“Trabajo con mujeres que, a pesar de que tienen cargos y trayectorias excepcionales, lo que más les cuesta es ver su propio valor ”, dice a El Observador Macarena Botta, cofundadora de la consultora en género Brava y experta en innovación, emprendimiento y equidad de género en Uruguay.
Esta frase, con la que resuenan líderes de la Organización de Mujeres Empresarias, Ejecutivas y Emprendedoras del Uruguay (OMEU) y de la Red de Mujeres Ejecutivas del Uruguay (RedME), pone al descubierto un fenómeno que afecta tanto a emprendedoras como a mujeres en altos cargos de liderazgo.
Según una encuesta de KPMG, durante su trayectoria profesional el 75% de las mujeres ha experimentado la sensación de no ser merecedoras de los logros obtenidos, o tiene la tendencia de pensar que el éxito se debe a la suerte o a factores externos. Además, un estudio de Brava revela que la mayor parte de las mujeres considera que no tiene las habilidades necesarias para emprender, cuando en promedio tienen dos años más de estudio que los hombres.
“Nos dimos cuenta de que más allá de lo que tiene que ver con brindar herramientas técnicas, había un tema con nosotras, con lo que creemos que nos merecemos y que afecta tanto a las que están al frente de sus empresas, como a quienes integran equipos dentro de organizaciones, o están desarrollando su propio emprendimiento”, detalla Fernanda Castellanos, directora Ejecutiva de OMEU.
La sensación de no ser capaces deriva en frustración y hace que aquellas que experimentan esta problemática se vean paralizadas por el miedo y pierdan oportunidades por el sentimiento de no estar del todo preparadas, explica la directiva de OMEU.
Además, este fenómeno genera que a las mujeres les cueste ponerle valor a su trabajo, sobre todo a aquellas que son emprendedoras e independientes. Según indica Victoria Pérez, líder de equipos, consultoría tech y mentoría con enfoque en las personas, no entender el valor propio puede generar la pérdida de poder adquisitivo y poner en jaque el empoderamiento económico.
¿A qué se debe?
Si bien este fenómeno también puede verse presente en hombres, hay algunas razones que explican por qué las mujeres son más propensas a no valorar su trabajo y dudar de sus capacidades.
Según las especialistas, esto tiene que ver con la baja autoestima, la existencia de sesgos y el mandato de la sociedad sobre lo que significa ser mujer.
“Si no somos suaves, femeninas y amables, nos catalogan como agresivas y mandonas. Es difícil valorarnos cuando nuestro entorno no nos valora, cuando nos criamos escuchando que no somos suficientes, que si no somos lindas, sino somos madres, sino somos excelentes en todo lo que hacemos no vamos a tener la oportunidad”, cuenta desde la experiencia de trabajar con mujeres y la suya propia Botta.
Además, Martha Diez, parte de la comisión directiva de RedME, mencionó las carencias que hay para desarrollar networking y el impacto de la brecha salarial.
Los tips para hacer frente a este desafío
Botta, Castellanos, Pérez y Diez dieron sugerencias que, a lo largo de su trayectoria acompañando a mujeres, han utilizado para trabajar esta problemática.
Normalizar los errores, gestionar las culpas, tratar de reprogramarse para pensar de una forma más positiva y ser conscientes de que es algo que le sucede a muchas, son algunos de los consejos que mencionaron desde OMEU.
En tanto, desde Bravas aconsejaron la técnica de tener una lista de logros, que pueden ir más allá de lo profesional, para leer cada vez que duden de sí mismas. Reflexionar sobre lo que significa el éxito para cada una y conectar con los sentimientos, fueron otros de los consejos de la experta en innovación, emprendimiento y equidad de género.
Desde RedME hacen énfasis en la importancia de tener información y tener una red de apoyo empresarial que permita tener estas discusiones a niveles más profundos, una visión con la que coincidieron desde OMEU.
En lo que refiere al desafío de ponerle valor al trabajo, desde su experiencia acompañando a personas que quieren trabajar de forma freelance o de manera independiente en el sector de tecnología, Pérez resalta la importancia de ir a lo práctico y aprender a calcular y estimar cuánto cuesta una hora de trabajo. “Cuando una le pone valor a su trabajo cambia el encuadre. Y se puede cobrar menos, pero pensándolo como una inversión para el aprendizaje, haciéndolo de forma consciente”, destaca.