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Como decía Peter Drücker, liderar es generar y dirigir las energías humanas. En nuestros más de 20 años de investigación en Xn (¡y más del doble de experiencia!), hemos complementado esa cita de Drucker para hacer una definición más precisa: Liderar es generar y dirigir las energías humanas, logrando el compromiso, para alcanzar los resultados deseados.

El liderazgo, en esencia, es la capacidad de movilizar a las personas hacia un objetivo común. Para lograr resultados cada vez más desafiantes, se trata de cómo hacer que las personas se comprometan, se apasionen y den lo mejor de sí mismas. Aquí es donde entra el propósito genuino, una herramienta poderosa que no solo alinea a los equipos, sino que enciende la chispa que transforma el trabajo en algo significativo.

En esta columna quiero explorar cómo el propósito no es un concepto abstracto o una linda declaración en la pared, sino una práctica viva que los líderes pueden —y deben— integrar en su día a día para generar compromiso, pasión y resiliencia.

Un propósito como brújula y combustible

Un propósito genuino es mucho más que una meta o una visión.

Es el “por qué” o el “para qué” de la organización. Es lo que da sentido a cada tarea, cada conversación y cada decisión. Un propósito claro y auténtico se convierte en una brújula que guía a las personas y en el combustible que las impulsa, incluso frente a los desafíos más duros. Como dijo Nietzsche: “Quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”. Muchos jefes, al asignar una tarea, solo explican el “qué”, a veces el “cuándo” y quizás el “cómo” (cosa que no siempre debería hacer, pero eso será objetivo de otro post).

Pero muy pocas veces el “por qué”. Y ese es un grave error. Si lo que estamos queriendo es generar compromiso en las personas, nos estamos perdiendo la “herramienta” más poderosa. Un ejemplo menor, pero jugoso: “Estamos revisando este informe porque nuestro trabajo asegura que los clientes tomen decisiones informadas que mejoran sus vidas”.

Ese “por qué” conecta el esfuerzo individual con un impacto mayor, y eso cambia todo. Ese por qué muestra el sentido de la tarea y eso cambia completamente el contexto de lo que cada persona hace en su trabajo. Y cuando entienden el propósito detrás de sus acciones, el compromiso se dispara.

El propósito en el día a día del líder

El liderazgo con propósito no se limita a grandes discursos o estrategias de alto nivel. Su verdadera fuerza está en las pequeñas acciones cotidianas. Desde cómo seleccionamos a las personas hasta cómo las guiamos o las desarrollamos, el propósito puede estar presente en cada paso:

Selección de talento: Contratar o retener no solo por habilidades, sino por afinidad con el propósito de la organización. Es clave saber si la persona que estamos contratando (o que ya está en la organización) se alinea con el fin último de la organización: ¿Esta persona se emociona/rá con nuestro “por qué”? ¿Lo hará suyo? ¿Lo hace suyo? ¿Lo siente genuinamente?

Asingación de tareas: Explicar el propósito detrás de cada delegación, por mínima que sea. Cada tarea, proyecto o nueva responsabilidad es una oportunidad de reforzar el por qué. La consecuencia inmediata es la generación de compromiso porque la persona comprende las consecuencias de lo que se hace. “Esto que te pido no es solo una entrega; quizás para nosotros es una más. Pero para este cliente es vital”.

Feedback significativo: Usar el propósito como base para reconocer logros o corregir rumbos. En Xn ayudamos a líderes a tener estas conversaciones usando herramientas (la que más hemos divulgado le llamamos CCC – Contexto, Comportamientos y Consecuencias) donde es clave que el líder muestre las consecuencias específicas de los comportamientos de alguien. El cumplimiento o no del propósito, es una de las formas de mostrar esas consecuencias, lo que hace a la persona darse cuenta de su impacto (tanto positivo como negativo).

Conversaciones mínimas: Incluso en un “¿Cómo estás?” o un breve intercambio en el pasillo, el líder puede reforzar el propósito: “Qué bueno lo de ayer, eso que hiciste es justamente la esencia de lo que queremos”… y allí conectar la acción con el propósito.

Estas interacciones, aparentemente pequeñas, tejen una cultura donde el propósito no es un eslogan, sino una experiencia viva.

Lo que genera un propósito genuino

Cuando el propósito se integra en el liderazgo cotidiano, los efectos son profundos. Es una forma clave de hacernos ver que las personas no solo trabajamos por un sueldo; trabajamos por algo que nos trasciende.

En su libro “Algo más Grande. El poder del equipo para lograr lo imposible”, Gonzalo Noya explica este concepto: “En una organización con un propósito superior las personas desarrollan un sentido de pertenencia, se sienten orgullosas de integrarla, y su conexión es primero emocional y luego económica. De todas las personas exitosas que conozco, los más felices y más exitosos son los que están en las organizaciones por una razón más grande que ellos mismos. No los impulsa la necesidad o una relación de intercambio de beneficios. Los impulsa la pasión, algo mucho más profundo y más significativo. Sienten que lo que hacen, importa. Servir a un propósito versus a un resultado financiero es otro juego. Cuando se sirve a un propósito la organización se transforma en un lugar donde las personas sienten que contribuyen a algo superior y por lo tanto su compromiso es de otro nivel”.

Porque, en esencia, todos queremos ser parte de algo más grande. Cuando hacemos esa conexión, esto desata:

Compromiso: Porque sienten que su esfuerzo importa. Pasión: Porque conectan emocionalmente con lo que hacen. Orgullo: Porque son parte de algo valioso.

Atracción y retención: Porque los mejores talentos buscan lugares donde su trabajo tenga sentido.

Resiliencia: Porque, como decía Nietzsche, un “por qué” sólido les da fuerza para superar cualquier “cómo”.

En un mundo donde la desmotivación y el abandono silencioso (quiet quitting) son moneda corriente, un propósito genuino es el antídoto. Es lo que hace que las personas se queden, no por obligación, sino por convicción.

Recuerdo una conversación con un buen amigo CEO de una importante empresa, donde reflexionábamos sobre necesidad de “la felicidad” en el trabajo y coincidíamos en que el propósito es la fuente más importante. Decíamos que en las entrevistas de los aspirantes a ingresar a la organización, la pregunta clave a responder es si a la persona le apasiona el propósito, si lo entusiasma, si conecta personalmente con el fin último al que dedicamos todos nuestros esfuerzos. Porque al final de cuentas, el trabajo es parte fundamental de nuestra vida.

Una tarea significativa para cada líder

Si aceptamos que la misión de un líder es generar y dirigir la energía humana hacia resultados extraordinarios, entonces ignorar el propósito es como dejar una herramienta esencial en el cajón. No se trata de inventar un propósito grandilocuente, sino de descubrir el que ya vive en la organización y hacerlo tangible en cada interacción. Es un acto de valentía y autenticidad: ser el primero en creer en ese “por qué” y luego transmitirlo con consistencia. Liderar con propósito no es un lujo; es una necesidad. Es lo que transforma a un grupo de individuos en un equipo alineado, lo que convierte el trabajo en una fuente de orgullo y lo que asegura que los resultados no sean solo números, sino legados.

Así que, líder, la próxima vez que hables con tu equipo, asignes una tarea o des feedback, preguntate: ¿Estoy usando el propósito como mi herramienta? Porque cuando lo hagas, no solo dirigirás energía; la multiplicarás o, mejor dicho, en términos de Xn, la exponenciarás.

Temas:

Liderazgo Xn propósito

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