22 de noviembre 2024 - 15:19hs

Como plantea Bret Stephens, sería realmente mucho mejor que el mundo tenga esperanzas de que Israel gane sus guerras contra Hamás, Hezbolá, los hutíes y sus amos en Teherán. Y por “victorias”, el objetivo estratégico tiene que ser que Israel le ocasione tales costos a la capacidad de sus enemigos para librar la guerra, que estos no tengan otra opción más que capitular, independientemente de sus deseos y propaganda, porque ya no se benefician de la lucha.

Quienes sueñan con un Estado palestino verdaderamente libre, independiente y en paz deben entender algo con claridad: para que eso sea posible, Israel tiene que ganar. Porque la subsistencia de Hamás en Gaza solo garantizaría la reedición de la violencia y las matanzas que ya han perpetrado, probablemente multiplicadas. No podemos permitir que los sucesores de personajes como Yahya Sinwar, con su brutalidad y su régimen de terror contra los propios palestinos, sigan avanzando. Es fundamental cortar de raíz el autoritarismo de Hamás y abrir paso a un liderazgo legítimo, reformista y civilizado.

Del mismo modo, quienes quieren un Líbano independiente y en paz tienen que apoyar la victoria de Israel, porque Hezbolá no es una fuerza de resistencia, es una caballería de ocupación iraní que secuestra al Líbano y lo empuja a guerras desastrosas. Impone su voluntad con violencia, usa a los civiles como escudos humanos, y encima lucra con el narcotráfico, contrabando y lavado de dinero.

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Si se quiere un Líbano libre de ese yugo, Israel tiene que derrotar a Hezbolá, porque no hay otro camino hacia la paz y la estabilidad en la región. Esta organización, que se ha ganado el odio de, sino la mayoría, una parte extensa de la sociedad libanesa, tiene que caer, y eso no va a pasar si no hay nadie que haga lo que Israel está haciendo al eliminar a sus líderes y destruir su capacidad operativa para dominar violentamente un territorio y parte de la política.

Naturalmente, a la mayoría de los seres humanos no les gusta la guerra, y en este caso, Israel no es la excepción. Realmente sería una brajá enorme que cada uno de los jaialim del Estado de Israel vuelva a casa, a su familia y a sus seres queridos.

Pero como dijo Golda Meir: “Podemos negociar con vecinos, pero no con terroristas que simplemente quieren destruirnos”. Por eso es importante tener claro que, para derrotar a nuestros brutales enemigos, se requiere tanto de coraje como de claridad.

La claridad comienza por conocer la diferencia entre el bien y el mal. Sin embargo, muchísimos manifestantes antiisraelíes eligen apoyar al mal. Están con Hamás. Están junto a violadores y asesinos. Están con la gente que entró en los kibutzim, en casas de gente pacífica, donde familias enteras debieron esconderse buscando esperanza de no ser masacrados. Se ponen del lado de los terroristas que se metieron, por ejemplo, hasta un altillo para asesinar a una familia completa: a los padres, y a los bebés que fueron a buscar específicamente en el altillo escondido, donde los padres quisieron refugiar a sus criaturas.

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Los que apoyan esto deberían avergonzarse de sí mismos: se niegan a hacer una simple distinción entre quienes atacan a terroristas y quienes atacan a civiles, entre el Estado democrático de Israel y los militantes de la muerte, terroristas de Hamás.

El rol de Irán

Según información de la oficina del Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Irán está financiando las protestas antiisraelíes que se están llevando a cabo en Estados Unidos y buena parte del mundo, con foco en el ambiente universitario estadounidense. Y, como respuesta a eso, siempre es bueno recordar que cuando los tiranos de Teherán, que cuelgan a homosexuales en grúas y asesinan a mujeres por no cubrirse la cabeza, los elogian, promueven y financian, ellos se convierten oficialmente en los idiotas útiles del régimen.

La expresión “Palestina libre, desde el río hasta el mar” se volvió mainstream entre funcionales al terrorismo, pero muchos no tienen ni idea de qué río y de qué mar están hablando. Sus conceptos no solo merecen un uno en Geografía, sino también en Historia. Llaman a Israel un estado colonialista. ¿No saben que la Tierra de Israel es donde oraron Abraham, Isaac y Jacob, donde predicaron Isaías y Jeremías, y donde gobernaron David y Salomón?

Durante casi cuatro mil años, la tierra de Israel ha sido la patria del pueblo judío. Siempre ha sido nuestro hogar; siempre será nuestro hogar.

No son sólo los manifestantes los que se equivocan. Lamentablemente también hay “equivocados” entre personas con perfiles altísimos que dirigen o dirigían, hasta hace poco, prestigiosas universidades. Ochenta años después del Holocausto, los presidentes de Harvard, Penn y el MIT no se atrevieron a condenar los llamamientos al genocidio de los judíos que se libraban en sus campuses. ¿Alguien se acuerda de lo que dijeron algunos? Dijeron que “dependiendo del contexto” pedir por el genocidio de judíos es condenable.

El antisemitismo es el odio más antiguo del mundo. Durante siglos, la masacre de judíos siempre estuvo precedida de acusaciones inverosímiles. Nos acusaron de todo, desde envenenar el agua hasta propagar plagas y usar la sangre de niños masacrados para hornear matzá en Pesaj. Estas absurdas mentiras antisemitas llevaron a la persecución, al asesinato en masa y, en última instancia, al peor genocidio de la historia, el Holocausto.

