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Quienes fueron parte de sus conciertos dicen que lo de la Orquesta de Instrumentos Autóctonos y Nuevas Tecnologías (OIANT) se acerca más a un ritual que a un espectáculo musical. Y sus responsables están de acuerdo con ese enunciado. Fundada en el año 2004 por su actual director musical, el maestro Alejandro Iglesias Rossi, y su directora de Artes Escénicas y Visuales, Susana Ferreres, esta orquesta vinculada a la Universidad Tres de Febrero funciona de forma singular: todos sus integrantes cumplen un triple rol obligatorio que los pone en el lugar de luthiers, compositores e intérpretes. Todos investigan los instrumentos que tocan, y todos, además, están convencidos de que la misión central del proyecto es una: rescatar del olvido a la música autóctona del continente.

Ese trabajo se extiende a la formación universitaria. En la Untref, Iglesias Rossi y Ferreres llevan adelante la Licenciatura en Música Autóctona, Clásica y Popular de América y también la maestría en Creación Musical, Nuevas Tecnologías y Artes Tradicionales, cursos que desde la pandemia, por otro lado, pueden hacerse de forma remota.

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El valor patrimonial del trabajo musical de la OIANT, además, ha generado que desde hace algunos años se guarden archivos de audio de sus composiciones en la Global Music Vault, un proyecto albergado dentro del Arctic World Archive. Esta es una cápsula del tiempo subterránea construida a cientos de metros bajo el permafrost del archipiélago de Svalbard, en el Círculo Polar Ártico, dentro de una antigua mina de carbón abandonada en una montaña noruega.

En el marco de ese ejercicio que ya llevan adelante desde hace veintidós años, la OIANT se ha presentado en varios escenarios del mundo y a fines de junio tendrá lugar su visita al Uruguay. El miércoles 24 de junio, por ejemplo, se proyectará en la Sala Lazaroff el documental Música para un futuro ancestral, que cuenta la historia del proyecto, sumado a un conversatorio y a una muestra de instrumentos (con entrada libre y gratuita). El jueves 25, en tanto, tendrán un encuentro con docentes, estudiantes y egresados de la Facultad de Artes de la UDELAR, y el viernes 26, a las 20, será el concierto de cierre en la Sala Vaz Ferreira ubicada en la Biblioteca Nacional, también con entrada libre.

Antes de la llegada de la orquesta a Uruguay, el maestro Iglesias Rossi habló con El Observador sobre las características de su orquesta, la forma de trabajo en el proyecto y la importancia que tiene para él descolonizar la música del continente.

¿Se puede decir que el combate contra el olvido es la principal motivación de este proyecto?

Sí, porque además el olvido rara vez es aleatorio. O sea, hay un deseo de dejar de lado ciertos parámetros culturales, en este caso los instrumentos autóctonos de América, y eso viene de un pensamiento colonial.

Se trata, en algún punto, de descolonizar la música.

Descolonizar la música es, por un lado, recuperar los instrumentos olvidados por una cierta visión hegemónica del mundo, pero no solamente eso, porque en el ámbito de la música la pérdida de los enfoques globales abarcan todo. En el mundo de hoy tenés un compositor que no es intérprete, un intérprete que no es compositor. La importación del saber se da en un constructor de instrumentos, que no es compositor ni intérprete, porque nadie espera que un guitarrista haga su guitarra, sino que la encargue a un luthier o la compre en una casa de música. A su vez, el compositor, por supuesto, no construye instrumentos. Luego tenemos los musicólogos, los etnomusicólogos, que trabajan en el campo, pero que, por supuesto, no componen. Hay una compartimentación del saber. Lo que nosotros hacemos es que todos los miembros de la orquesta tienen que haber ido buscar esos instrumentos a Mesoamérica, o en el caso de instrumentos que hayan sido descontinuados, ir a los museos. Los músicos de la orquesta aprenden a construir esos instrumentos, a tocarlos, a componer para ellos, a presentarlos en concierto para que estén nuevamente en el tejido del arte contemporáneo, y por último, enseñándolos a nuevas generaciones para que se sepa que la música es un área cultural y espiritual fundamental. Eso rompe con esa visión de la compartimentación del saber. Cuando creamos la orquesta en el año 2004 hubo que hacer todo desde el principio porque no había repertorio. Lo que hoy, más de 20 años después, hace que nosotros podamos hacer conciertos solistas, conciertos de cámara, conciertos de la orquesta completa, conciertos con orquesta sinfónica inclusive. Y por otro lado, hay un parámetro más, que es saber dónde está uno. El pensamiento colonial dice que todo lo que viene del norte es lo que realmente importa, que en América no pasó absolutamente nada. Y nosotros pensamos completamente diferente.

Desde su concepción, ¿lo espiritual es indivisible de la música?

Sí, y en nuestro caso la música es un camino de conocimiento, si no es simplemente entretenimiento. Las estructuras tradicionales supeditadas a una preestructura espiritual, como la poesía, como como las artes plásticas, son caminos de conocimiento. Y estos instrumentos son producto de fuerzas telúricas.

El documental se titula Música para un futuro ancestral. De alguna manera es una declaración de intenciones que apunta a que el futuro, en algún sentido, está en nuestro pasado.

Absolutamente. Y creo que fue genial la idea del cineasta que realizó la película, Nacho Garrassino, de ponerle ese nombre, porque ese es el trabajo de la orquesta. Tenemos muy claro que si una rama no está atada a un tronco, sus raíces van a durar muy poco. Sin embargo, esa savia que viene de esas raíces y que se manifiesta en las ramas, es imbatible. Nosotros vemos que somos ramas de esa tradición que nos sobrepasa completamente y tratamos de cumplir la misión de preservarla lo más humilde y creativamente posible. Ese tronco espiritual que esta música transmite es inderrotable a través de los siglos.

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Música Uruguay orquesta Udelar

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