Yo estudié gestión cultural, también estudié cine. Trabajé en cine toda mi vida desde los 20 años, siempre en asistencia de dirección y en producción en proyectos en general grandes. Y después de diez o doce años de hacerlo, un día mágicamente me llega un mensaje de Gabriel Calderón para tomar un café. Él había sido profesor mío en la facultad, y lo conocía como lo conoce más o menos todo el mundo. Nos reunimos y me ofreció para ser productor de la Comedia Nacional. Yo le dije que me interesaba pero que tenía que tener claro que yo no sabía nada de teatro. Y él me dice "no te preocupes porque de teatro ya sé yo, lo que necesito es alguien que que pueda manejar muchos proyectos a la vez y tenga una visión artística multidisciplinar". A partir de ahí fui productor ejecutivo de la Comedia Nacional tres años, trabajamos espalda con espalda e hicimos de todo: estrenos, temporadas de nuevos clásicos, Macondo, giras internacionales, temporadas en España, fuimos a Alemania, países de Latinoamérica, mil cosas. Y cuando estábamos terminando la gestión, a fines del 2024, se abrió el concurso para la Sala Verdi y me presenté con un proyecto que venía pensando hace tiempo. La Comedia Nacional es residente en la Verdi y conocía mucho su potencial. En mayo del 2025 estaba en Corea del Sur y me llamaron para avisarme que había ganado el concurso.
¿Cómo era tu vínculo con el teatro antes de que te llamara Calderón?
De espectador. No iba a todo, pero sí iba regularmente. Veía a Sergio Blanco, a Marianella Morena, a Roberto Suárez, a Gabriel. Mi tío también es actor, entonces también tenía un vínculo también con el teatro independiente. Pero siempre fui más del cine y de la música, con una arista en el teatro. Ahora cambié completamente.
¿Y qué entendiste del teatro cuando te metiste en la Comedia?
Lo primero que me llamó la atención fue el contraste con el cine. El cine tiene una matriz mucho más industrial y el teatro tiene una matriz mucho más artística. Los procesos tienen todos una peculiaridad sistematizable, pero a niveles mucho más bajos que el cine. Hay una posibilidad creativa en cada proceso que es mucho más amplia desde un punto de vista de la dirección artística de la producción. Casi que todas las decisiones pueden impactar en el producto final. Después pasé a entender los diferentes escenarios. No es lo mismo hacer un espectáculo en la sala principal del Solís, o en la Zavala o en la Verdi. Tenés que pensarlos distintos. Lo que pasa es que la Comedia Nacional es el elenco más prestigioso de la ciudad, es el elenco público de la ciudad y es un caso muy sui generis como para compararse. Mi entrada al teatro fue como pasar de cero a jugar en Nacional.
¿Qué te seducía de la dirección la Sala Verdi?
Trabajando ahí siempre la sentí como un contrapunto a la sala grande del Solís. El Solís es gigante, prestigioso y súper visible. La Verdi es más experimental, más chiquita, más familiar. Veo por todos lados el potencial que este lugar puede alcanzar. Es una sala de creación, con todo lo que implica: mucho error, algún acierto, mucho proceso, proyección a largo plazo. Eso siempre se respiró en la sala, tiene 135 años, está pegada a la Escuela de Música, fue creada para ser su auditorio, tiene un germen de creación desde su nacimiento. Quiero agarrar esa idea, transformarla, traerla al hoy, validar eso, hacerla dialogar con la Comedia Nacional, que es el elenco de creación por excelencia de la ciudad, y tener una lista de proyectos que nos interesen.
¿En qué condiciones está a nivel de infraestructura?
