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El gris montevideano calza de maravillas con el estado de ánimo de los uruguayos que, prendidos a la pantalla, siguieron el partido que terminó en un descolorido empate entre Uruguay y Cabo Verde. En Miami, el sol brillante no condice con lo que siente Gabriela Acevedo que atiende la llamada con su mejor sonrisa, a pesar del resultado.

El Mundial 2026 es el último de sus viajes por el fútbol. Es que el principal deporte uruguayo se convirtió en un aliado de su trabajo como artista y la fue llevando de mundial en mundial, con la pasión en la tribuna y la creatividad en la punta de sus dedos.

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Así fue como Acevedo aterrizó en Sudáfrica en 2010, ilusionada con vender obras para poder costear el sueño de su hijo de ver a Uruguay en un Campeonato del Mundo. “Era una locura, US$ 10.000 por persona”, recuerda.

Pero gracias a su rol al frente de la Asociación Uruguaya de Pintura y Escultura, el embajador en Sudáfrica, que conocía su obra, la invitó a hacer una muestra de raíces culturales: tango, candombe y fútbol en la sede del Mundial. “Ahí empecé a pintar más sobre fútbol y, me fue muy bien y a Uruguay le fue bien”, recuerda la artista que vendió “bastantes obras” en esa muestra que le permitiría continuar la travesía.

En tierras africanas, la poca cantidad de uruguayos hizo que pudiera estrechar su vínculo con los jugadores de la selección que la convirtieron en la artista de cabecera que pintaba desde la caras de los hijos de Diego Forlan y de Edinson Cavani hasta los cuadros que, años después, los jugadores le pedirían para inmortalizar los momentos más memorables de su juego en la cancha. “Imaginate a mis vecinos cuando Suárez y Cavani venían a buscar los cuadros a casa”, cuenta Acevedo.

“A partir de ahí, hice una muestra contando la historia de Sudáfrica en un mural de 80 cuadros”, recuerda la artista. Este mural que estuvo en el Museo del Fútbol, luego se volvió itinerante y pasó también por Punta del Este.

Pero para este Mundial 2026 Acevedo pensó en hacer “algo distinto” y así fue como comenzó a pintar balones de fútbol, unos sobre cada estrella obtenida por Uruguay en Campeonatos del Mundo, otros que retratan las Copas Américas y uno que se exhibió en Qatar motivado por el ganador del último torneo, Argentina.

También realizó otros ejemplares personalizados que fanáticos del deporte le pidieron para que ilustre sus escenas preferidas de equipos como Peñarol o Defensor en pelotas de fútbol. Incluso la Intendencia de Maldonado le pidió un balón que regaló al astro brasileño Ronaldinho.

Cada pelota intervenida vale alrededor de US$ 800, el mismo valor que un cuadro de 80x60 centímetros; “me lleva más que un cuadro que tiene el mismo precio”, indica Acevedo sobre el trabajo que le demanda pintar sobre un material distinto y en un formato que presenta más desafíos.

Monetizar el arte en tiempos de IA

Los cuadros ya casi no se venden en galerías y cada vez menos gente va a vernissages. “Hoy las vidrieras son las redes, porque las galerías fueron cerrando”, explica la artista.

“Antes yo pintaba cuadros y los entregaba a las galerías, ahora el artista no solo tiene que pintar el cuadro, sino que tenes que filmarte pintando el cuadro, subirlo a Instagram y venderlo por las redes”, describe Acevedo y confiesa: “Yo no soy influencer ni comerciante, soy artista”.

A pesar de que sigue vendiendo sus obras al mismo precio que antes, la artista revela que las cotizaciones en Sotheby's y Christie's evidencian que la gente invertía más en arte antes que en la actualidad. Esto también lo percibe en el interés de las nuevas generaciones que desembolsan su dinero en otras experiencias como viajes y no en colecciones de arte.

Una historia entre pinceladas

“Todas las madres piensan que sus hijos pintan precioso”, dice Gabriela Acevedo y es verdad, pero en su caso su madre vio en ella un potencial diferente y a los 10 años la presentó al taller de Edgardo Ribeiro— prestigioso artista y alumno de Torres García— que ofreció resistencia por incluir una niña en clases de adultos.

Sin embargo, su obra habló por ella. La mamá de Gabriela presentó su dibujo sin decir que era suyo y Ribeiro no tuvo más remedio que aceptarla. A partir de allí su crecimiento como artista sería exponencial. Para su cumpleaños de 15 no pidió una fiesta, “yo quería conocer a los impresionistas”, dice y así fue como viajó a París a ver de cerca la obra de Claude Monet y Pierre-Auguste Renoir.

Luego, un taller en Palma de Mallorca sería su objetivo de cada año y por el que trabajaba vendiendo obras para pagar el pasaje y poder ir a pintar allí cada verano cuando el receso académico se lo permitía.

Luego, Acevedo se dedicó al arte y a la docencia luego de culminar el IPA de Educación Visual y Plástica.

“Siempre me dediqué a la docencia y a la pintura en una época, entre los años 90 y 2000, cuando se vivía bastante bien del arte”, recuerda la artista que ahora se aggiorna a la nueva era de la comercialización de sus obras desde el otro lado de la pantalla.

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fútbol Gabriela Acevedo Mundial 2026

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