¿Pensás que tocando la guitarrita, cantando, vas a arreglar este quilombo?

La voz femenina suena en Tu cara de culo, una de las canciones del último disco del argentino Emmanuel Horvilleur, y si bien la línea tiene un tono juguetón que va en sintonía con el discurso sensual del tema, bien podría ser una pregunta para el propio cantante. Y el respondería que sí: que confía que este quilombo llamado mundo se puede arreglar con música.

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Horvilleur llega a Montevideo a presentar Mi año gótico, el disco que salió de esas ganas de hacerle frente a la realidad oscura con un álbum plagado de canciones para bailar. El funk estalla en este nuevo trabajo del argentino, disco que además fue nominado a los Latin Grammy a mejor álbum de pop/rock. La cita uruguaya para escucharlo será este sábado 3 de octubre en la Sala del Museo.

Sobre Mi año gótico, lo que dejan esas canciones, su amor por el baile y la última etapa de los Illya Kuryaki & The Valderramas —el icónico dúo que mantiene con Dante Spinetta y que se reflotó en 2025—, Horvilleur habló con El Observador.

La última vez que estuviste en escenarios uruguayos fue en marzo, en el Cosquín Rock, con Illya Kuryaki. ¿Qué te da la alternancia entre el trabajo con Dante, luego de la vuelta en 2025, y tu proyecto solista?

Me viene la palabra "divertirme". Me parece divertido entrar de un mood al otro, de un sentir junto a Dante y junto al público que se acerca a los shows de Illya Kuryaki y a otro diferente como es el plano solista. Me divierte, me gusta, me gusta ponerme en ese personaje de Kuryaki que exige también toda una cosa muy física respecto al tipo de canción, al tipo de movimiento, a también lo que uno canta, que es diferente. Capaz en mi carrera solista canto un poco más melodías y es un poco más pop el sonido, un poco más cool. En Kuryaki hay una cosa más aguerrida, hay que salir a romper. La voz hay que acostumbrarla a esos cambios, pero está buenísimo y la verdad que nunca lo habíamos hecho. Nunca habíamos tenido etapas en donde podíamos conciliar Illya Kuryaki con nuestras carreras solistas. Y creo que llegó el momento en el que lo estamos haciendo de manera natural y está bueno.

También te refresca, ¿no? El cambio.

Totalmente. Está buenísimo entrar y salir de los proyectos, y todo este año fue así. La gimnasia de entrar y salir de los proyectos también lo mantiene a uno bien activo en cuanto a la cabeza, y me salen canciones que siento que son medio Kuryaki para mi faceta solista. Me divierte.

Venís a presentar Mi año gótico. Entiendo que el título fue una de las primeras cosas que apareció y que respondía un poco al vínculo que tenías con el contexto, con la situación del mundo. ¿Cómo es eso?

Un día, no me acuerdo bien cómo, apareció el título. Tenía algo como de título de libro. Y me gustaba eso, me gustaban las imágenes que en mi cabeza se disparaban con ese título. Porque tenían que ver con que la humanidad está atravesando momentos que son muy darks. Y la tecnología te acerca a esas cosas, te acerca a las guerras, a las decisiones políticas, a tantas cosas que pasan todo el tiempo, al punto de que uno dice, ¿no habíamos evolucionado un poco como sociedad para estar incurriendo siempre en cosas más injustas y más deshumanizadas? Todo eso me hizo llegar a ese título de Mi año gótico. Y a la vez el disco no transita esos ritmos, esa música, es un disco mucho más luminoso, mucho más bailable, transita más esa cosa funky del R&B, del pop, lo que me gusta a mí. Me gustó también contraponer mi música con algunas letras que van por otro lado, no son totalmente luminosas.

Más allá de eso, el funk tiene siempre una especie de vibra que funciona como antídoto casi inmediato para disipar la niebla.

Sí, pero siempre me gustó que haya artistas, no sé, como Prince, por ejemplo, que musicalmente te dicen eso y la letra tiene cierta oscuridad, ciertas historias que no son totalmente luminosas.

Lo que está claro es que es un disco súper bailable. ¿Qué lugar ocupa el baile en tu vida?

