En los últimos tiempos La Cretina se ha transformado en un lugar de referencia para la escena teatral de Montevideo. Una propuesta singular que reúne dos lugares de encuentro por excelencia: teatro y bar. Este espacio, que se define como Casa de Arte y Aparte, es una sala de espectáculos que no se agota en el boliche en el que se puede tomar algo a la salida de cada función, ni en las exposiciones fotográficas que van alternando periódicamente, ni en el patio que a la noche congrega a más de uno para conversar, mientras se escucha música en vivo y se levanta la copa a la luz de la pantalla que proyecta una película de Jodorowsky, Pasolini o Buñuel. La Cretina es todo eso y mucho más.
En sus comienzos, hace ya 7 años, se habló de la sala como un espacio del circuito off, un lugar alternativo o under, para referirse a su marginalidad con respecto a los espacios comerciales, pero en la actualidad ya no son necesarios los adjetivos: La Cretina ha sabido consolidarse como una sala de teatro con todas las letras.
Un accidente fortuito, el cobro de un seguro y la ganas de llevar adelante un emprendimiento propio lo animaron a Federico Guerra a fundar este espacio en 2018. No está solo en la aventura, desde sus inicios lo acompaña el actor y director Fernando Amaral. Ambos están al frente de este proyecto que nació como un experimento y se volvió hogar: un teatro-bar-galería enclavado en el corazón de Montevideo. Antes ya habían trabajado juntos, pues el Grupo Cretino precedió al local, y habían protagonizado varios espectáculos en otras salas; Soledad Frugone, Pablo Robles y Adrián Prego son algunos de los integrantes de aquel elenco original. Desde el comienzo se propusieron desmarcarse de lo convencional y apostaron por la escena independiente, el humor corrosivo y la convivencia de distintas disciplinas artísticas, prueba de ellos son las muestras del Foto Club que los acompaña desde el primer día. Por las tablas de este espacio multicultural han pasado obras de teatro, recitales de varias bandas, exposiciones de arte y milongas que semana a semana resisten al olvido al ritmo del 2x4. Con la sala renovada, suben el telón para reafirmar su espíritu irreverente.
El festival cretino
Durante dos semanas, La Cretina abre sus puertas con una programación intensa que incluye obras de teatro, música en vivo, cine, intervenciones plásticas y la participación de varios artistas de Uruguay y la región: “Todo lo que pasa habitualmente acá, pero concentrado en pocos días”, aclara Amaral.
En el marco de la renovación de la sala, esta primera edición del festival nace como un gesto de celebración y reapertura, lo que reafirma su rol como plataforma para la producción cultural. En palabras de sus responsables: el bar, que hace las veces de pulmón económico del proyecto, es lo que permite la circulación de distintas propuestas artísticas. “El festival se hace a puro pulmón. Es gracias al bar, a la comunidad que se ha formado alrededor de La Cretina, que este lugar se mantiene vivo, porque sacando de ahí es que vamos invirtiendo en la mejora de la sala”, señaló Guerra en el lanzamiento del evento. Los organizadores agradecieron especialmente a sus proveedores y destacaron que Cofonte es uno de los pocos apoyos que los ha acompañado a lo largo de los años, junto al fondo Nuestra Dramaturgia, para obras de autor nacional. “A pesar de que algunas obras tuvieron ese incentivo, este festival no cuenta con ningún apoyo, ni estatal ni municipal”, subrayó Amaral.
A pocas semanas de cumplir 7 años, La Cretina tiene muchos motivos para festejar. La sala se renovó exclusivamente para el festival: cambiaron las butacas, se reubicó la cabina técnica (con el esfuerzo económico que esto implica para un grupo independiente) y se hicieron reformas en el escenario, que ahora ganó en profundidad. Pero el festival también es la excusa para hacer un repaso por el repertorio del grupo; es por eso que la programación incluye piezas ya conocidas por el público —como la reposición de Snorkel, ópera prima de Guerra que en 2011 le valió el Premio Florencio Revelación— junto a nuevas obras del mismo dramaturgo, como es el caso de Las cosas que mueren, que se estrena este viernes 25 y tendrá otra función la semana que viene, un espectáculo que toca temas profundos y que, en palabras del autor, “más que de la muerte habla del proceso de vivir”. A estos títulos se suman las reposiciones de Doña Ramona, Cretinos, Jirafas y gorrioneb, espectáculos que en su momento marcaron la cartelera y a los que vale la pena acercarse nuevamente.
La apertura del festival se realizó el martes pasado con La verdad efímera, a cargo de un amigo de la casa: el argentino Santiago Gobernori, dramaturgo vinculado a distintos proyectos de la escena experimental porteña. En los próximos días será el turno del actor Gustavo Garzón, quien presentará en exclusiva su trabajo más reciente, Buscando a Shakespeare, coproducido por Inglaterra y Argentina, justo antes de que el gobierno de Milei recortara los fondos para la producción audiovisual en su país. Este documental sobre Shakespeare se estrenó en abril en el Bafici y el 3 de agosto tendrá su primera proyección en Uruguay. Luego de la película —y haciendo gala de uno de los sellos más distintivos de La Cretina: el encuentro entre realizadores y público— Garzón conversará con los espectadores sobre el proceso de filmación y las conclusiones a las que llegó mientras transitó esta búsqueda. El próximo fin de semana será el turno de otro plato fuerte de la programación, La canción final de Freud, que ya agotó entradas y debió agregar nuevas funciones: desde Rosario, llega el Dr. Chinaski con un espectáculo performático que combina monólogos sobre psicoanálisis con música en vivo a cargo de Los Bardos.
Cada jornada se compone de un espectáculo principal y el after show musical, con copa de cortesía incluida. A continuación de cada función habrá una propuesta musical en vivo (Lobo Núñez, Los Bosques, Hagopian-Irigoyen-Arenas, entre otros); luego, la noche estará a cargo del DJ de turno (Paola Dalto, Mandinga, Calientacama, y largo etcétera) que invitará a disfrutar de su música en el hall o el patio.
La grilla suma casi treinta propuestas, entre los espectáculos en el escenario, los after show y los DJ’s. “Contamos con una cartelera más que interesante para que esto explote. Estamos convencidos de que es la primera edición del festival, pero habrá próximas”, destacaron Amaral y Guerra. No hay dudas de que, desde el primer aplauso hasta el último trago en el bar, cada momento promete reflejar esa energía descarada que convierte a La Cretina en un lugar de encuentro y construcción de comunidad artística. Un desafío colectivo y cultural que ha sabido mantenerse por varios años y que merece ser celebrado.
La Cretina. Soriano 1236 esq. Carlos Quijano
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Por más información: @lacretinacasa y 098 123 698