Ahora, así como durante siglos se lanzaron mentiras maliciosas contra el pueblo judío, se lanzan mentiras maliciosas contra el Estado judío. Las escandalosas calumnias que pintan a Israel como un país racista y genocida tienen como objetivo deslegitimar a Israel, demonizar al Estado judío y a los judíos en todas partes. Debilitar a la Casa de Israel como un todo, para justificar su destrucción. Y la verdad que no sorprende: hemos sido testigos de un atroz aumento del antisemitismo en el mundo, que ha traído aparejada la vuelta de la era de los pogromos.

El error de la Corte Penal Internacional

El 21 de noviembre de 2024 se consumó otro ejemplo de antisemitismo institucionalizado. Hace 6 meses, el fiscal de la Corte Penal Internacional acusó a Israel de matar de hambre deliberadamente al pueblo de Gaza. Y sin siquiera juicio previo, ayer la CPI libró órdenes de arresto contra el PM Netanyahu y el ex Ministro de Defensa, Yoav Gallant. Se libran órdenes de aprehensión contra representantes del Estado judío en violación de los derechos y garantías procesales, anulando toda posibilidad de hacer una defensa, por crímenes que la propia CPI no tiene probados.

Hacer un contrapunto del argumento falaz que ha brindado el fiscal de la CPI casi que está de más, pero hay que dejarlo dicho: hasta el 25 de julio de 2024, Israel había facilitado que más de 40.000 camiones de ayuda entren a Gaza. Eso es medio millón de toneladas de alimentos, y más de 3.000 calorías por cada hombre, mujer y niño que habita el territorio. Si hay palestinos en Gaza que no reciben suficiente comida, no es porque Israel los esté bloqueando, sino porque Hamás se los está robando.

Hasta aquí una mentira, pero hay otra: el fiscal de la CPI acusa a Israel de atacar deliberadamente a civiles. ¿De qué habla? Las FDI han lanzado millones de folletos, enviado millones de mensajes de texto y realizado cientos de miles de llamadas telefónicas para sacar a los civiles palestinos de las zonas de peligro.

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Pero al mismo tiempo, Hamás hizo y hace todo lo que esté a su alcance para poner en peligro a los civiles que dicen proteger. Disparan misiles desde escuelas, hospitales y mezquitas. Incluso le disparan y golpean a su propia gente si intentan abandonar la zona de guerra, como se ha visto en diferentes vídeos que circularon esta semana y como relatan los testimonios de civiles gazatíes en el Instagram de las FDI. Sin ir más lejos, un alto funcionario de Hamás, Fathi Hamad, se jactaba ya en 2008, en Al Aqsa TV, de que las mujeres y los niños palestinos son sobresalientes como escudos humanos. Sus palabras literales: “destacan como escudos humanos”.

Para Israel, cada muerte de civiles es una tragedia. Para Hamás, es una estrategia. En realidad, quieren que mueran civiles palestinos, para que Israel sea difamado en los medios internacionales y presionado para poner fin a la guerra antes de que la gane. Saben que esto permitiría a Hamás sobrevivir y, como prometieron, llevar a cabo el 7 de octubre una y otra vez.

El espíritu de Churchill

En Medio Oriente, Irán está prácticamente detrás de todo el terrorismo, toda la agitación, todo el caos, todas las matanzas. Y eso no debería sorprendernos. Cuando fundó la República Islámica, el ayatolá Khamenei hizo una promesa clara: “Exportaremos nuestra revolución al mundo entero. Exportaremos la revolución islámica al mundo entero.” Ahora bien, pregúntense: ¿qué país se interpone en última instancia en el camino de la intifada global que planifica Irán para imponer el Islam radicalizado en el mundo? Y la respuesta es clara: hoy es Israel. En esa guerra se juega la paz del mundo libre.

En junio, Netanyahu publicó haber recibido un comentario sobre la guerra en Gaza de parte del ministro de Asuntos Exteriores del representante de Irán, Hezbollah, al cual se le atribuye decir: “Esta no es una guerra con Israel, Israel es simplemente una herramienta. La guerra principal, la verdadera guerra, es con Estados Unidos.”

El régimen de Irán ha estado luchando contra Estados Unidos desde el momento en que llegó al poder. En 1979, irrumpió en la embajada estadounidense y mantuvo como rehenes a decenas de sus ciudadanos durante 444 días. Desde entonces, los representantes terroristas de Irán han atacado a Estados Unidos en Medio Oriente y en cada lugar en que pudieron. En Beirut mataron a 241 de sus militares. En África bombardearon las embajadas estadounidenses. En Irak suministraron explosivos para mutilar y matar a miles de soldados norteamericanos.

A Estados Unidos enviaron escuadrones de la muerte para asesinar a un ex Secretario de Estado y a un ex asesor de seguridad nacional en tierras estadounidenses. Y como supimos recientemente, incluso amenazaron descaradamente con asesinar al presidente Trump.

Pero Irán entiende que para desafiar verdaderamente a Estados Unidos, primero debe conquistar Medio Oriente. Y para ello utiliza a sus numerosos representantes, incluidos los hutíes, Hezbolá y Hamás. Sin embargo, en el corazón de Medio Oriente, interponiéndose en el camino de Irán, hay una orgullosa democracia: el Estado de Israel.

En la Segunda Guerra Mundial, mientras Gran Bretaña luchaba contra el nazismo, Winston Churchill hizo un llamamiento a los estadounidenses con las famosas palabras: "Dénnos las herramientas, y vamos a terminar el trabajo". Hoy, mientras Israel está en la primera línea de la batalla contra el terror, todo el que desee paz, democracia y libertad debe apoyar a Israel con el mismo espíritu al que llamó en su momento Churchill.

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