Me encanta. Poner unos buenos temones para bailar, sacar afuera y transpirar es como un exorcismo. En un momento lo hacíamos mucho en mi casa junto a Eva, mi pareja, que es bailarina. Inclusive aprendí cosas de las coreografías que me re costaban.

¿Sos más duro de lo que pensabas?

Sí, soy muy duro. De hecho, cuando hicimos el video de Yo soy la disco, para el que hubo que aprenderse una coreo, uy, me re costó. Soy mucho mejor bailando cuando voy tirando lo que me sale de la cabeza. Ahí empecé a valorar mucho más a los bailarines que se aprenden una coreo, inclusive a los cantantes que cantan y bailan al mismo tiempo, a todas las chicas del pop que lo hacen muy bien.

¿Y disfrutás más bailando o haciendo bailar?

Me gusta bailar con el público, como si estuviésemos bailando juntos. Eso me encanta. Pero también me gusta mucho eso que se da en los shows, ese meneo que se genera con mi música. No es una explosión de baile, sino más como un groove que vas sintiendo. Eso me encanta también.

En la canción Tu cara de culo entra una voz femenina que dice: "¿pensás que tocando la guitarrita, cantando, vas a arreglar este quilombo?". La pregunta es: ¿en algún sentido todo este quilombo en el que estamos podría, efectivamente, arreglarse tocando la guitarrita y cantando?

Creo que si no creyéramos eso no tendría sentido hacer lo que hacemos. Es decir, capaz vivimos en un pedo de fantasía, pero ese pedo de fantasía ha llevado al mundo a tomar consciencia. No sé, desde la época de los Beatles, de Lennon, saliendo en el año 72 diciendo "no a la guerra". Es un poco la manera que tenemos de hacerlo. Más allá de que capaz después viene un político y baja una ley con la que vende todas las tierras de tu país, o uno que dice le hace la guerra a un país que no le gusta y lo borra del mapa en seis meses. Pero bueno, yo tengo esas herramientas. También tengo herramientas más civiles como poder votar, pero si no creyéramos en ese poder que sentimos que tenemos, no tendría sentido hacer lo que hacemos. Por más de que después no pase nada. Hay mucha gente que piensa que los artistas son unos boludos, pero creo que una canción muchas veces puede cambiar las cosas.

¿Ha cambiado con el paso de los años el lugar de donde salen las canciones? ¿O sigue siendo una búsqueda que mantiene la línea de los lugares que solés transitar?

En muchos momentos me veo como el tipo que vino acá en el año 94, al camping de La Barra, que tenía un cuaderno y que escribió mi nombre es Culero Connor, soy cruza de potrillo y de perro. Bueno, sigo teniendo ese cuaderno y sigo escribiendo cosas que me van pasando por la cabeza y algunas evolucionan, algunas tienen el swing natural y rápido de ser una canción, otras estoy años para hacerlas canción. Pero me sigue estimulando y emocionando la búsqueda y estar atento a cosas que puedan surgir.

Mi año gótico está nominado a los Latin Grammy a mejor álbum pop/rock. Cuando supiste la noticia dijiste que la nominación "representa un reconocimiento enorme al trabajo detallado y libre que significó hacer este disco”. ¿De qué se trata esa libertad?

Creo que obedece a los propios deseos de uno con la música. Creo que es una época de muchas tendencias, y uno a veces a algunas se sube, como esa cosa de los featurings, que está de moda y que en el disco hay algunos. Pero creo que sigo siendo un tipo que es honesto con lo que le gusta dentro de la música y que busca por esos lugares. Desde ese lugar creo que soy libre, no tengo miedo a mezclar estilos musicales y formas de llegar a la canción, o formas de hacer canciones. No sé, creo que eso es la libertad un poco, seguir haciendo lo que a uno le gusta.

La libertad de ser fiel a uno mismo. Que a veces no es tan fácil en esta industria.

Se nota mucho a veces en los pibes más jóvenes. A veces les cuesta volantear, irse para otros lados. Y las tendencias en esta época también duran poco, entonces cambia todo muy rápido y algunos quedan un poco con la brújula media rota. Y eso es una lástima porque las carreras musicales son muy largas si uno tiene la cabeza más o menos clean para poder allanarse el camino.

Temas:

Emmanuel Horvilleur Sala del Museo Música Montevideo

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