Tiene muy buenas cosas, como un aire acondicionado potente, butacas nuevas que se cambiaron en 2019. La modernización de la sala tiene que ser constante, porque al tener 135 años el edificio impecable nunca va a estar. El edificio es un desafío, pero tiene la ventaja de que fue pensado para ser un teatro. Y el teatro sabe ser un teatro. Cuando lo cargás, responde bien. Ahora queremos transformar el proyecto espacial, que la Verdi pase a ser un teatro público con tres salas y poder crecer desde ahí. Por ejemplo, tenemos ahora un gran problema de accesibilidad. No tenemos baños accesibles ni entrada accesible. Estamos trabajando en una obra para poder tener eso. También queremos tener más salas de ensayos. Queremos poder albergar mejor a las escuelas de música, de arte dramático. Queremos poder tener una entrada de escenografía mejor. Todo eso no fue pensado en 1890. Con la visión de hoy podemos, con un poco de ajuste, transformarla en una sala de avanzada.
Esa idea de que la Verdi pase a considerarse como un teatro más que una sala y que tenga su propia identidad, ¿viene de que se la puede llegar a asociar en general como sala anexa del Solís? ¿Sentís que pasa eso?
Sí. Se asoció mucho la idea de que es una sala de la Comedia Nacional, lo cual es estrictamente cierto y está bien que así sea. La Comedia tiene mucho prestigio y está bien que la Verdi la tenga. Pero ya en la primera dirección artística de Gustavo Zidan —ndr: dirigió la sala de 2011 a 2025— se empezó a tratar de darle una personalidad propia. Mi idea es que la Verdi sean tres salas y que nos pensemos como un teatro público. No es una salita, es un teatro. Ahora tiene la sala principal, la de toda la vida, la que todos conocemos; abajo creamos una en el subsuelo para para ensayos, investigaciones, para algún espectáculo en concreto, a la que llamamos Estudio Verdi. De hecho, ahora está ensayando Gabriel Calderón ahí su nueva obra. Y después vamos a pensar en otra sala, más chiquita, en relación con la ciudad, en el hall, para pensarla con una perspectiva hacia la calle. Pasaremos a ser un teatro con tres salas optimizando lo que ya tenemos. Somos ambiciosos a largo plazo con el proyecto de crecimiento de la sala, de poder tener accesibilidad, de poder atender a todos los públicos de la ciudad. Queremos transformarnos en un teatro público ediliciamente y como concepto. Ocupamos un lugar en el ecosistema desde ese lado, tenemos una responsabilidad y queremos relacionarnos con el público activamente.
En ese marco, ¿se te pasa por la cabeza cambiarle el nombre de Sala Verdi a Teatro Verdi?
No, jamás. Es la Sala Verdi. El propio Giuseppe Verdi dio el ok para que se llame así. No hay tantas Salas Verdi en el mundo y todas tienen su beneplácito. No se puede poner Sala Verdi así nomás. Y está se llama así porque Luis Sambucetti, el fundador de la sala y de la Escuela de Música, era amigo suyo. Ahí está nuestro principal valor: la tradición histórica de haber sido pensada en los anales de Montevideo, cuando esto era la ciudad nova, como un auditorio para la ciudad nueva. Ahí está nuestro recueste en la tradición escénica, en la tradición musical que hay que revivir de la sala.
Tenés en mente un proyecto ambicioso para la sala. ¿Cómo convive con un presupuesto acotado para la cultura y un período de austeridad económica para la Intendencia de Montevideo?
La cultura es un área a la que nunca se le ha dado mucho presupuesto en general, no solo en mi caso en particular de la Sala Verdi o de la Intendencia. De hecho estuve en Corea en una cumbre en mayo del año pasado y gente de todo el mundo discutía lo mismo: la cultura siempre está sentada en la mesa chica de los presupuestos de las grandes ciudades. En ese contexto, creo que en Uruguay no hay presupuesto para llevar adelante proyectos de la magnitud de la Comedia Nacional, del Teatro Solís, de la Sala Verdi. Necesitan mucho más dinero para poder abarcar lo que abarcan. Y por eso vamos a España, vamos a Francia, vamos a Inglaterra y vemos los teatros que vemos, y vemos las obras que vemos. En esos países hay tradición, pero también hay budget. Dicho esto, creo que el presupuesto nunca tiene que ser una excusa para dejar de hacer cosas. Entonces, para mí, el presupuesto nunca es la limitante número uno, ni la dos, ni la tres. Quizás sea la limitante número cuatro. Por eso ahora me planteé un proyecto ambicioso, que voy a empujar todo lo que pueda y cuando llegue a los límites del presupuesto, tendremos la conversación de ver cómo hacemos para seguir. Pero no por no tener presupuesto me voy a quedar quieto. No, yo soy de otra idea. Para mí en la gestión pública el presupuesto nunca puede ser la limitante. Hay que tener una buena idea, empujarla, enamorar lo más posible y después que la vida o el sistema nos limite. Pero no poner eso por delante, porque si no, no haríamos nada. Somos un país pequeño, muy en la periferia. Hay que animarse a tomar esas decisiones, a empujar esas ideas. Justino Zavala Muniz lo hizo en la fundación de la Comedia Nacional en 1947. La Intendencia compró la Sala Verdi en 1946. Llovieron críticas de todo el lado, pero lo hicieron, ahí está y hoy estamos hablando de esto.
