"Argentina es ese país dónde te vas una semana y cambia todo, pero te vas 10 años y sigue todo igual”. Esa frase podría resumir la paradoja del país hámster: un país en donde se vive y se hace política a alta velocidad, pero sus indicadores muestran parálisis y declive.
Como el roedor en su rueda, los actores de poder (políticos, empresarios y medios) corren con una intensidad frenética, debaten, discuten, insultan y baitean, mientras los problemas colectivos quedan en el olvido.
¿Cómo hacer pie y gobernar un país con una dinámica tan nociva? Es lo que buscamos explicar en la última entrega de nuestra consultora. Un lector desprevenido podría pensar que conviven dos informes diferentes: uno que analiza al Gobierno de Javier Milei alrededor de los factores que inciden en su gobernabilidad, y en el estado de la conversación pública. Lo cierto es que estos dos aspectos están íntimamente relacionados.
Milei es consecuencia y acelerador de esta dinámica “hámster”. Su arribo a la Casa Rosada es imposible de entender sin los 12 años (hasta 2023) de estancamiento económico, una pobreza que jamás rompe el piso del 25%, un desempleo que no se mueve, pero con una cantidad de monotributistas que entre 2011 y 2025 creció un 63%. El crecimiento de la violencia discursiva de los últimos dos años y medio que medimos en redes es producto de la centralidad del presidente (y el uso del insulto como estética política) pero también producto del desencanto con una realidad que, pese a los gobiernos de distinto signo político, solo nos muestra una parálisis decadente.
La gobernabilidad de Javier Milei: tres etapas claramente diferenciadas
Eric Hosbawm decía que el Siglo XX fue un siglo “corto”: analizando los fenómenos históricos afirmó que ese siglo comenzó con la Primera Guerra Mundial, y terminó con la caída de la Unión Soviética. Parafraseándolo, podemos decir que Milei tuvo un 2025 “corto”: comenzó con el doble error de Davos-Libra (que dio comienzo a la negatividad en la conversación digital y al declive en la aprobación presidencial) y terminó en el triunfo electoral de las legislativas del último octubre, que inauguraron la tercera etapa de su Gobierno.
Para entender estos dos años y monedas de Milei en el Gobierno, lo dividimos en tres etapas: novedad, descontrol e incógnita. Las variables que utilizamos para analizarlo son cuatro: 1) los niveles de aprobación presidencial (tomados del indicador que elabora el Observatorio Pulsar de la UBA); 2) el control legislativo (su relación con los legisladores oscilantes, como los define el Índice Congreso de “La Sastrería”); 3) el control de la agenda pública (su relación con el ecosistema digital y los temas que se hablan); y 4) la ausencia o presencia de escándalos (procesos comunicacionales confrontativos donde la reputación del Gobierno se ve cuestionada).
A la primera etapa del presidente la llamamos de “novedad” porque fue esa característica la que le permitió mostrar niveles sostenidos de aprobación (oscilando los 50 puntos) y control legislativo pese al exiguo contingente en el Congreso (37 diputados y 7 senadores). El control de la agenda pública fue una característica sobresaliente de esa etapa: protagonismo (casi 126 millones de menciones entre enero de 2024 y enero de 2025) y positividad (49% de positividad vs un 39% de negatividad). Sumado a esto, ausencia de escándalos. El semáforo de la primera etapa tuvo mayoría de verdes, como bien mostramos en el informe.
Por el contrario, la segunda etapa fue de descontrol: Libra fue el primer escándalo que inauguró una racha de negatividad que se mantuvo hasta las elecciones. A la caída de protagonismo (60 millones de menciones entre febrero 2025 y octubre 2025), se le sumó el aumento de la negatividad en la conversación digital que pasó a ser del 50% vs el 39% de positividad. El clima de opinión pública acompaño al digital aunque con cierto rezago: empezó a caer en marzo la aprobación presidencial, tocando los 40 puntos en septiembre: su peor momento.
La confluencia de los escándalos de las coimas en ANDIS y los vínculos de José Luis Espert con Fred Machado llegaron a poner en jaque la propia viabilidad política del experimento libertario, salvado por Donald Trump en su corcel con 20.000 millones de USD en la mochila primero y el triunfo electoral de octubre después.
2026, la incógnita: un gobierno que juega solo y el estado de la conversación pública
La victoria en las legislativas inauguró la tercera etapa en la cual el Gobierno de Milei exhibe fortalezas (en el plano legislativo, donde pasó en Diputados de 37 a 95 diputados propios) no exentas de interrogantes. En nuestro informe lo graficamos como una balanza: la estabilidad del dólar, el exitoso posicionamiento internacional y la ausencia de oferta opositora conviven con la presión de lo micro (inflación, salarios, empleo) y escándalos que no se clausuran (como ANDIS y Libra). La conversación digital aparece más empatada: es cierto que ya no es puramente negativa, pero la positividad se sostiene casi exclusivamente en la agenda internacional y su relación con Donald Trump, mientras que la negatividad habita en los temas locales que impactan en la micro diaria de las personas de a pie.
Javier Milei y su Gobierno son quienes marcan el tempo de la conversación pública: el presidente es el usuario no troll que más insultos profirió en redes durante 2025, pero cuando intentamos buscar en redes quienes son los políticos que más hablan de la agenda estructural y las preocupaciones principales del país (inflación, inseguridad, trabajo, desarrollo, entre otros temas medidos en el informe), Milei también encabeza en muchas de esas agendas (en las que no, encabeza Patricia Bullrich, ex ministra de seguridad y ahora espada legislativa en el Senado).
También pudimos observar, dentro del universo de los 36 millones de insultos relevados por Ad Hoc en la conversación digital de los últimos 3 años, que cuando el presidente prometió dejar de insultar en su discurso en la Fundación Faro el 05 de agosto del año pasado, la curva de tendencia de insultos mostró una leve baja. Decir que el presidente es el único que insulta es negar que la conversación (y el debate político) en general es más violenta, más intolerante y chabacana. Pero si podemos afirmar que Javier Milei es quien mejor representa este clima de época.
La oposición hoy aparece aturdida e incapaz de construir una agenda que se contraponga pese a que problemas sobran, y agendas también. Discutir solo las formas del presidente sin encadenar demandas es una forma pobre de representación. La Argentina tiene el mismo PBI que en 2011, mismo desempleo, misma pobreza (que afecta a un cuarto del país casi de forma estructural), pero 1 millón más de monotributistas (se aprobó una reforma laboral hace apenas días).
Las preguntas sobre el Gobierno parecen repetirse y son las mismas que aquejaban a presidentes anteriores: ¿podrá estabilizar el dólar? ¿bajar la inflación? ¿reducir la pobreza estructural? ¿crear más empleos y formalizar a los que navegan la informalidad? Las respuestas parecen todavía lejanas (bah, depende el lugar de la grieta donde nos paremos) pero el ritmo sigue siendo acelerado, vertiginoso y lejos de parar.
El informe
Informe Ad Hoc - La gobernabilidad en el pais hamster