también, es a cielo abierto.
El aumento de las dietas de los senadores avivó el fuego de la interna entre el presidente y su vice. El primer mandatario gritó en su cuenta de X, la titular del Senado denunció sobreactuación y llamó a una sesión para que se debata el tema y “todos pongan la cara”.
Las diferencias con Macri
A los problemas internos se le suman los problemas con sus aliados políticos y las derrotas parlamentarias. La reaparición en el firmamento político de Mauricio Macri se convirtió rápidamente en un problema para el Gobierno. El presidente del PRO no es solo un problema en la disputa por el sentido y el liderazgo antiperonista, sino también en la redefinición de la arquitectura parlamentaria.
Un solo llamado de Mauricio Macri alcanzó para darle el golpe de gracia en Diputados al DNU que otorga $100 mil millones de fondos reservados a la SIDE. La sesión que se llevó a cabo el miércoles en Diputados no sólo dejó expuesta la primera diferencia concreta con el macrismo, sino también la posibilidad de que se fracture el bloque del PRO. Eso tampoco es una buena noticia para La Libertad Avanza. Mientras más fragmentado el Congreso, más compleja la gobernabilidad.
Sin embargo, las malas noticias para el Gobierno, en términos parlamentarios, comenzaron un día antes. El martes por la tarde, el senador radical por la Ciudad de Buenos Aires, Martín Lousteau, fue designado presidente de la Comisión Bicameral de Control y Seguimiento de los Organismo de Inteligencia.
Santiago Caputo, el asesor estrella del presidente, quería que fuera el entrerriano Edgardo Kueider; mientras que Victoria Villarruel impulsaba a Martín Goerling Lara. Ambos perdieron. El acuerdo entre el kirchnerismo y Lousteau pudo más. La derrota trajo pases de factura y resignación. Desde el entorno de Villarruel apuntan contra Caputo por la derrota, mientras desde la Casa Rosada niegan injerencia y expresan resignación: “Tienen los votos, no podemos hacer nada”.
El oficialismo al borde de otra derrota parlamentaria
La semana no termina y el oficialismo se apresta a sufrir su tercera derrota parlamentaria en 72 horas. Algo poco frecuente para los oficialismos, por lo menos desde 1983 hasta hoy.
Al cierre de esta nota, una nueva fórmula de movilidad jubilatoria está a punto de sancionarse en el Senado, en contra de los deseos del Ejecutivo. Milei ya prometió veto. Los diputados aseguran que conseguirán los dos tercios para sostener la norma. Más allá de lo que suceda, el daño político ya estará hecho.