¿Qué significa ser adulto en este momento del siglo XXI? ¿Y por qué deberíamos "rendirnos" de forma colectiva y abrazar la idea de que vivimos en la era del agotamiento extremo?

Esas son algunas de las preguntas que Flor Sichel pone a rondar en la cabeza de quienes han leído algunos de sus ensayos y, ahora, de quienes la escuchan en su espectáculo de stand up. Porque como ha sucedido con otros nombres de la disciplina, esta filósofa argentina llevó su profesión a un show que toma las tablas y que ahora trae a Montevideo.

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En 2025, Sichel publicó el libro Todas las exigencias del mundo. Un ensayo sobre la adultez en el siglo XXI y lo convirtió en un espectáculo de stand up homónimo que presentará el próximo 10 de octubre en el Espacio Zorrilla, con entradas a la venta en RedTickets.

Y sobre esa instancia y algunos de los desafíos que enfrentamos hoy en un punto de la historia donde la hiper producción se ha metido hasta en el ocio y el descanso, Sichel habló con El Observador y lo que sigue es un resumen de esa charla.

¿Cómo se convierte un ensayo de filosofía en un show de stand up?

Cuando escribí el libro no imaginé que iba a estar haciendo un espectáculo. Y si bien los temas son los mismos, son lenguajes distintos y se requiere una adaptación. Para hacer el unipersonal convoqué a Marcela Peidro, que es la directora de la obra y también con la que hice la dramaturgia, que ella es filósofa, actriz y dramaturga. Fue interesante porque adaptamos el libro a un tono teatral, y por más de que te hace reír o tiene cierto formato de stand up, también tiene un arco dramático, un recorrido.

¿Por qué la filosofía logró conquistar estos espacios que antes no estaban tan reservados a la disciplina? ¿Se desacralizó?

Creo que es una época en la que la mayoría no sabemos bien qué hacer, vivimos una adultez en muchos aspectos difícil de transitar, porque el mundo tal y como lo concebimos o lo conocíamos está cambiando. Y eso de alguna manera está muy ligado a la filosofía, pero a veces hay una idea, para mí errónea, de la filosofía como algo alejado, o se tiende a pensar en filósofos canónicos o en un libro difícil. Y en realidad, por mi formación con niños y niñas, tengo una idea de la filosofía muy práctica, muy viva, donde la filosofía no es solo agarrar un libro de Kant sobre la dialéctica trascendental, sino también hacerse preguntas. En ese sentido, la filosofía está recontra vigente, porque es una época que nos obliga a hacernos preguntas, te guste o no. Aunque vos pienses que la filosofía no tiene nada que ver con vos, en algún momento, y sobre todo en esta época de tanta incertidumbre, va a aparecer. Te vas a hacer preguntas sobre qué va a pasar con el trabajo, qué te va a pasar a vos, qué pasa con los vínculos. Y esas preguntas son preguntas filosóficas.

¿Pero la filosofía puede ser entretenimiento? ¿Puede ser humor?

Hay una idea de que la filosofía o es aburrida o es muy solemne, que tenés que escuchar a un filósofo hablar con palabras difíciles. Yo hago lo opuesto, o sea, para mí la filosofía puede ser accesible, ser muy práctica, puede ser divertida, que no es lo mismo que banalizarla y que cualquier pavada sea filosofía. Pero de hecho en el espectáculo que venimos haciendo hace ya casi dos años, nos reímos un montón. Va de la mano de poder reírse de lo que te pasa, generar identificación, y eso también después es una puerta de entrada a que te hagas preguntas.

Te especializaste en llevar la filosofía a los niños, y la infancia justamente es una etapa en la que la pregunta por el porqué está muy presente. Luego, con el tiempo y la vida, eso pierde fuerza. ¿Hay que recuperar eso durante la adultez?

La infancia es una etapa de la vida que, al no estar tan contaminada todavía del tiempo productivo, de la lógica mucho más adulta y del rendimiento, y más conectada a lo lúdico y al tiempo libre, da la posibilidad de que los chicos se hagan un montón de preguntas, porque además están aprendiendo sobre el mundo en el que viven, entonces es muy normal que un pibe a los tres, cuatro, cinco años se convierta en una ametralladora de porqués. En general los adultos es como si hubiéramos entrado en un túnel de da lo mismo. Nuestra tendencia es a clausurar esas preguntas, siempre desde el amor, porque estamos cansados, porque aparte uno está haciendo mil cosas, y entonces cuando viene el pibe y te hace esa pregunta, medio que te agarra en jaque y decís "bueno, no sé, porque es así". Yo creo que, por supuesto que como adultos no podemos estar todo el día haciéndonos preguntas filosóficas porque sería medio inviable, pero me parece que sí está bueno no perder del todo la voracidad o el deseo de sorprenderse. ¿Por qué no nos sorprendemos más? ¿Por qué no nos hacemos preguntas? ¿Por qué no nos damos tiempo a que nos ocurra algo?

