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Los pescadores artesanales y recreativos de la Isla de Lobos pueden ser un aliado clave para conservar el área, según un estudio de investigadores uruguayos y de la Universidad de Wageningen (Países Bajos) publicado en la revista Marine Policy. La conclusión llega cuando la isla, declarada Área Marina Protegida en 2024, todavía no cuenta con un plan de manejo.

El trabajo, realizado por el Centro Interdisciplinario de Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (CICADA), el CURE, la Facultad de Ciencias (Udelar) y la universidad neerlandesa, usó análisis de redes, una metodología que permite mapear cómo interactúan los distintos actores y componentes de un sistema. Con ese método, los investigadores armaron una red que conecta especies, usuarios e instituciones a partir de literatura disponible y entrevistas con autoridades, pescadores, mejilloneros y operadores turísticos.

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El resultado mostró que tanto los pescadores recreativos como los artesanales mantienen vínculos con una gran diversidad de especies, actividades y actores del área. Por eso el estudio los identifica como un punto de entrada valioso para aplicar políticas de conservación.

“Extraer peces o mejillones no es un problema si se hace de manera sostenible. Los ecosistemas conviven con nuestros usos”, señaló Federico Fraga, autor principal del estudio. “Gracias a su interacción con las especies, los pescadores tienen un conocimiento valioso y pueden aportar al manejo y monitoreo ecológico. De hecho, en varias partes del mundo, los pescadores participan activamente en iniciativas de monitoreo y conservación junto a las autoridades”, agregó.

En concreto, los pescadores pueden identificar especies, dar la alarma ante cambios en el área o reportar actividades no autorizadas. En la Isla de Lobos ya hay ejemplos: pescadores submarinos que comparten con la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA) registros de especies poco frecuentes o no observadas antes.

El análisis también encontró que las instituciones gubernamentales ocupan hoy un lugar periférico en la isla, con vínculos todavía limitados con pescadores y operadores turísticos. La gestión del área depende de la coordinación entre el Ministerio de Ambiente, la DINARA y el Ministerio de Defensa.

“Dado que el área protegida todavía está en una etapa incipiente de implementación, en la práctica no mucho ha cambiado”, dijo Fraga. “Eso da la oportunidad de aplicar los conocimientos que encontramos a la hora de hacer el plan de manejo”.

El estudio subraya la importancia del manejo participativo: que las instituciones integren a pescadores, operadores turísticos y demás actores en el diseño de las políticas del Área Marina Protegida. Las instituciones, a su vez, pueden aportar información, apoyo técnico y oportunidades de participación efectiva.

En el caso del turismo, las actividades mantienen una relación estrecha con especies como lobos y leones marinos, pero los vínculos con el Ministerio de Turismo aparecen como débiles, lo que sugiere margen para reforzar la coordinación.

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