11 de agosto 2026 - 18:44hs

El Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR), que depende del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires, publicó este año una serie de tres informes que retrataron un cambio profundo en la manera en que los argentinos se relacionan con la religión. El primero de ellos, difundido bajo el título El mapa de las identidades religiosas en Argentina, confirmó que el catolicismo cayó al 57,7% de la población, muy lejos del 90% que representaba en 1960, según datos del Censo Nacional de ese año. El fenómeno no implica, sin embargo, que los argentinos hayan dejado de creer: lo que se modificó fue el modo en que lo hacen.

El director del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, Juan Cruz Esquivel, encabezó un equipo de investigadores —integrado también por Marcos Carbonelli, Gabriela Irrazábal, Mariela Mosqueira y Damián Setton— que relevó a 904 personas de todo el país entre febrero y marzo de este año, con un margen de error de 3,3 puntos porcentuales. Los resultados muestran una sociedad donde la religión organizada perdió centralidad, pero donde las creencias y las prácticas espirituales encontraron otros canales para expresarse.

El fin de la hegemonía católica

El primer informe del Barómetro describe un "quiebre de la hegemonía católica", según los términos que usan sus propios autores. Detrás del catolicismo, que sigue siendo mayoritario, aparece un segundo grupo que hasta hace pocos años era marginal: la población sin filiación religiosa, que ya alcanza al 22,4% y que reúne a quienes se declaran agnósticos, ateos o simplemente sin ninguna religión. Ese porcentaje superó al de los evangélicos, que se ubican en el 17,4% y consolidan su posición como segunda identidad religiosa organizada del país.

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La variable que mejor explica esta transformación es la edad. Entre los jóvenes de 16 a 29 años, el catolicismo cae al 44,6%, mientras que entre los mayores de 50 se mantiene en el 69%. En ese mismo segmento joven, la población sin filiación religiosa trepa al 31%, una proporción que triplica a la que existe entre los adultos mayores. El informe interpreta esta brecha generacional como la señal de un reemplazo estructural, no de una variación coyuntural.

También aparecen diferencias según el nivel educativo y la región. Los sectores con menor instrucción formal muestran mayor adhesión evangélica (22,5%), mientras que entre quienes completaron estudios terciarios o universitarios crece la proporción de personas sin filiación religiosa (27,9%). A nivel territorial, el catolicismo conserva mayor arraigo en el interior del país (59,4%) frente al Área Metropolitana de Buenos Aires, donde la población sin filiación religiosa asciende al 26,1%.

Pero que alguien no se identifique con ninguna religión no significa que haya abandonado toda forma de creencia. El propio informe advierte que buena parte de ese grupo mantiene creencias y prácticas espirituales, en lo que la sociología denomina "creer sin pertenecer": la religiosidad persiste, pero desvinculada de las instituciones formales. Ese fenómeno es precisamente el que exploró el segundo informe de la serie.

Rezar en soledad

El segundo relevamiento, dedicado a las prácticas religiosas y espirituales, encontró que rezar u orar en la intimidad es, con diferencia, la actividad más extendida entre los argentinos: la realizó el 53,7% de la población durante el último año. La cifra duplica a la de quienes asistieron a misas, cultos o ceremonias religiosas presenciales, que se ubicó en el 26,4%. La meditación, por su parte, alcanzó al 27,6% y quedó prácticamente empatada con la asistencia institucional.

El dato confirma que la caída del catolicismo y el crecimiento de la población sin filiación no se tradujeron en un abandono generalizado de la espiritualidad, sino en su desplazamiento hacia el ámbito privado. Entre los católicos, por ejemplo, el 67,9% reza en la intimidad, pero solo el 33,1% asistió a una celebración religiosa en el último año, lo que significa que dos tercios de ellos no pisaron un templo. Entre las personas sin filiación religiosa, en cambio, un 17,8% dijo meditar y un 14,2% manifestó haber sentido alguna conexión con lo trascendente, pese a no adscribir a ninguna religión.

Los evangélicos volvieron a diferenciarse del resto: el 78,4% reza en la intimidad y el 40,3% asiste a ceremonias presenciales, los niveles más altos entre todos los grupos relevados. El informe describe esa combinación como un rasgo distintivo de la experiencia evangélica contemporánea, donde identidad, práctica personal y vida comunitaria aparecen más integradas que en el catolicismo. Las mujeres, además, mostraron mayores niveles de práctica religiosa que los hombres en casi todos los indicadores: el 60,1% rezó en la intimidad, frente al 46,4% de los varones. Las tecnologías digitales, en tanto, todavía tienen una incidencia marginal: apenas el 3,4% de los encuestados consultó alguna herramienta de inteligencia artificial sobre temas religiosos o espirituales.

Los templos como red social

El tercer informe de la serie giró hacia una dimensión menos explorada: qué lugar ocupan los templos y las iglesias cuando la gente necesita ayuda concreta, más allá del acompañamiento espiritual. Según el relevamiento, el 35,5% de la población acudió a un templo o una iglesia en busca de algún tipo de apoyo durante el último año. El motivo principal fue la contención espiritual (21,7%), pero también aparecieron con fuerza los problemas de salud (10,5%), la ayuda económica o alimentaria (8,9%) y la capacitación o búsqueda de trabajo (7,1%).

"El templo opera como espacio poroso, donde se entrelazan la contención del alma y la respuesta a las urgencias materiales", sostiene el texto del Barómetro, que suma también menciones a apoyo educativo y asistencia ante situaciones de violencia familiar.

La diferencia más marcada apareció, otra vez, entre las distintas filiaciones religiosas. El 64,6% de los evangélicos recurrió a su iglesia en busca de ayuda en el último año, casi el doble que los católicos (38,8%) y casi diez veces más que las personas sin filiación religiosa (7,2%). El informe interpreta esa brecha como evidencia de que las iglesias evangélicas sostienen las redes comunitarias más activas del país, con una articulación estrecha entre pertenencia religiosa, participación y acceso a distintas formas de apoyo social.

También se repitieron los patrones etarios y educativos de los informes anteriores: las personas mayores de 50 años son las que más recurren a los templos (45%), frente a un 27,6% entre quienes tienen de 30 a 49 años, y quienes tienen menor nivel educativo buscan ayuda religiosa con más frecuencia (42,8%) que los que completaron estudios terciarios o universitarios (26,6%). Entre las motivaciones menos frecuentes, pero no por eso menores, aparece la asistencia ante situaciones de violencia familiar, mencionada por el 3% de los encuestados: un recordatorio de que, para una parte de la población, la iglesia del barrio funciona también como la puerta más cercana para pedir auxilio cuando no hay otra a mano.

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