¿Qué te quedaste de tu paso por la Comedia con Calderón que te traés a esta gestión?
Me quedé con algo que me pasa con casi todos los artistas que conozco y admiro, y es que tienen una capacidad de ver, de imaginarse cosas imposibles, de invitarnos a soñar en futuros que no nos imaginamos. Uno piensa: che, estos es imposible, ¿cómo lo vas a hacer? Y de repente está hecho. O de repente estamos muy cerca de lograrlo. Eso también pasa con los artistas geniales, el caso de Gabriel, el caso de Sergio, el caso de Marianella, el caso de Tamara Cubas, que me plantean ideas imposibles que acompaño. El ejemplo de Macondo es claro. Cuando Gabriel tuvo esa idea, yo y todos los que estábamos ahí no sabíamos cómo lo íbamos a hacer. Pero lo que hicimos fue seguir al artista, confiar en el proceso artístico y acompañar. Y terminó saliendo. Y ese es solo uno de los muchos ejemplos que puedo nombrar.
Captura de pantalla 2026-04-24 181143
Pensando justamente en Macondo, y también en la presentación de la programación de la Verdi, ¿hoy las instituciones culturales tienen que buscar cierto impacto a nivel comunicacional para llegar a la gente?
Creo que sí, pero hay que pensarlo con una estrategia integral. No podés recostarte solo en lo nuevo, que me parece que está bien, hacer videos, hacer reels, sino acordarnos de que lo más importante, y lo que nosotros sí o sí tenemos que hacer bien, son las obras de teatro. Y después acompañar los procesos con un montón de satélites que acompañen la comunicación. Para eso está bueno hacer postfunciones, está bueno hacer otras actividades que dialoguen, presentaciones de libros, vamos a hacer algún concierto en el hall, algunas cositas como para ir acompañando. La parte digital no la podemos obviar. El mundo cambió, no es lo mismo comunicar ahora como cuando el teatro competía solo con la televisión. Ahora el teatro compite con YouTube, con todo. Pero soy de la idea de que la principal herramienta de comunicación es tener una buena programación. Eso creo que lo estamos haciendo. Después hay que hacerlo permear. También comunicar que al teatro tenés que ir a verlo, sentarte ahí, apagar el celular y mirar eso durante una hora y media, a veces dos, a veces tres. Transformar eso como un valor en los tiempos que ocurren es re difícil. Pero el teatro tiene 2500 años y confío plenamente en esa historia. Yo, que no venía del rubro, estoy perdidamente enamorado de esto y lo hago.
¿Cuál es el rol del teatro público? ¿Qué no es negociable en el teatro público?
El teatro público tiene que entenderse parte de un ecosistema donde está el teatro comercial, el teatro independiente, otras disciplinas como las artes visuales, el cine. Tiene que saber qué rol juega dentro de ese ecosistema. No puede perder de vista eso. La Verdi entiende que su rol es el de sala de creación de artes escénicas en ese ecosistema. Para eso que trabajamos. Tratamos de no olvidarnos nunca de eso, de que esa es nuestra misión y nuestro trabajo. Nuestro trabajo no es ser un centro cultural ni prestigiar espectáculos. Nuestro trabajo es ser sala de creación y facilitar espacios para artistas que lo necesitan.