El espectáculo y tu libro se titulan Todas las exigencias del mundo. ¿Estamos en la era del agotamiento?

Creo que sí. Tanto en el libro como en el unipersonal trabajo mucho sobre la idea del trabajo y sobre cómo se ha vuelto una exigencia en esta época ser exitosos, mostrarnos exitosos, tener el LinkedIn al día, tener una marca personal, sin importar lo que hagas. Y eso genera una expectativa y una exigencia muy alta, además de que el pluriempleo también es algo de esta época. Estamos permanentemente en situación de trabajo, el tiempo libre casi no existe, y socialmente estar ocupado es valioso. Cuanto más a full estás, la gente más te felicita. Nos cuesta un montón descansar y habilitarnos, los adultos, el poder decir "che, no tengo ganas de hacer esto". Yo lo digo un poco en chiste en el unipersonal: a la niñera de mis hijas le miento y le digo que tengo una reunión muy importante para poder dormir la siesta, porque me da culpa no estar siempre produciendo.

Hasta el ocio tiene una cuota hoy de productividad y de exigencia, ¿no?

Está todo teñido por eso. Y todo tiene que ser un aprendizaje. Nos da mucha culpa perder tiempo. Nos da mucha culpa que eso que hagamos no lo podamos capitalizar de alguna manera. Es complejo, porque finalmente al final del día estamos más cansados de lo que pensamos. Yo en el show pregunto siempre a quién le gustaría ser exitoso y todos levantan la mano, pero cuando pregunto quién se siente exitoso hoy, a la fecha del día, nadie lo hace. Lo cual es una cagada, porque ¿cómo puede ser que nada de lo que hagamos nos conforme? Y no estoy hablando de abandonar los sueños, yo creo que uno puede trabajar toda su vida, pero sin embargo, también, en algún momento, valorar eso que estamos haciendo. Pero finalmente nunca cumplimos con esos estándares.

¿Y cómo se quiebra con esa tendencia a la insatisfacción?

Para mí ya visibilizar estas tensiones es casi un acto de resistencia, porque ahí te das cuenta de que no te pasa solo a vos. Porque creo que el problema, o la dificultad de esta época, es que todos estos imperativos que andan dando vuelta, sobre todo en redes sociales, y siempre le hablan a uno. Y ahí perdés la perspectiva de que en realidad el de al lado también está quemado, incluso tu jefe está quemado, tu amiga, tu pareja, el que sea. Saber que en realidad estamos todos metidos en ese consumo de vidas ajenas, teniendo fantasías con la vida de los demás, produce alivio. Cuando vos te das cuenta que no es que estás solo vos cansado, que hay una "sociedad del rendimiento" según Byung-Chul Han, o que hay una happycracia como lo traen Edgar Cabanas y Eva Illouz, entendés que en realidad hay una obligación de ser felices, de tener una actitud positiva, y te das cuenta de que eso tiene un nombre, y te permite ver las cosas con otro lente.

En el centro de tu discurso está también lo que significa ser adulto hoy en el siglo XXI. Que ya no es lo mismo que significaba en el 2015, por ejemplo. Menos que menos en el 90 o en los 70.

Sí, ni hablar. Mi búsqueda parte de esa preocupación, de sentir que era adulta, y de golpe cuando me comparaba con las generaciones de mi papá, o de mis abuelos, o mis bisabuelos había un montón de cosas que estaban más allanadas. Yo ya soy más grande, pero hoy para los chicos de 20 o 30 hay un problema muy grande respecto a lo habitacional, a tener un trabajo. Entonces, si vamos a medir la adultez solo con los criterios del siglo XX, no hay más adultos, lo cual es un bajón, porque sin embargo sí los hay. Me parece que también tenemos que pensar nuevas categorías para narrarnos.

En oposición a ese agotamiento o a esos requerimientos, da la sensación de que estamos en una era mucho más pendiente del bienestar. ¿Por qué?

Creo que es una época en la que, a diferencia de las generaciones anteriores, los estándares de exigencia están muy altos en casi todo lo que hacemos. Ya no alcanza con "tengo que trabajar": ahora tengo que trabajar, tengo que verme bien, tengo que entrenar, tengo que comer saludable, tengo que tener un hobby. Y además tenés que de golpe volverte casi un experto en todo lo que hacés, y de todo queremos tener la mejor de las experiencias.

Temas:

Filosofía Flor Sichel Montevideo

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