Luego continúa: “Esa extraña manera de aparecer en el campo cultural uruguayo desde un no lugar, y sobre todo, desligada de su propio discurso literario, de sus textos, tiene que ver probablemente con el modo como ella se inserta en el campo literario en vida, fundamentalmente a través de su revista y de cómo se convierte en escritora de manera póstuma.”
Efectivamente, una de las cosas por las que se recuerda a Susana Soca hoy es por la influencia de su revista, fundada en París en 1948 bajo en nombre de Cahiers de La Licorne y retomada luego en Montevideo como Entregas de la Licorne. En algún sentido, esa figura de promotora y editora que se construyó a partir de esa publicación eclipsará una obra poética que fue recién editada de forma póstuma y que se sostiene sobre dos títulos fundamentales: En un país de la memoria (1959) y Noche cerrada (1962).
A su figura, además, la circunda un halo de dama mítica —aunque muy tímida, aseguran— que comienza desde el instante de su bautismo en la catedral de Notre Dame de París, que pasa por su vida en la capital francesa durante la ocupación nazi y que podría terminar de materializarse tras su visita a Boris Pasternak en la Unión Soviética, cuando se trajo a occidente un ejemplar del manuscrito de Doctor Zhivago, que permanecía inédito, con la intención de publicarlo. Eso finalmente no sucedió porque la propia hermana del escritor le avisó de los riesgos que podía traerle. Pero fue una señal.
Archivo Juan Álvarez Márquez
Las puertas siempre abiertas de su casa en Montevideo también contribuyeron a su reputación: la residencia ubicada en el número 822 de la calle San José fue un maelstrom de tertulias literarias, recepciones y conferencias por las que pasaron Ida Vitale, Felisberto Hernández, su amigo Jules Supervielle, Borges, Onetti, Esther De Cáceres, Orfila Bardesio, Ángel Rama y el mencionado premio Nobel Albert Camus, entre otros. Y finalmente, el aura de Susana Soca termina siendo cincelada en la historia por su muerte trágica: el 11 de enero de 1952, el avión en el que volvía de París se despistó al aterrizar en Rio de Janeiro y se incendió. Ella y otras 35 personas murieron en el accidente. Tenía 52 años. Y con 52 años quedó.
Susana, hoy
En 2026, Susana Soca llega a los 120 años con su figura ocupando un lugar lateral en el ecosistema cultural. Pero hay algunos autores que, incluso sintiendo que esto es un hecho, se rebelan a dejar caer su legado y manifiestan la influencia que ha tenido en ellos.
El escritor Francisco Álvez Francese, por ejemplo, es un entusiasta de la autora y siente que es una figura influyente en su obra, ya sea el terreno del ensayo o su novela Las invasiones. “Yo la siento muy cerca, la tengo siempre presente”, dice, y luego retoma la postura que se vuelve común cuando uno empieza a preguntar las generalidades de Susana hoy.
“Hoy ocupa un lugar marginal, supongo. Creo que su reconocimiento es bajo, y si se la conoce, es más por su curiosa vida que por su obra. Sin embargo, creo que La Licorne significó un momento central en la historia cultural del Uruguay, y el trabajo que hizo Soca fue excepcional. Me es muy difícil hacer una evaluación categórica, pero me parece que es en general poco leída, en parte también por la naturaleza de su poesía, que tiene un grado de hermetismo mayor al de varios de sus contemporáneos, que han tenido mejor suerte. Pero un país como el nuestro no debería darse el lujo de renunciar a una figura de este calibre”, asegura.
Susana Soca en casa San José 822
Ánima Espacio Cultural
Francese establece que en el reconocimiento alicaído que tiene la autora en Uruguay juegan muchos factores, como la circulación de su obra —de escasa tirando a nula—, el interés de los lectores, las instituciones o la crítica, pero además suma un aspecto distinto: su devoción católica. “Soca ha tenido algunos buenos críticos, varios biógrafos, pero continúa siendo de una gran opacidad. Es difícil pensar que una mujer como ella, tan profundamente católica, pueda ser bien leída en un país como el nuestro. Pero cosas más raras han pasado”, dice el autor de Los restos del naufragio.
Sobre esa llegada a los lectores y cuál era la faceta que el público abrazaba escribía Ángel Rama en Marcha, luego de su muerte: «Para muchos Susana Soca perteneció simplemente a nuestra aristocracia, fue una mujer de gran fortuna que puso al servicio de la cultura a través de su gestión en Amigos del Arte o en la edición de una revista de alta calidad para una reducida élite intelectual, las Entregas de La Licorne, con lo que sería, a escala de nuestro pequeño país, una Victoria Ocampo, y muy poco se vería de lo que fue realmente la obra de su inteligencia y de su sensibilidad. Porque si su situación social y económica condicionó en buena parte su actitud espiritual, lo primero que sorprendía en ella era lo que había llegado a ser a pesar de su background, y la originalidad de una naturaleza que se expresaba a través de un bosque de complejas y discordantes referencias humanas.»
