A veces una casualidad saca a la superficie algo que estaba ahí sin que fuera obvio. Porque fue casualidad que en cuestión de unas pocas semanas se reeditara y quedara disponible por primera vez en plataformas el primer disco que Fernando Cabrera grabó en su vida, con el grupo MonTRESvideo; que saliera un libro sobre el proyecto que integró después, Baldío; que saliera un disco de versiones de algunos de sus clásicos a cargo de una banda que está al menos dos generaciones por debajo del cantautor; y que se publiquen los primeros adelantos de otro álbum, que saldrá completo en diciembre y reúne a 19 artistas de altísimo perfil, entre uruguayos y extranjeros, versionando al artista del Paso Molino.

Cuatro eventos independientes y a la vez conectados entre sí. Cuatro eventos que ponen el foco en distintas facetas, momentos y versiones de un artista inclasificable, que todavía carga con algunos prejuicios y etiquetas de parte del público general, pero que a la vez es parte del canon musical uruguayo.

más Noticias

En el año que Cabrera cumple 70 (eso sucederá en diciembre), esta casualidad ilustra una puesta en valor de su obra por parte de colegas de distintas generaciones y procedencias, el redescubrimiento de algunas de sus etapas menos conocidas, y una revalorización de sus canciones, que en algunos casos, son más apreciadas y celebradas que su propia figura.

Nylon y acero

Antes de empezar su andadura como solista a mediados de la década de 1980, Fernando Cabrera comenzó a despuntar su rol como compositor, músico e intérprete en grupo. El primero de esos proyectos fue MonTRESvideo, que conformó junto a Andrés “Pacho” Martínez y Daniel Magnone.

Los tres venían del mundo de los coros, una procedencia que se hace patente en los arreglos vocales del trío, pero después cada uno traía sus referencias propias y aportes a la sonoridad de la banda, explica el periodista y músico Mateo Magnone (hijo de Daniel). Cabrera traía el gusto y el conocimiento de la música brasileña, Martínez elementos del folclore uruguayo, y Magnone apuntes de jazz y rock. Todo eso pasaba por el filtro acústico de MonTRESvideo.

“En paralelo a eso, Cabrera se seguía formando como músico. Él había estudiado en el Conservatorio Universitario (la actual Escuela Universitaria de Música de la Universidad de la República), aunque ya lo había dejado, y se había formado con Federico García Vigil. Para el momento de MonTRESvideo, estaba estudiando con los musicólogos Coriún Aharonian y Graciela Paraskevaidis”, agrega Magnone.

En el disco del trío, inscripto en la tradición de la música popular uruguaya aunque imbuido de un espíritu renovador en la línea de Los que iban cantando y otros proyectos de ese momento, ya hay algunas canciones que con el tiempo se convertirían en esenciales del repertorio de Cabrera, como Agua, además de peculiaridades como una versión de Dedos, el clásico de Tótem.

El álbum estaba en YouTube, aunque su calidad no era la mejor. De ahí que se decidiera volver a presentarlo en plataformas, con un trabajo de remasterizado y la inclusión de seis canciones extra. Para Magnone, “estas reediciones y proyectos vinculados son oportunidades de redescubrir esa etapa de Cabrera y al resto de músicos que lo acompañaban en esos proyectos. Él siempre aclaró que no era el líder de esos grupos, que era un integrante, aunque era el compositor principal, y es el que tuvo la carrera más reconocida. Pero es una buena forma de ir a sus inicios, y entender los caminos que terminó siguiendo, es la iniciación de su identidad”.

Para terminar de captar ese retrato hay que seguir con Baldío, el grupo que integró después, donde cambió la guitarra criolla de cuerdas de nylon por la eléctrica y sus cuerdas de acero. Con referencias más internacionales y contemporáneas como el sonido de The Police, de esa etapa son canciones como Méritos y merecimientos y Desbordando barrios.

