22 de noviembre 2024 - 13:52hs

La corrupción en Argentina no ha desaparecido, pero hay una gran diferencia en cómo se manejan los escándalos entre el kirchnerismo y la actualidad. Durante los años del kirchnerismo, la estrategia era clara: negar, encubrir y perseguir. Los periodistas, fiscales y jueces que investigaban eran blanco de ataques y represalias. Hoy, aunque los ilícitos persisten, el tratamiento parece, al menos en algunos casos, ser distinto.

Basta con recordar los múltiples casos que surgieron durante los gobiernos kirchneristas. Desde los acomodos menores, como el escándalo de Victoria Tolosa Paz y los guardapolvos, hasta los manejos turbios de movimientos sociales como los liderados por Juan Grabois o Emilio Pérsico. Ni hablar de las obras públicas "mentirosas" de Alberto Fernández o Cristina Kirchner, o situaciones grotescas como el intento de blanquear a una empleada doméstica "en negro" por parte de Victoria Donda, con el respaldo del entonces presidente.

Casos como el de Martín Insaurralde, con sus más de 200 vuelos internacionales, muestran cómo se acumulaban privilegios e irregularidades bajo el amparo del poder. Sin embargo, el cambio de paradigma actual quedó demostrado en el reciente caso de Fernando Mengo, jefe de la Fuerza Aérea: un periodista, Federico Teijeiro, reveló las irregularidades en sus vuelos personales. La respuesta del ministro de Defensa, Luis Petri, fue inmediata: en cuestión de minutos, el funcionario fue separado de su cargo.

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Del encubrimiento al accionar inmediato

El contraste es notorio. Durante los años del kirchnerismo, las denuncias eran sistemáticamente minimizadas o, directamente, ignoradas. Por ejemplo, los escándalos en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, donde se utilizaron espacios educativos como verdaderos "aguantaderos", son un claro ejemplo de esta dinámica. Allí se encontraban gallineros, emprendimientos privados e, incluso, se celebraban fiestas clandestinas en un lugar destinado, en teoría, a la educación universitaria.

Lo más indignante no es solo el mal uso de fondos y recursos públicos, sino la falta de rendición de cuentas. ¿Acaso algún dirigente kirchnerista se hizo cargo de estos desmanejos? ¿Alguien reconoció un error o intentó reparar los daños? La respuesta es obvia: no.

A pesar de los cambios en la reacción oficial, la corrupción sigue siendo un mal enquistado en nuestra sociedad. Hoy, algunos casos son abordados con rapidez, como el del titular de la Fuerza Aérea, pero la esencia del problema permanece. ¿Es suficiente con separar a los responsables o estamos frente a medidas superficiales que no atacan la raíz del problema?

El desafío es avanzar hacia un sistema donde no sólo se castigue a los corruptos, sino que también se prevenga su accionar. Mientras tanto, es nuestro deber, como periodistas, seguir investigando y sacando a la luz lo que muchos quieren ocultar.

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Corrupción encubrimiento Argentina

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