El investigador y doctor en Historia Juan Álvarez Márquez está radicado en París desde hace tres décadas y fue allí donde tomó contacto con la figura de Soca, a quien le dedicó buena parte de su carrera y de la que escribió, entre otras cosas, los libros Susana Soca, esa desconocida y Más allá del ruego: vida de Susana Soca. Este año, Álvarez tiene al aniversario entre ceja y ceja desde enero, pero a pesar que se comunicó con varias instituciones públicas de Uruguay y Francia para consultar sobre el interés en trabajar su figura bajo la luz de la efeméride, ninguna recogió el guante. La celebración quedó, en algún sentido, vacante.
Pese a la sorpresa primaria, Álvarez, que ahora está embarcado en la traducción del diario de una amiga de Soca que cuenta sus pormenores durante la ocupación nazi en París y en una investigación sobre el acervo artístico de la uruguaya —era una coleccionista de fuste—, siente que tiene sentido con la forma en la que su figura fue construyéndose en el país.
Archivo Juan Álvarez Márquez
“Cuando empecé a trabajar sobre su vida, hablaba de Susana Soca en Francia y muchas personas la habían conocido, había un interés, pero empecé a tomar conciencia luego de un fenómeno raro: yo preguntaba sobre Susana Soca en París y encontraba elogios. En Montevideo, en cambio, la reacción era otra.”
Álvarez asegura que eso hoy ha cambiado y que la proliferación de su nombre en el acervo nacional —desde la calle que lleva su nombre en Montevideo hasta la capilla en el pueblo bautizado en honor a su padre— ha generado que por lo menos no se levanten todas las cejas ante su sola mención.
“De todos modos, mucha gente piensa que simplemente era una mecenas, o gente que solo conoce su obra poética, pero después tampoco se sabe demasiado sobre su accionar en las artes plásticas, todo lo que ella trabajó para Amigos del Arte, tampoco que fue invitada a participar de la revista Sur por Victoria Ocampo, y ni que hablar de su vida en París, que queda un poco desconocida por la distancia”, dice el autor.
Mientras Álvarez relata con entusiasmo la investigación que actualmente lleva a cabo sobre el acervo de Soca como coleccionista de arte, que incluye cuadros de Picasso, Modigliani y Torres García, y su casi desconocido paradero actual, se cuelan en su relato imágenes de lo que, en su poesía, Susana alcanzó a esbozar antes de su muerte, y que también pintan destellos de su vida.
Susana Soca y el retrato que le pintó Picasso
Ánima Espacio Cultural
“Noche cerrada es un libro que, claramente, es una revisión de la experiencia durante el París ocupado. Tiene poemas en los que ella habla de la gente que llevan a los campos de concentración, de lo que es una ciudad sitiada, y luego del agua del Sena, un río que ella considera como misionero, un río que está en esa ciudad sitiada entre las piedras, menciona los ruidos de las botas, los muertos. Luego viene la vivencia de la liberación, el final de la guerra”, cuenta.
En el texto de Marcha citado anteriormente, Rama recorre el perfil poético de esta autora y asegura que Soca tenía “una sensibilidad despierta para los procesos dolorosos y solitarios del alma que en ella encontraban el eco pronto de quien los conoce de cerca”.
“Porque debajo de la mundanidad que enmascaraba muchos de sus gestos; y al margen de la situación económica que le permitió su generosa obra cultural, había en ella un ser dolorido, y altivo para su dolor, con una melancolía interior cuya filiación encontró en la lectura asidua de Kierkegaard. Y eso lo comprueba todo atento lector de sus escasas páginas”, escribe el crítico uruguayo.
Alvez Francese recorre caminos similares, y apunta que lo breve de su obra no impide un análisis profundo sobre los hilos que mueven la belleza de sus versos.
“Soca fue una mujer con un grado de timidez que hizo que casi toda su obra quedara inédita hasta después de su temprana muerte”, dice. “Es una obra, en todo caso, breve: algunos poemas, algunos ensayos. Y, por supuesto, la revista, su colección de arte (otro misterio). Como poeta, hay un repliegue sobre algunos temas fundamentales: la soledad, la memoria. Hay, como nota Amir Hamed, un corrimiento, una forma de salida. Ella dice encontrar su voz en París, donde vivió durante la ocupación, rodeada por el francés. Su dicción, tal vez por eso, es muy idiosincrásica. Es una voz menor, pero no en el sentido peyorativo, sino en su búsqueda misma, en sus recursos, en su tono. Por otra parte, está su prosa, que me resulta siempre sorprendente. Soca escribe sobre santos, sobre teología, pero también sobre poesía, y tiene unos textos autobiográficos maravillosos. A principios de este año trabajamos algunos en clase, y una alumna de Kazajistán se emocionó mucho leyendo las cosas que ella dice sobre el viaje, sobre la casa, la ciudad, y las partidas.”
El texto que emocionó a la alumna de Francese se titula Las flores, y comienza así: “Ahora he llegado y sé que no hay envejecimiento en las cosas nuevamente encontradas. Hay una separación entre ellas y yo, una de las formas crueles de la fidelidad”.