Aunque Baldío (el proyecto y el disco homónimo) fueron un fracaso desde el punto de vista comercial, tuvieron un núcleo de admiradores que hasta hoy lo sigue considerando un evento clave en la historia musical montevideana, como un proyecto fundamental que retomó la línea que ya desde los 60 trataba de cruzar los sonidos tradicionales de esta tierra con la estética y las referencias de la música pop de la época.

En ese núcleo estaba y está el escritor Luis Fernando Iglesias, autor de un flamante libro sobre Baldío que es parte de la colección Discos, de la editorial Estuario. “Fue una injusticia lo que le pasó a Baldío”, considera. “Ojalá esto lo repare, pero lo importante es que genere una revalorización y un descubrimiento del proyecto y su disco. Porque es un disco que quedó a la intemperie”.

Esa afirmación se deduce con la lectura del libro, y la comprensión de que en un momento en el que la música uruguaya se manejaba en una lógica de tribus enfrentadas entre sí, los artistas que no tenían la intención de cavar su trinchera de un lado o el otro —fuera el del rock o el del canto popular— era mirados con recelo por todos. Tocar la guitarra eléctrica te convertía en un imperialista vendido al sistema para unos, usar elementos de la música tradicional uruguaya te convertía en un anticuado.

Había mucho más recelo entre corrientes. Le pasó a Baldío, le pasó a Eduardo Darnauchans, a Jorge Galemire. El que logró trascender esa división fue Jaime Roos, también por los temas que trataba en sus canciones. Era una época además marcada por el fin de la dictadura y lo incierto de ver donde estábamos pisando, con la herencia de la censura”, agregó Iglesias sobre las causas del fallido de Baldío.

Lo que permite revisitar esa etapa, considera, es notar que Cabrera “fue siempre un creador muy original, que pasó todo por su propio tamiz, en sus temáticas y en su sonido. Lo notás en canciones de Baldío como Estás acabado Joe, donde la referencia de los Beatles de la etapa de Revolver pasa por ese filtro, y con Méritos y merecimientos que es una milonga y a la vez no. Baldío fue un gran semillero, todos sus integrantes tuvieron grandes carreras, cada uno desde su lugar, y tanto Baldío como MonTRESvideo fueron plataformas para lo que Cabrera hizo después como solista”.

En una entrevista con Brecha a propósito de estos nuevos acercamientos a esas dos obras, el propio Cabrera dijo “me gusta mucho el espíritu de esos años, no solo el de las canciones en tanto resultado, sino la actitud en la composición, el lugar donde estaba parado. Me conforta mucho lo que hicimos en ambas bandas. Cuando uno integra una agrupación musical, se juega ahí algo democrático, porque los aportes son de todos, hay una suma de aportes, que es lo que hace también que los resultados sean más interesantes, más ricos que cuando se trabaja solo”.

Cabrera en todos

Allá por 2008 o 2009, Fernando Cabrera dio un show en La Trastienda de Buenos Aires. Antes de esa presentación, en una entrevista con un medio argentino, el periodista le comentó que a su entender, era uno de los secretos mejor guardados de la música uruguaya, y le preguntó por qué había demorado tanto en presentarse con frecuencia al otro lado del Río de la Plata.

Cabrera le respondió: “¿Y qué apuro había?”.

Para la cantante y representante del cantautor, Lea Bensasson, esa respuesta es un reflejo de la forma en la que Cabrera encara su trayectoria. “Él tiene un manejo del tiempo y un devenir de los días muy calmo y muy a su aire, no tiene ningún apuro de nada, nunca. Y es buenísimo eso porque genera una obra que es única”, explica.

Bensasson se declara admiradora de Cabrera, antes incluso de trabajar con él. “Su obra es una bandera de Montevideo, y no está siendo vista por el mundo porque Cabrera ha salido poco de Uruguay. Recién en los últimos tiempos, en su mega adultez, está saliendo con frecuencia, y creciendo mucho, sobre todo en Argentina”, agrega.

