Fue algo personal. O sea, tomé esa decisión por varias cosas. Entre ellas, la carrera de actuación, que exige un cierto perfil. No necesariamente significa que si no tenés ese perfil no vas a trabajar. Pero me gustaba la idea de estudiar más, tener más tiempo para actuar. Si bien el programa eran dos horas por día, hay un desgaste físico y mental. El stream no parece, pero estar ahí todos los días era un desgaste muy, muy grande, porque todo el tiempo en tu mente estás buscando como hacer reír, tener algo para decir, es muy, muy cansador. Vos me ves al aire dos horas, pero después hay cosas que se preparan en casa, y uno tiene que estar dispuesto todos los días. Yo no sé si estaba tan dispuesta de nuevo un año más a hacerlo. Me hubiera gustado seguir quizás una vez por semana, pero no llegamos a un acuerdo, no coordinamos, entonces tomé la decisión de dejar Olga.
¿Te llegaste a cansar de vos misma?
Sí, no me quería escuchar más. Creo que está bueno cansarse de una misma de vez en cuando. Si no se vuelve muy narcisista todo. También es una profesión que te exige amarte, y yo la verdad es que no sé si estaba en ese lugar todos los días. La verdad que no sé si tengo ganas de escucharme. A veces no tenía nada para decir, terminaba diciendo pavadas. Se está cayendo el mundo a pedazos y vos estás hablando de qué posición es más cómoda para dormir. Y no me pintaba, la verdad. Todos los días al menos no.
¿Te empezó a costar el estar expuesta todo el tiempo?
Exacto. Convivir todo el tiempo con tu voz. Y también con la imagen que ese ambiente te devuelve, ¿no? No sé si estaba tan copada ya.
¿Y cuáles son tus planes a partir de ahora, volcarte definitivamente a la actuación?
Sí, estudiar más. Sobre todo actuación ante cámara. Yo hice teatro, pero ahora empezaron a aparecer estas oportunidades de hacer series, salió Amor Animal por Prime Video el 20 de marzo, que fue mi primera experiencia y me vi, y si bien hay escenas que me gusté, hay escenas que dije “tengo que estudiar” (risas). Fue algo nuevo y gigante. Es algo que tenía pendiente, y cuando se dio fue tipo “¿cómo me enfrento a todo esto?”. Lo logré, tuve buenas devoluciones, pero también te enfrentás con una imagen que te exige otras cosas. Es una exposición que me gusta más que la del stream, porque me escudo en un personaje y en un proyecto que es más grande que yo, que mi nombre.
¿Tenés también ganas de hacer proyectos personales, como hiciste con la obra Pará desquiciada?
A mí me encanta el arte colectivo y también me gusta tener algo para decir yo y defender mi propia visión de las cosas. Pero lo colectivo me encanta y también estudio arte por eso, porque hay un otro con el que puedo trabajar. No estoy sola, creyendo que lo que yo pienso es lo mejor. Siempre está la mirada de un otro, los límites del otro. Me parece importante eso, mantener las dos cosas.
¿Y cómo te llevás con la escritura de estos proyectos más personales?
Es horrible (risas). Porque todo el tiempo te juzgás. Ahora estoy intentando empezar a escribir con otras amigas, nos juntamos en un café, yo te cuento un poco de lo que estoy haciendo, vos me contás un poco de lo que estás haciendo y nos damos un punto de vista
¿La vida cotidiana te inspira para ese proceso, como pasó con tus personajes en redes?
Sí, mis amigos están cansados ya de que los agarre para eso. De repente estoy hablando cosas con ellos y digo, “pará, esto. Dijimos algo muy, muy gracioso”. Entonces lo grabo. De hecho te diría que mis videos más favoritos son los que salen así como más espontáneos, de acabamos de decir una guarangada entre los dos. Y mis amigos son todos muy graciosos, muy actores, por más que no se dediquen a eso, y se prestan al juego. Pero sí, la vida cotidiana y la observación y la contemplación me parecen fuentes de inspiración también muy auténticas y verdaderas.
Además de que la vida es, aunque sea de forma involuntaria, muy graciosa.
Y por eso a la gente creo que le gusta, o al menos los números lo dicen, lo que hago en redes. Para mí Dios se está cagando de risa con las cosas que nos pone a vivir, a veces digo, “esto lo escribió alguien, no puede ser así”.
¿Cuándo te empezás a dar cuenta que con tu trabajo de actuación, con las redes, está pasando algo?
