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934 horas, 37 minutos. Esto es lo que le reporta el iPhone de Javier Borkenztain en pantalla en un solo día.

¿Cómo es posible que le reporte el tiempo en pantalla en un día 934 horas cuando en realidad el día tiene 24?

"Obviamente esto es un bug de iPhone, pero de alguna manera es una aproximación para entender como todo lo que hace mi agente en iPhone, el sistema lo entiende como que estoy trabajando un día 934 horas", indicó.

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Javier es secretario de la Cámara Fintech y cofundador y CEO de Fiter, una empresa especializada en soluciones de banca abierta y servicios financieros basados en el software de código abierto. Pero lo que tiene para contar es que creó junto a su equipo un agente de inteligencia artificial bautizado Obi que piensa, decide y actúa con el contexto completo de una organización.

Lo que arrancó como un experimento interno hace unos meses ya se vende como producto: tiene sus primeros cuatro clientes en Uruguay en solo dos meses y negociaciones avanzadas con otras firmas que ven en la solución una herramienta para impulsar su trabajo cotidiano.

De asistente personal a producto

Obi nació para resolver un problema concreto del propio Borkenztain: coordinar una empresa con clientes y equipos repartidos en varios países. Fiter, la firma que ofrece soluciones de código abierto a bancos y fintechs en distintos continentes, necesitaba un sistema que centralizara información dispersa y la entregara cuando hiciera falta. Hace varios años que el equipo viene trabajando con inteligencia artificial puertas adentro, adoptándola en chats, herramientas de documentos y resúmenes de reuniones. El salto fue cuando empezaron a construir agentes propios.

El agente funciona como un "Chief of Staff". "Es un asistente personal que lee tu correo, que puede entrar a tu sistema financiero, que puede sacar reporte, que te puede dar información con contexto y en el momento que sea relevante. Y además actuar, salir a hacer cosas. Básicamente piensa, decide y actúa con el contexto de tu organización", resumió el emprendedor en diálogo con El Observador.

Todos los días, Borkenztain recibe un parte automático con el estado de los proyectos, las cobranzas y las ventas. A diferencia de un chatbot genérico, Obi no responde con información estática: trae datos de la propia empresa y ejecuta acciones. Emite facturas, contacta proveedores, manda recordatorios, agenda reuniones, baja transcripciones y genera resúmenes que distribuye al equipo.

La integración técnica se resuelve de dos formas. "Hay una etapa de configuración inicial, de consultoría, que puede ser leyendo directamente los sistemas", explicó Borkenztain. La otra vía es más simple: cada agente tiene su propio correo y los sistemas del cliente le mandan reportes diarios —por ejemplo las facturas por cobrar— que Obi procesa para devolver el informe financiero armado.

Borkenztain dio un ejemplo concreto. Cuando alguien le escribe interesado por Obi, le saca una captura de pantalla al chat y se la manda al agente. "Obi agarra e inmediatamente saca de esa captura de pantalla, crea la oportunidad en el CRM, le manda un correo para pedir una reunión, me agenda la reunión y, una vez que hacemos la reunión, baja la transcripción, le manda un correo con el resumen y deja informado a todo el equipo cómo viene la oportunidad", detalló.

Otro agente paralelo monitorea las oportunidades abiertas y envía recordatorios. Un tercero gestiona cobranzas: "A los clientes que me están debiendo facturas o que tienen facturas por vencer, les manda un recordatorio para pagar", explicó. La interacción con el sistema se hace por canales convencionales: Slack, WhatsApp o un chat propio de la plataforma. "La velocidad es como chatear con una persona. Estás chateando una cosa y te está respondiendo", describió.

OpenClaw, nichos chicos y seguridad en tres capas

Lo que habilitó el salto "agéntico" fue OpenClaw, una herramienta de código abierto que se hizo popular en 2026 sobre la que Fiter construye su flota de agentes. Para Borkenztain, su impacto es histórico: "Lo dijo Jensen Huang, el CEO de Nvidia: OpenClaw es el iPhone de la inteligencia artificial. Lo que se va a empezar a construir ahora es una etapa nueva. Apareció OpenClaw, y OpenClaw es la herramienta para construir agentes".

El paralelismo, para él, es literal. "Si no hubiera existido Linux, Google no hubiera existido. Porque si Google tenía que armar todo su sistema operativo pagándole licencias a Microsoft por Windows, no lo hubiera podido hacer. Pero como estaba Linux, se pudieron construir su propio sistema operativo. Esto es un poco lo mismo", comparó. El primer Obi lo armó él mismo, en una Mac Mini que se compró para el experimento.

Pero, un gigante tech ¿podría crear lo mismo y arruinarle esta idea? El experto habla de la importancia en esta época de la especialización en nichos donde el conocimiento específico sea difícil de copiar. Significa, según él, en entender un problema concreto mejor que el resto. Fiter ya lo hizo antes. Tomó un sistema bancario abierto pensado para microbancos rurales en India y lo adaptó hasta escalarlo a bancos grandes en otros mercados.

"Una empresa puede crear todas estas herramientas, pero nosotros lo hacemos de manera que sea fácil para la empresa adoptarlo, integrarlo, y además le damos una parte de consultoría para bajarlo a tierra", graficó.

La seguridad del sistema se organiza en tres niveles. El primero es la infraestructura, ya que todo funciona en una nube privada y auditada de Amazon. El segundo es el control de accesos, donde se gestionan contraseñas y permisos para limitar quién puede entrar y qué puede hacer. Y el tercero es la seguridad de la propia inteligencia artificial: ahí se aplican medidas para evitar ataques como la prompt injection, que es cuando alguien intenta engañar a la IA con instrucciones para que revele información o haga algo indebido, además de controles para limitar qué datos puede compartir y reducir errores o respuestas inventadas.

Sobre ese último punto, Borkenztain fue claro: "La alucinación viene porque le estás pidiendo una respuesta muy abierta. Pero si le das contexto, la alucinación baja". Por eso cada Obi se configura con conexiones específicas a los sistemas del cliente vía API o MCP, los protocolos pensados para que los modelos hablen con software empresarial.

Hoy Fiter tiene cuatro clientes en dos meses. Una sola publicación en un grupo de WhatsApp de empresarios despertó 25 interesados. Los clientes actuales no son fintechs: hay empresas de servicios industriales, de aduana y cargo, e importadores. El equipo que desarrolla Obi también es global: ingeniería en Uganda, su socio en Australia, los primeros clientes en Uruguay. "Para mí no es solo Uruguay. Uruguay están los primeros clientes que confiaron, pero la oportunidad es global", afirmó.

Para Borkenztain, el impacto en la productividad personal es medible. "Si en cinco minutos puedo transcribir 10 reuniones que duraron una hora cada una y entender lo importante de cada una, imaginate la productividad que tengo", dijo.

A nivel laboral más amplio, anticipó que el efecto no será necesariamente despidos, sino freno a nuevas contrataciones y reducción de la jornada. "Lo que va a terminar pasando es que la jornada laboral se va a reducir un montón. La automatización que se viene a la escala que se viene es infernal. El problema que vamos a tener ahora va a ser el ocio. ¿Qué hacemos con el tiempo libre?", planteó.

La era agéntica, según su lectura, cambia la naturaleza misma del software. "Lo que vas a estar usando no va a estar prediseñado, se va a crear en la necesidad. Imaginate que estás queriendo cruzar un arroyo y el puente se te va a armar debajo de tus pies a medida que vas dando los pasos. Eso es lo que está pasando a nivel de software", cerró. Esos son los agentes y el futuro (o presente) de la IA.

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Inteligencia Artificial

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