20 de julio de 2026 10:46 hs

Rodrigo Rodríguez, Felicia Millán y Belén Vianna cursan sexto de ingeniería en Artigas, son menores de edad y ya generan ingresos con inteligencia artificial. Este año montaron una agencia de desarrollo de software para empresas y Chispa, una aplicación para docentes que ya tiene 90 clientes pagos y suma dos por día.

El grupo viene de años de competencias de robótica, trabajando codo a codo con docentes. En sexto año se quedaron sin torneos por la edad y decidieron dar el salto al campo laboral. Ahí armaron Ta, su agencia de desarrollo de software.

El problema que atacaron con Chispa lo tenían enfrente. "Nuestro coach de robótica, aparte de ser coach, es docente, tiene más clases", cuenta Felicia. Como vieron que a los profesores no les sobra el tiempo para corregir escritos o poner notas, "horas que no son pagas y que les toma bastante", se les ocurrió esta iniciativa.

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"Ta es la agencia donde las empresas nos hablan y solucionamos problemas operacionales, de finanzas, de gestión de trabajo", explica Rodrigo. De ese frente, dicen, sale la mayor parte de sus ingresos: son varias las empresas que los contrataron para resolverles problemas concretos.

Chispa, en cambio, nació de un trabajo de liceo. "Le preguntamos a la IA y nos planteó esto de cómo pensar como un docente en la era actual, que no tiene el tiempo para hacer las cosas ni el conocimiento de la tecnología para aplicarla al 100%", recuerda Rodrigo. De ahí salió la idea de una herramienta a medida del aula.

La aplicación funciona con una suscripción mensual de 100 pesos. Hoy la usan 90 docentes y, según cuentan, se suman por lo menos dos por día.

Chispa, una IA "con los pies sobre la tierra" para docentes

Chispa funciona con el formato de un chat, parecido a ChatGPT: el docente escribe lo que necesita y la herramienta responde. Le puede preguntar cómo enseñar un tema en sexto y recibe una idea de planificación con los recursos para llevarla al aula.

Esos recursos van desde un juego online que Chispa programa de cero, para que los alumnos se unan y jueguen, hasta la planificación armada en Word, lista para imprimir o mandar a dirección. También propone formatos de evaluación para clases numerosas, de hasta 40 alumnos.

La comparación que más usan es con Canva. "Aunque lo pagues, tenés que saber usarlo. Y lo que te hace Chispa es básicamente un Canva sin tener que usar Canva, ni pagar Canva, ni saber cómo usarlo", resume Rodrigo. La idea, dicen, es concentrar en un solo lugar lo que hoy ofrecen Canva o Genially, y gratis.

El ahorro de tiempo es el dato que más destacan. Planificar una clase puede pasar de tres horas a 15 o 30 minutos, aseguraron. Belén cuenta el caso de una profesora de Literatura a la que una consigna de apariencia simple le había llevado tres carillas de planificación. "Chispa te hace eso bastante rápido", apunta Felicia.

Ante la pregunta de por qué usar Chispa y no ChatGPT o Gemini, la respuesta es que está pensada solo para docentes y para la educación uruguaya. "Es una IA muy con los pies sobre la tierra", define Rodrigo. Tiene cargados archivos de ANEP, contempla las ceibalitas y las tablets, y permite imprimir los recursos para llevarlos a clase.

La plataforma suma un portafolio con almacenamiento sin límite, la opción de planificar la semana con IA y un marketplace donde los docentes pueden vender sus planificaciones a otros y generar ingresos. El objetivo, repiten, es que sea accesible para todos.

Los usuarios son en su mayoría de Artigas, donde hicieron la mayor difusión, pero también hay docentes en Montevideo, Canelones, Salto y Rivera. La meta que se pusieron es llegar a 1.000 docentes antes de fin de año, aunque reconocen que 500 "ya es un montón".

El capítulo de la privacidad lo trabajaron desde el arranque. Dicen cumplir con la ley uruguaya de protección de datos personales, la 18.331, y con encriptación. Empezaron a construir Chispa en mayo, en plena ola de filtraciones de datos del Estado. "Hay datos de menores, hay pruebas de menores, y eso es lo que más protegemos", cierra Rodrigo.

El trabajo de montar una emprendimiento

Como son menores, la parte administrativa la manejauna empresa de Artigas cuyos dueños son los padres de Belén. Les dieron el lugar para trabajar y se encargan de los impuestos y de los pagos. "Es como un mayor que nos represente al equipo, porque nosotros somos menores todos", detalla Felicia.

Insisten en que es una empresa configurada, no un simple proyecto escolar. El respaldo también llegó desde arriba: "Incluso la presidenta de Ceibal ha publicado sobre nosotros y nos ha felicitado", dice Rodrigo. El grupo viene de trabajar en un Ceilab y hoy tiene su propio laboratorio de tecnología.

¿Cómo trabajan? Se juntan los lunes de 2 a 6 de la tarde y el resto se coordina por videollamada, con un monitoreo constante del uso y los errores. "Aparte de ser compañeros de trabajo, somos amigos", dice Belén, y por eso tienen dos grupos de WhatsApp: uno para la amistad y otro solo para el trabajo.

No lo viven solo como negocio. "Es reconfortante que nuestros docentes de este año usen Chispa para planificar y que nos feliciten, porque sienten que es una herramienta para ellos", dice Rodrigo. Y admiten que, a futuro, vivir de la aplicación "también es algo positivo".

De cara al futuro, cada uno arrancará una rama distinta de la ingeniería —Rodrigo apunta a sistemas; Belén, a una orientada a la biología; Felicia, más al hardware— y podrían terminar estudiando en Rivera, Montevideo o Fray Bentos. Aun así, quieren sostener el proyecto: por ahora, ninguna empresa privada se les acercó para trabajar en conjunto.

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