Antes de persona, soy actriz. Y me peleo un poco con la palabra influencer, porque yo no sé si quiero influenciar a alguien. O al menos no es la intención. No soy ejemplo de nada. También lo que pasa es que toman tu historia y la convierten en una historia de superación. Que sí es verdad, que hay un valor en sí. Que yo realmente vengo de Piedras Blancas, de laburar en McDonald's, no tenía un mango, comía muy poco por día. Pero aún así yo no soy ejemplo de nada y porque yo exista no quiere decir que todos los que sean pobres y todos los que tengan sueños van a poder. Tampoco quiere decir que no van a poder. Pero no soy un ejemplo. Y a veces siento que para este mundo capitalista en el que vivimos los relatos como el mío sirven para justificar eso de “si vos querés podés”. Y yo no creo eso. Yo tuve un montón de suerte. Y yo cumplo con un montón de cánones, a esta industria le sirve que yo llegue, que mi relato sea viral. Entonces no quiero ser ejemplo de nada, no quiero influenciar a nadie. Si algo de lo que hago te sirve a vos, joya, usalo, pero mi intención no es influenciar. Mi intención es tratar de vivir lo mejor que puedo, tratar de ser buena persona, tratar de hacer mi laburo lo mejor que puedo.
¿Y tu familia siempre te bancó en tu intención de actuar, o apareció eso que aparece muchas veces del “te vas a morir de hambre”?
Una de mis hermanas en particular me dijo “te vas a morir de hambre”. Y yo le dije, “ya conozco el hambre” (risas). Pero no, mi madre nunca me juzgó con ninguna decisión que yo haya tomado, y vaya que he tomado malas decisiones a lo largo de mi vida. Pero nunca hubo dudas. Y siento que soy un poco brujita en el sentido de que confío mucho en mi sentir. Antes de razonar lo que estoy sintiendo, confío mucho en la sensación de que “es por acá”. Y voy a poner todo lo que esté a mi alcance, todas las herramientas que tengo las voy a poner a disposición para que esto se acerque demasiado a lo que yo quiero.
¿Cómo te llevás con la viralidad, con la exposición?
Por momentos te genera mucha ansiedad, por momentos sentís una presión de “tengo que decir algo importante”, aunque al toque me bajo de esa. Lo que también te pasa con la exposición es que los éxitos se ven y los fracasos también. Tenés que estar dispuesta a nivel psicológico de recibir que hay cosas que uno hace que son fracasos, que es natural y que es normal. Hago terapia ya hace cuatro, cinco años. Y me intento mantener con los pies sobre la tierra. Siempre que vengo a Uruguay voy a Piedras Blancas, donde vive mi mamá. Ese barrio es mi infancia. Charlo con la Yeye, que es una amiga de la infancia, que ni en pedo tiene la realidad que hoy en día yo tengo. Charlo con mis hermanos, que tienen laburos normales. Es todo muy normal en mi familia. Nunca es como “¿Me conseguís un saludo de Luquitas Rodríguez?” Es todo muy chill. Y lo mío es tan importante como lo de mi hermana que labura en un call center. Quiero que así sea siempre. Es un trabajo. Privilegiado, por supuesto. Pero es un trabajo.
¿Te interesa también empezar a venir más seguido a partir de ahora, desarrollar proyectos tanto en Argentina como en Uruguay?
Sí, amo Uruguay. Me encanta venir. Es mi casa. Yo llego acá y algo se regula a nivel emocional. En Argentina a veces las cosas se están prendiendo fuego, y aunque también la siento como mi casa, es otra cosa. Me di cuenta de que amo a los dos lugares. Es como te decía antes, siempre supe que iba a vivir en Argentina. Siempre, siempre. Ni siquiera la había pegado, pero yo sabía que en algún momento iba a vivir en Argentina. Pero acá lo que me pasa es que se me regula todo, veo a la familia, no hay locura, no hay medios, no hay egos, que por ahí en Argentina tenés que lidiar más con todo eso. Me gustaría ser tan importante acá como en Argentina. Como Natalia Oreiro.
¿Más allá de la cercanía cultural, sentiste el shock de mudarte a Buenos Aires?
El primer año allá tuve ataques de pánico todos los meses. Fue jodido. Y por momentos me da miedo salir. Pero me gusta mucho Buenos Aires porque es una ciudad viva. Todo el tiempo están pasando cosas, todas las cosas que están pasando son importantes. Hay cosas que vos decís, “esto es imposible que tenga público”, vas y hay 500 personas. La gente ama vivir a pesar de las crisis, de las tristezas, a pesar de que ahora tienen un gobierno muy violento.
¿Qué proyectos tenés por delante?
Se viene en un par de meses Carísima, que es la serie de Caro Pardíaco, que va a salir por una plataforma de streaming muy importante, de las internacionales. Ahí tuve la suerte de interpretar a un personaje importante. Es una serie de humor, entonces me moví en terrenos más cómodos. Me sentí muy cómoda y pude jugar mucho a la hora de filmar. Después tengo proyectos de hacer contenido de viajes en redes, y a mitad de año se estrena mi próxima obra de teatro. También quiero estudiar y voy a grabar una serie vertical acá en Uruguay, que es algo con lo que estaba medio negada pero quiero probar. Es una serie de terror, que grabamos en abril.