La fecha está marcada y es un punto de inflexión: 28 de diciembre de 1895. Ese día, los hermanos Auguste y Louis Lumière pusieron a funcionar su cinematógrafo ante el público del Grand Café de París y empezó la historia del cine. Es bastante sabido que sucedió así, y que los espectadores quisieron salir despavoridos en cuanto se proyectó Tren llegando a la estación un mes después, entre otras peculiaridades de los albores del séptimo arte. Lo que no es tan conocido, sin embargo, es que apenas un año después esos mismos rollos y el cinematógrafo de los Lumière viajó hasta Uruguay para una serie de proyecciones especiales. Proyecciones que, en 2026, están de aniversario redondo.
Este sábado 18 de julio se cumplen 130 años de la primera exhibición de cine en Uruguay, y para conmemorar la fecha habrá varias actividades entre las que se encuentran funciones de cine recuperado, música en vivo, teatro, exposiciones y más. Es, también, una instancia ideal para volver hacia atrás y recordar la forma en la que esa situación inédita —y bastante a la vanguardia artística global, a decir verdad— terminó gestándose en un salón del Montevideo de fines de 1800.
Esa primerísima primera función tuvo lugar en el llamado Salón Rouge, que estaba ubicado sobre la calle 25 de Mayo de la capital del país. Fue en ese lugar donde se utilizó el cinematógrafo de los hermanos Lumière por primera vez, en un espacio que funcionaba en la planta baja de la residencia de Matilde Regalía, heredera de la familia Montero, y su esposo, Germán Roosen. Hoy en día, esa casa es el edificio donde funciona el Museo Romántico - Casa Montero, que será el sitio donde se harán las actividades conmemorativas este sábado.
Regalía fue una entusiasta de lo que por entonces era una nueva forma de espectáculo que llegada desde Europa, y que en Uruguay estuvo ligada en sus inicios a la reunión de recursos para obras de beneficencia. La familia habitaba la planta superior del edificio y los espacios de la planta baja se alquilaban para distintos emprendimientos comerciales. La aparición del cinematográfico en su casa, sin embargo, tuvo que ver directamente con un empresario llamado Charles Ètienne, un representante de los hermanos Lumière, que se instaló en un local comercial en Museo Romántico.
Museo Romántico - Casa Montero
Georgina Torello, doctora en Letras por la Universidad de Pennsylvania, e investigadora especializada en cine silente uruguayo, explica a El Observador que el cinematógrafo llegó a "un público local para nada ingenuo, que tenía una cultura visual considerable".
"(El público uruguayo) estaba familiarizado, para poner ejemplos bien emblemáticos, con las proyecciones de linterna mágica (el aparato más cercano al proyector de los hermanos franceses), pero también con las filmaciones que, a partir de 1894, se habían difundido con el Kinetoscopio de Edison, de visionado individual. Si queremos imaginar el público de ese 18 de julio tenemos que pensarlo como ya entrenado. De hecho, las películas Lumière fueron recibidas como "maravilla" (una palabra que se lee a menudo en los documentos de época), pero no como novedad", asegura.
Para ella, en esa situación se dan dos procesos "que no se excluyen": "por un lado, la 'llegada' Lumière, habría que pensarla como continuidad, como parte de un desarrollo tecnológico en curso, del que Uruguay participó como consumidor casi 'en directo'. Por otro lado —y allí cabe la idea del 'hito'— tener en cuenta que con esa primera proyección, todas esas tecnologías que estaban en la vuelta (linterna, kinetoscopio, fotografía) confluyeron en lo que, a partir de ese momento, se empezaría a configurar como el espectáculo que conocemos hoy. Y eso sí modificó, radicalmente (aquí y en el mundo) los hábitos, las producciones, los relatos", indica Torello.
En ese sentido, la primera proyección tiene una importancia futura para el cine uruguayo que, en sus palabras es más "lineal, sinuoso y discontinuo".
"Esa llegada no instaló de la noche a la mañana la idea de cine que tenemos hoy. En los inicios, y por algunos años, las proyecciones formaron parte de otros entretenimientos afirmados entre la población, como las zarzuelas o los espectáculos de variedades. Digamos que el cine se colaba donde podía. Solo hacia la segunda mitad de la primera década del 1900 el cine empezó a tener cierta autonomía, es decir, se comenzaron a inaugurar salas específicas, a tener espacio en las revistas como actividad, etc. La proyección del 18 de julio funciona como mojón a posteriori, pero solo a partir de ella es posible hoy construir parte de nuestra memoria visual."
Una fecha nuestra
En el marco de estos festejos, la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU) junto al Museo Histórico Nacional y la Mesa Interinstitucional de Patrimonio Audiovisual —una agrupación que involucra a varias instituciones como la Universidad de la República, Cinemateca Uruguaya, la Comisión de Patrimonio, la Universidad Católica del Uruguay y la Academia de Cine, y más— proponen una serie de actividades en la misma sala donde hace 130 años sucedió aquel primer evento.
Lo primero será una proyección de cine silente que durará aproximadamente 20 minutos, lo mismo que en su edición original. Lo que se proyectará no será el material de los Lumière, sino una selección de títulos patrimoniales cedidos por las instituciones de la Mesa Interinstitucional de Patrimonio Audiovisual, actividad que tendrá una introducción de parte de Torello. Las obras exhibidas serán musicalizadas simultáneamente con piezas especialmente creadas para esta actividad por la pianista y autora Carmen Pi en el piano histórico de la Casa Montero, que pertenece al acervo de musicología.
Más tarde habrá una visita guiada a la Hemeroteca del museo, una muestra de objetos de la historia de la cinematografía que pertenecen al Museo Histórico Nacional, una obra de teatro breve narrada a través de la fotografía montevideana a cargo del Centro de Fotografía de Montevideo y una cámara oscura.
"Esta fecha es emblemática por lo que tiene de apropiación: nos sitúa en el cruce entre un pasado visual eminentemente importado y su recepción nacional", dice Torello, en la previa al aniversario.
"Tiene que ver sí con el invento Lumière, pero más con nuestra propia historia. Es nuestra fecha. La de nuestros primeros públicos, la que impulsa nuestras primeras reflexiones sobre el medio, que fueron muchas y muy articuladas. En esta línea pensamos el programa del evento: como ocasión para ver fragmentos de películas silentes uruguayas, para focalizar no tanto en lo que pasó ese día (que se reprodujo en todo el mundo más o menos igual), sino como excusa para ver algo de lo que se produjo en nuestro país a partir de esa llegada. En síntesis, para ver los efectos de esa primera función en el tiempo y de lo que, efectivamente, nos apropiamos como sociedad, de lo que hicimos con eso", concluye.