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El 66% de quienes usan inteligencia artificial generativa en su trabajo lo hace por decisión propia, no porque la empresa se lo pida.

El dato surge de la Encuesta Nacional sobre Sistemas Digitales Avanzados y Trabajo, un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar) realizado en diciembre de 2025 a 702 personas ocupadas en todo el país mayor de 18 años.

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El relevamiento forma parte del proyecto de investigación La configuración del trabajo inteligente en Uruguay, desarrollado por el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales y financiado por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). La coordinación general estuvo a cargo de la investigadora María Julia Acosta, junto a un equipo de ocho integrantes. El trabajo de campo lo realizó Equipos Consultores mediante entrevistas telefónicas a celulares.

El hallazgo central marca una diferencia con cómo se incorporaron históricamente otras tecnologías al trabajo. A diferencia de los sistemas digitales que las organizaciones bajaron desde arriba, la IA generativa entra por la iniciativa de quienes trabajan. Cuando el estudio habla de IA generativa se refiere a herramientas como ChatGPT, que producen textos, imágenes o respuestas a partir de una instrucción del usuario.

Entre quienes ya la usan, solo el 13% dice hacerlo por un requerimiento de la empresa o empleador, y un 8% adicional la usa a pedido de clientes, proveedores o por normas aplicables.

El informe explica que la apropiación nace en la práctica cotidiana, vinculada a resolver problemas concretos antes que a procesos formales de difusión organizacional.

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La investigación enmarca esto en el concepto "bottom-up", una expresión en inglés que significa "de abajo hacia arriba": la experimentación individual de cada trabajador precede, en muchos casos, a que la empresa formalice o regule el uso de la herramienta. Es lo contrario al camino tradicional, en el que una organización decide incorporar una tecnología y luego la distribuye entre su personal.

Cuánta gente la usa y para qué

El uso de IA generativa todavía no es masivo.

La utiliza con frecuencia –de forma diaria o semanal– el 20% de las personas ocupadas, y un 34% la usó alguna vez en su trabajo.

Dentro de ese grupo, los usos más frecuentes en los últimos 30 días confirman su carácter práctico. El 83% la empleó para buscar información y resolver problemas, el 56% para redactar textos o documentos, el 42% para analizar datos e informes y el 37% para crear materiales visuales. Programar o depurar código –escribir o corregir las instrucciones que hacen funcionar un programa– aparece más abajo, mencionado por el 15%.

Consultados sobre qué aspecto de su trabajo cambia más al usar estas herramientas, los usuarios mencionan en primer lugar la velocidad (67%), seguida por la creatividad o las ideas que surgen (46%), la organización de las tareas (34%) y la necesidad de revisar o corregir lo que produce la IA (22%).

Satisfacción alta y un acompañamiento que no llega

Entre quienes la usan, la valoración es elevada: el 74% se declara satisfecho o muy satisfecho con la IA generativa en su trabajo, y la cifra trepa al 91% entre quienes la usan todos los días. Las posiciones de insatisfacción son marginales: apenas un 5%.

El estudio aclara que estos números corresponden solo a usuarios y no al conjunto de la población ocupada. También advierte que pueden reflejar un efecto de autoselección, es decir, que quien adopta la herramienta por su propia voluntad tiende también a valorarla bien, lo que no necesariamente representa a quienes todavía no la probaron.

Que la decisión de usar IA generativa sea individual convive con un déficit en el acompañamiento de las organizaciones. Apenas el 16% de las personas trabajadoras reconoce que en su lugar de trabajo existen políticas o guías específicas sobre el uso de IA, y solo el 18% recibió capacitación para usar estas tecnologías. En concreto, la herramienta avanza por iniciativa de la gente más rápido de lo que las empresas la regulan o la enseñan.

El informe de la Facultad de Ciencias Sociales señala que esta distancia entre la expansión del uso y el desarrollo de marcos para gestionarlo puede reforzar la responsabilidad individual: cada trabajador queda librado a su criterio para decidir cómo y cuándo usar una tecnología que su organización no terminó de incorporar formalmente.

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