En 2020, con la inspiración del disco de versiones de Jorge Alastra Una de Cabrera, Bensasson comenzó a proyectar el álbum Cabrera en mí, que se publicará completo a comienzos de diciembre, pero que en estos meses irá publicando distintos adelantos (de los que ya hay dos publicados). El álbum se compone de 19 versiones, cada una interpretada por un artista diferente.

La lista de artistas que participan en el proyecto incluye a Ney Matogrosso, Jorge Drexler (cuyas versiones ya se han publicado), a No Te Va Gustar, Joan Manuel Serrat, Julieta Venegas, y a Andrés Calamaro, y tiene como productores a Francisco Fattoruso, Martín Buscaglia y al brasileño Sacha Ambak.

Para Bensasson, el proyecto tiene dos objetivos, uno hacia adentro de Uruguay y otro hacia afuera. En este segundo sentido, Cabrera en mi busca proyectar la obra del artista montevideano fuera de fronteras más allá de que a lo largo de los años trabajando juntos, la manager se encontró con que artistas de distintas generaciones conocían y eran admiradores de su obra, o que ante cada visita de figuras ilustres como Serrat, Cabrera era convocado como invitado.

Para los uruguayos, el objetivo es reflejar para el público general lo que los músicos uruguayos ya conocen: el valor y la calidad de la música de Cabrera. “Es un fenómeno que sucede como por debajo y lo sabemos los de la industria musical, lo sabemos los que estamos atentos a eso, pero Doña María no lo sabe. Que las canciones de Cabrera han impactado a otros artistas de acá y de afuera”, cuenta.

“Cabrera es para pocos y siempre va a ser para pocos, eso siento yo”, opina. “Pero la obra de Cabrera es para todos. Vos agarrás una canción de Cabrera pelada con la guitarra, tocás los acordes como en el campamento, e igual la canción sale a flote. Él tiene su sofisticación artística, elegancia y sobriedad y todo un lenguaje minimalista y un trabajo entre lo que hace con la guitarra eléctrica y la voz en sus propias canciones, que es de su universo y es hermoso, pero que a veces no llega al ciudadano común. Entonces mi intención es que el ciudadano común entienda por qué Cabrera es grosso, y entienda por qué lo admiran tanto”.

El ejemplo, plantea Bensasson, es lo que pasó con Serrat luego de que fuera convocado a participar en el disco. El español no solo grabó su versión en seis días, sino que en un momento tuvo un gesto que para la mánager refleja el lugar que ocupa Cabrera en el panorama de la canción: “Estábamos articulando las autorizaciones, la parte legal del asunto que es engorrosa, y no dábamos con respuesta de Serrat al respecto de su autorización para poder publicar. Y un día estoy caminando por Montevideo, me suena el celular y era Serrat. No lo podía creer. Me dijo: ‘mira, no me interesan los sellos de grabación, los papiros para firmar, a mí todo eso no me interesa, sacámelo de encima, yo te voy a mandar por correo una carta que dice que esto que hice es un regalo mío para Fernando Cabrera, y que él con eso puede hacer lo que quiera. Te mando un beso grande’ y cortó. Y llegó el sobre nomás”.

"Cabrera es nuestro"

El pasado 14 de agosto, el proyecto Bolsa de naylon en la rama de un árbol publicó el EP de seis canciones Cabreras improbables. La cara sonriente del músico mira desde una portada colorida, lisérgica. El grupo creado por el músico Diego Cotelo incluyó en este trabajo seis versiones de Cabrera, entre las que se cuentan La casa de al lado, El viento en la cara y Te abracé en la noche.

El vínculo entre Cabrera y Bolsa ha sido prolífico, con shows conjuntos, e integrantes del grupo acompañándolo en sus espectáculos. Un vínculo que para Mateo Magnone es ilustrativo del destaque que las nuevas generaciones de músicos y espectadores uruguayos le dan a Cabrera, atraídos por el cruce entre lo popular y lo clásico que hay en su música.

