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Antes de asumir, el gobierno de Yamandú Orsi ya tenía su primera luz de alerta en un clima de negocios atravesado por el estancamiento de la economía. En enero del 2025 la multinacional japonesa Yazaki anunció el cierre de sus plantas en Las Piedras y Colonia. La empresa que empleaba a 1.200 trabajadores y llevaba 20 años en Uruguay pasó a concentrar sus operaciones en Argentina y Paraguay.

Un caso similar fue el de Fenedur, la firma de adhesivos que fabrica la marca La Gotita, que anunció en octubre el cierre de su planta en Canelones y definió también trasladar su producción a Argentina. El cierre afectó a 40 trabajadores de la industria química.

A estos casos se sumó la salida de Movistar propiciada por una estrategia global de la compañía Telefónica de replegar su avance en América Latina y centrarse en su operación europea. Esto llevó a que la telco pasara a manos de Tigo que la adquirió por US$ 440 millones e inició su actividad en el país en noviembre con una reestructura de las operaciones.

En los últimos días la cervecera Ambev – Cympay paralizó la actividad el Maltería Paysandú y envió al 90% de su personal a seguro de paro. ¿El motivo? Exceso de stock y la agresiva competencia de China en la región. Desde la empresa indicaron que los altos costos de producción y logística son los principales factores que lo llevan a volver a implementar esta medida que la empresa ya había adoptado en 2025.

Cierre y reestructura de tecnológicas

En noviembre de 2025 compañía Ultimate Kronos Group- conocida como UKG- sorprendió al informar a sus trabajadores el cierre de la operación en Uruguay. El cierre de la multinacional dedicada al desarrollo de software de gestión de capital humano fue el primer cimbronazo en el mundo tecnológico que hasta el momento miraba de lejos los layoff que se veían en las grandes empresas del mundo producto del avance de la inteligencia artificial y el ajuste de sus costos.

UKG empleaba a más de 300 personas en sus oficinas del LATU relocalizó su hub tecnológico en India.

En el mismo sentido procedió la multinacional alemana BASF que en febrero de 2026 anunció una reestructura global de sus operaciones y también decidió recortar su plantilla en Uruguay y abrir un centro tecnológico en India, donde los costos son sensiblemente menores y el talento tecnológico es cada vez mejor.

La empresa declaró que continuará con sus actividades en el país y que las áreas alcanzadas por la medida fueron, principalmente, las de Finanzas, Recursos Humanos y Logística.

Apenas unos días después, la tecnológica enfocada en la industria de viajes Sabre anunció una nueva reestructura de sus operaciones. Desde la firma que empleaba a 700 trabajadores indicaron a El Observador que su foco está en “impulsar un crecimiento disciplinado y sostenible a largo plazo” e hicieron hincapié en la relevancia de “los avances tecnológicos que impulsan al sector de viajes hacia el futuro, como la inteligencia artificial agéntica”.

Este sacudón en el mercado de trabajo provocó que el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo pidiera que se legisle para que las empresas que tomen la decisión de salir de Uruguay tengan que notificar previamente al gobierno de esta definición para que haya un mayor margen de maniobra de parte de las políticas públicas para contemplar a los trabajadores afectados.

Cómo perseguir la competitividad

Días atrás en el conversatorio “Uruguay en clave de futuro: desafíos económicos y oportunidades para la empresa” organizado por Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) , la asesora de la Cámara de Comercio, Ana Laura Fernández, se refirió a la necesidad de ir hacia un entorno de negocios más eficiente. Y apuntó que la alta burocracia estatal “es un costo invisible que pagan las empresas” y que se vuelve más pesado aún en las pequeñas empresas.

“Competir por precios con este peso tan grande de costos, cada vez se hace más complejo para las empresas uruguayas”, reflexionó.

En esta línea habló también de los cuellos de botella que limitan el crecimiento de los negocios y aseguró que la mejora de la competitividad es un tema de conversación permanente entre el gobierno y los empresarios.

Entre los escollos que visualiza la gremial empresarial se destaca el funcionamiento del mercado de trabajo, en particular, “cómo se da el proceso de negociación colectiva, cómo se dan los ajustes salariales, poniendo sobre la mesa cómo las mipymes participan en este proceso de negociación colectiva”, subrayó Fernández a propósito de las asimetrías que se ven entre las pequeñas empresas y las de mayor porte a la hora de hacer frente a las cargas salariales.

En este sentido apuntó también a la necesidad de que los ajustes salariales “comiencen a estar más atados o más cercanos a lo que es la realidad económica y la rentabilidad de las empresas”. Y señaló como problema el ausentismo laboral.

Por otra parte, desde la industria tecnológica, el presidente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), Amílcar Perea, señaló en entrevista con Desayunos Informales que los costos de los servicios del sector en Uruguay son equiparables a los de Alemania e iguales a los de la zona central de Estados Unidos. “Este tipo de empresas se deslocaliza muy rápido, hay que actuar rápido”, dijo Perea y apuntó: “tenemos que ser creativos, buscar políticas activas que eviten esto y cuidar a las empresas que generan empleo escuchándolas y buscando condiciones que puedan ser favorables”

Para eso el titular de la CUTI sugiere cambiar la matriz productiva en tecnología que hoy en día está 70% orientada hacia servicios para que pasen a generar producto con propiedad intelectual tengan más peso y, con ello, haya más valor agregado. “La IA hoy está en una fase temprana y nos está pegando, pero nos va a apalancar”, auguró.

Finalmente Perea señaló que la gremial empresarial tiene gran sintonía con el gobierno y que actualmente se está tratando la modificación de aranceles en la exportación de servicios a la región. Perea sostuvo que al exportar servicios a Brasil se cobra un 40% por este concepto y a Argentina un 31%, por lo que incentivar reducciones en este sentido también cambiaría la realidad de las empresas de tecnología uruguayas. “Si una empresa brasileña exporta servicios al Uruguay le retenemos un 10%, son 40 contra 10”, apuntó.

“Son el tipo de cosas que tenemos que pelear con uñas y dientes porque nos cambia la ecuación y le cambia la ecuación a estas empresas que se están yendo”, cerró el titular de la CUTI.

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