Archivo Juan Álvarez Márquez
Yendo a la casa de Susana
La casa que Susana Soca inundaba de fiestas y recepciones, hoy está dominada por el silencio, aunque no por la inactividad. Declarada Monumento Histórico Nacional en 2014, desde el 2022 el colectivo Ánima Espacio Cultural se encarga de habitar el edificio de tres plantas de la calle San José, cedido en calidad de comodato por la Intendencia de Montevideo. Allí se realizan actividades vinculadas al universo de las artes y, obviamente, es el reservorio patrimonial del paso por el mundo de su ilustre propietaria.
Sucede que ese silencio que impera en la casa durante buena parte del día se ha trasladado a este aniversario puntual. Y las encargadas de Ánima ven con cierto pesar que, a pesar de sus esfuerzos y del entusiasmo, el cumpleaños de Susana tendrá celebración allí y no mucho más.
“Si te soy sincera, yo pensaba que al ser un aniversario redondo habría un poco más de ruido, pero la verdad es que no hemos visto mucho movimiento”, cuenta Deborah Rucanski, referente de Patrimonio y Letras de Ánima, y una mujer que se enamoró de la vida y la obra de Soca cuando, casi de casualidad, la conoció mientras cursaba la carrera audiovisual en la universidad. Rucanski cuenta que, además de lo que Ánima está organizando para el viernes 24 (ver abajo) sabe que la sociedad civil y el Centro Cultural de Soca, en Canelones, está organizando una celebración, y poco más.
Fachada San José 822 en los 60
Ánima Espacio Cultural
“Ella sigue siendo muy poco reconocida y en parte es porque los grandes investigadores que hablaron de ella, que escribieron sus biografías, no tienen una continuidad acá. Juan Álvarez Márquez vive en París y hace muy poco falleció Fernando Loustaunau, que era el gran promotor y divulgador de su vida. Para mí está bueno que las nuevas generaciones, que conocemos un poco de la obra y de su vida, podamos también hacer ese trabajo de difusión”, explica.
En Ánima, ese trabajo se promueve. Allí se realizan talleres y se mantiene el acervo existente de la escritora, al tiempo que se mantiene su espíritu vivo en un edificio que antes de recuperar su esencia estaba destinado a usarse como oficinas de ANEP.
“Ella fue una gran gestora cultural, aunque ese término no existía, pero tenía un perfil bien uruguayo, humilde y con poco autobombo”, dice Rucanski, y menciona, como Rama, la posibilidad de tomarla como una homóloga uruguaya de Victoria Ocampo, con quien se la solía enfrentar pero que, en realidad, estaba unida por un vínculo más estrecho: la Ocampo mayor escribió uno de los textos más emotivos sobre Soca luego de su muerte.
Colección La Licorne en Ánima
Ánima Espacio Cultural
“Ese mito de la rivalidad con Victoria Ocampo no es del todo cierto. La última vez que se vieron y que Ocampo estuvo en Montevideo, salieron juntas a pasear en auto, recorrieron por la Rambla, la playa, hablando de Pasternak. Eran dos figuras de mucho peso a dos márgenes del Río de la Plata”.
Al final, lo que pretenden en Ánima desde su apertura es, además de sostener el patrimonio material de la casa de Soca y hacerla habitar nuevamente por el arte, poder ser un sostén emocional de ese pasado que todavía hablar y a 120 años se resiste a perder pie.
“Creo que como sociedad nos haría muy bien conectarnos con el pasado y con esas historias que fueron importantísimas. Nosotros llegamos en 2022 y ese año, para el Día del Patrimonio, hicimos magia y abrimos el fin de semana entero. Vino un montón de gente que conocía y no conocía a Susana, o sea que de alguna manera poder estar acá también representa un lugar físico donde referirse a ella y a la familia también, porque hemos organizado charlas sobre el legado de Francisco Soca. De hecho, ahora que pienso, la primera actividad pública que hicimos fue el aniversario de Susana, que cayó un miércoles de julio, fue a las 7 de la tarde, llovía, estaba frío. Pensamos que no iba a venir nadie y vinieron cincuenta personas. Todos eran fans de Susana. Así que el rescate de estos lugares físicos son importantes. Permiten mantener viva la memoria, revitalizar, divulgar y acercar a las personas a estas figuras.”
Las actividades por el aniversario
El 120 aniversario de Susana Soca se celebrará el sábado 25 de julio en Ánima Espacio Cultural con varias actividades.
A las 18 habrá un conversatorio titulado La Licorne, mujeres que editan y escriben, a cargo de Anne Gauthey de editorial Milena París, Dani Olivar de Pez en el hielo, María José Ramos de Sujetos editores y Natacha Amaya de Dos Pájaros ediciones, con la moderación de Alicia Torres.
A las 19:30 se presentará el sitio web Constelación de la Licorne realizado por el grupo de estudiantes del Espacio de Formación Integral de la Facultad de Humanidades a cargo del docente Marcos Wasem.
A las 20, las actividades cerrarán con lectura de textos y poemas que rinden homenaje a Susana Soca por parte de Ana Paula Yáñez, Deborah Rucanski, Lucía Dotta, María José Bermúdez y Rocío Medina. Luego, el cierre será con música en vivo de Maine Hermo.