Esa renovación generacional, apunta Bensasson, mantiene a Cabrera “en el pelotero de su obra, jugando con mucha alegría con compañeros nuevos”.

“Su combustible es ese, que sus canciones siempre están vivas, y le va sumando las nuevas. Él no busca que pase eso, que sus canciones sean revisitadas todo el tiempo, es para él una sorpresa. Imaginate sorprenderte todos los días de tu vida, es un estado de ánimo hermoso”, agrega. “Por que cuando sos compositor, que alguien versione un tema tuyo es como que te cuide un hijo. Más si no lo esperaste y nunca trabajaste para eso”.

Para el periodista Ignacio Martínez (autor, por ejemplo, de un libro sobre el disco Fines de Cabrera), la revalorización de su obra por parte de las generaciones más jóvenes empezó en el rock nacional, que durante mucho tiempo lo rechazó.

La banda La Trampa lo convocó en 2005 como productor de su disco Laberinto. “Garo Arakelian (guitarrista de La Trampa), como fan de Cabrera lo tomó como algo natural, pero el bajista, Carlos Ráfols, que venía de la banda ADN, del rock posdictadura, lo sentía como una rareza”. Otro ejemplo son las versiones que hicieron bandas como La Triple Nelson de La Casa de al lado (que tiene más reproducciones que la original), o cuando No Te Va Gustar lo invitó en 2007 a tocar El instrumento, de Darnauchans, versión registrada en el disco en vivo TaN.

Hay una cosa del rock uruguayo diciendo ‘Cabrera es nuestro’, cuando antes era un universo separado. También pasó en Argentina que se lo empezó a destacar”, considera Martínez. “Ya venía pasando, y ahora se terminó de concretar. Esas versiones de Bolsa de naylon, bailables, son como una ‘falta de respeto’ pero en el mejor de los sentidos”.

Para Luis Fernando Iglesias, hay un nuevo acercamiento a la obra de Cabrera, nacida de que su carrera tuvo un crecimiento muy paulatino que ahora se traduce en estos gestos. “Está teniendo más reconocimiento acá y afuera, aunque siempre lo tuvo de parte de los músicos. Cabrera es un músico de músicos, y eso se refleja en la cantidad de versiones de sus canciones que se hacen. Es algo que lo sorprende incluso a él, le parece increíble entrar a YouTube y que siempre haya alguna nueva”.

En esa línea, Mateo Magnone recuerda una frase humorística del cantautor. “El bromea (aunque no tanto) y dice ‘ahora hay gente que canta bien mis canciones’. Es una validación de una joya de nuestra música que a veces, la cercanía hace que no se le dé la dimensión que tiene. Como lo vemos en el ómnibus o caminando por Ciudad Vieja, entonces tan bueno no es”, algo que también puede aplicar a casi cualquier otro músico uruguayo destacado.

Ignacio Martínez concluye que Cabrera sigue lidiando con el mote de “embole” o de que hace “canciones tristes”, pero que hay público que ahora se ha topado con canciones de algunos de sus discos como Fines o Buzos azules, más rockeras, y se sorprende al ver caer esa imagen.

Cabrera nunca va a ser un pegotín en un termo como Jaime Roos, que lo tenés pegado aunque no conozcas tanto sus canciones. Pero hay una generación de músicos que creció con él ya dentro del canon de la música uruguaya, y dentro del ámbito musical es ineludible, entonces se refleja en eso. Aunque el propio Cabrera nunca tuvo un lugar definido, ha sido difícil encasillarlo. Tiene una pata en todo y en nada a la vez. Es un género en sí mismo, y como tal, te encanta o no querés saber nada con su música”.

Temas:

Fernando Cabrera Música Montresvideo

Seguí leyendo