La vida de la uruguaya Natalia Souto siempre estuvo de alguna manera atravesada por los juegos de mesa. Primero como aficionada, luego desde su rol como docente y más tarde como madre. Sin embargo, nunca se imaginó que este producto terminaría convirtiéndose en su propio emprendimiento.
La historia de Chinela, contó la emprendedora a Café y Negocios, comenzó a partir de un punto de inflexión personal: el diagnóstico de autismo de su hijo. Esto llevó a que la uruguaya decidiera formarse para reconectar con su nueva maternidad y que, en un contexto marcado por los altos costos de las terapias y los desafíos logísticos propios de una familia, comenzara a desarrollar en su propia casa dinámicas y juegos para darle más herramientas a su hijo.
“Me empecé a anotar a formaciones, a cursos, y diplomaturas, y empecé a hacer cosas en casa que eran súper rústicas, de cartón”, contó.
A partir de esa experiencia, otras familias comenzaron a interesarse por sus juegos y a consultarle por los productos que desarrollaba.
Fue entonces cuando su pareja, Sebastián Rosano, identificó el potencial de esas herramientas y la impulsó a dar el siguiente paso: transformar esas ideas en una propuesta capaz de ayudar a más personas.
Así, en 2020 comenzó a tomar forma la posibilidad de comercializar los juegos. En pleno contexto de pandemia, empezó la “bajada a tierra” de esas ideas, que todavía eran completamente artesanales. Sin diseñadores ni imprentas profesionales, Souto desarrolló los primeros prototipos con recursos propios y dedicación.
“Eran sumamente rústicos, pero les puse muchas ganas”, reconoció. Ese mismo año logró producir 35 juegos.
En los años siguientes, el emprendimiento comenzó a consolidarse. Participó en sus primeras ferias, donde incluso en una de ellas llegó a agotar stock, incorporó una imprenta para profesionalizar la producción y accedió al fondo Capital Semilla de ANDE.
Hasta ese momento, el crecimiento había sido sostenido exclusivamente con recursos propios, en una lógica de reinversión permanente. En un proyecto con múltiples costos y necesidades de producción, ese respaldo resultó clave para dar un salto en el negocio.
“El capital nos trajo un crecimiento y un adelanto de tiempo impresionante. Lo invertimos en el rediseño de los juegos y en el testeo”, detalló.
Con las piezas empezando a encajar, la emprendedora tomó una decisión clave. Hasta ese momento los juegos estaban pensados exclusivamente para personas neurodiversas. Sin embargo, tras un proceso de testeo, intercambio con especialistas y reflexión interna, optó por un cambio de rumbo.
“Nos parecía que limitarlo a un grupo iba en contra de lo que buscábamos. Si hacés un juego solo para una porción de la población, perdés ese afán más democrático”, explicó Souto. La conclusión fue clara: no querían promover un esquema en el que niños con autismo y niños neurotípicos jugaran por separado, sino generar propuestas que habilitaran espacios compartidos.
Ese giro marcó un punto de inflexión en el desarrollo del emprendimiento, que pasó a enfocarse en diseñar juegos para la convivencia.
“Creamos juegos de mesa para infancias, adolescentes y adultos, insumos para terapeutas y juegos para el aula, utilizando materiales sustentables y amables con el medio ambiente, los cuales vienen acompañados de apoyos visuales para que todos puedan jugar, sin importar su condición. Apostamos a que el juego no solo una, sino que transforme la manera en que nos relacionamos, convirtiéndolo en una herramienta poderosa para la convivencia”, contó sobre la actualidad del emprendimiento.
Hoy tienen más de 15 juegos en los que combinan formato de tarjetas, juegos con madera y tableros intervenibles.
Actualmente, Chinela cuenta con puntos de venta en distintos departamentos del país y presencia en librerías como Infantozzi y Puro Verso, además de su canal de venta online.
En paralelo, el emprendimiento fue diversificando su público y hoy sus principales clientes incluyen docentes que buscan incorporar el juego como herramienta pedagógica, familias y también personas dentro del espectro neurodiverso.
“Nosotros nos vemos con esta marca creciendo e incorporando personas neurodiversas al emprendimientos, además de crecer en producto. A futuro tenemos también la propuesta de incluir talleres para que los docentes tengan herramientas para crear sus propios insumos en clase”, adelantó la emprendedora sobre el futuro de Chinela.
Con el negocio en expansión, Chinela ya trabaja también en nuevas líneas de producto. Entre ellas, se destaca una apuesta por el desarrollo de juegos vinculados al patrimonio cultural, con proyectos en Colonia, Lavalleja y Rocha que incluirán tanto juegos como libros enfocados en la historia y la identidad local. A esto se suma la creación de propuestas centradas en Montevideo, como el reciente lanzamiento de un juego de detectives ambientado en el Palacio Salvo, que combina narrativa histórica con dinámicas lúdicas.
“Chinela nació para dar una oportunidad a todos, para conectar ambos mundos y quebrar barreras, para patear el tablero del no puede, es diferente y en ese proceso (re) descubrimos la fuerza de los momentos juntos, libres de pantallas y prejuicios. El emprendimiento a mi me salvó”, cerró la emprendedora.