Una línea roja e irregular se dibuja en la pantalla de la computadora cuando se escribe su nombre como una señal de desconfianza gramatical. Y es que Bandalos Chinos –así, con B– siempre fue un juego de palabras, un gesto lúdico, una confusión inocente para llamar la atención del sistema, hasta que se convirtió en una marca de carácter en la escena musical de la región.
Después de años de crecimiento y expansión, pero también de desgaste, decidieron parar. "Fue revelarnos ante esta cosa voraz de la industria y decir ok, frenemos. Con el costo altísimo que tiene eso. Fue una decisión desafiante. Hoy, con el diario del lunes, fue una gran decisión porque estamos frente a una música que nos representa", dice a El Observador su vocalista, Gregorio “Goyo” Degano.
Hubo una revelación
Casi una revolución
Decidieron hacer las cosas de otro modo, desde otro lugar, con otros procesos. Dejaron el rancho en el medio del desierto y volvieron a entrar en una sala de grabación porteña, esta vez con la producción de Fermín Ugarte, y un horizonte sonoro marcado por otros pulsos musicales para volver a jugar con la música y experimentar con ella hasta encontrar la manera de resignificarse.
El resultado es Vándalos, un disco de 11 canciones en los que presentan una etapa más madura de la banda, un tanto más oscura y nostálgica.
El próximo 22 de agosto Bandalos Chinos vuelve a Montevideo para presentar su último disco en Sitio, en el marco de una gira que los llevará por América Latina, Estados Unidos y España. Antes, Gregorio “Goyo” Degano habló con El Observador sobre la transformación, el invento de una vida en la música, el ego y lo colectivo, la Teoría Megazord y su vínculo con Uruguay.
Vándalos, este último disco, juega con el nombre de la banda. ¿Se presenta como una alternativa o como un renacimiento?
Vándalos es una búsqueda de renovar nuestra propia identidad. Es cíclico: las personas crecemos, cambiamos y de repente te presentas de una manera distinta frente al mundo. La intención es volver a encontrar algo que nos estimule, que nos desafíe, que nos divierta. No porque lo previo nos estuviera aburriendo, pero lo nuevo te excita y genera esa cosa de ¿lo podré hacer? ¿Estará bueno? ¿Estará mal? Ese desafío a uno mismo.
¿Se sienten más vándalos ahora que cuando empezaron?
Creo que sí. Uno va creciendo, va perdiendo la inocencia y es inevitable volverse mínimamente calculador. Perder la inocencia es tratar de anticiparse a las jugadas y eso nos hizo perder la capacidad de asombro, y hay algo de vándalo en eso. Es un poco más oscuro si querés, la palabra vándalo con su significado. Lo otro era un juego de palabras más inocente, más infantil.
¿En qué momento sintieron que lo que venían haciendo ya no los incomodaba o no les generaba una búsqueda de algo nuevo?
Fue decantando. Cuando estuvimos de gira por Estados Unidos en el 2023 tocamos en El Paso y fuimos a Sonic Ranch, que es donde grabamos los tres discos que hicimos con Adán. Teníamos dos días libres, nos quedamos en el estudio y fueron dos jornadas de composición, de experimentar y de jugar. Después, lo mismo en el estudio de Adán en México: nos metimos a producir un temita. Y lo que nos pasaba era que entrábamos al estudio y todos ya sabíamos qué teníamos que hacer para hacer esa música que veníamos haciendo. Además, grabarlo en 20 días te ponía una presión extra de no darle mucho tiempo a la música. Para un momento de la banda estuvo espectacular. Para este momento la banda estaba necesitando refrescarse. Veníamos de hacer giras de 70 shows en un año, en el medio grabar un disco y promocionarlo, viajar y estar muchísimo tiempo juntos. Eso generó un desgaste también a nivel humano. Quisimos cambiar el contexto para renovar la energía, lo musical, volver a desafiarnos.
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En este sentido, ¿qué pasó en estos tres años entre El Big Blue y Vándalos?
De todo porque fueron años de mucho crecimiento, de hacer giras por un montón de países y ciudades, llegar con nuestra música a lugares que yo por ahí nunca había escuchado ni de nombre. Fue de mucho crecimiento y de muchos momentos hermosos, pero también de desgaste y de llegar a un punto de decir "estamos yendo al ritmo que nos pide la industria y no a nuestro propio ritmo". Fuimos seducidos por esa idea de entregar y grabar un disco mientras estás de gira, salir a promocionarlo mientras estás terminando la gira anterior y ya empezar a pensar en la que sigue. Y eso en un punto nos llevó a decir "che, nos vamos a quemar". Paramos un poco la pelota: vivir la vida, comer asado con amigos, con la familia, tener una novia, tener una pareja. Todo eso que también hace falta para poder hacer canciones.
Embed - Bandalos Chinos - Comando Juntar (Video Oficial)
El nuevo disco en general tiene una tonalidad más oscura de sus antecesores. ¿De dónde viene esa búsqueda o esa sonoridad?
No fue tan hablada; fue más algo de meternos al estudio, empezar a hacer música y ver qué nos pasaba. Respondió a un momento que estábamos pasando como banda y como personas. Como de revisión, de mirar para adentro, de una nostalgia. El año pasado cumplimos 15 años y quieras o no es como si se cumpliera un ciclo en algún punto. Eso nos llevó a revisar, y la revisión te hace mirar para atrás y te pone en una mirada medio nostálgica que puede ser una nostalgia luminosa por momentos o una nostalgia más oscura.
Embed - Bandalos Chinos - El Ritmo (Video Oficial)
En esa oscuridad el amor sigue atravesando el disco, no solo el romántico sino el colectivo.
Totalmente, es un hilo conductor de todo el disco el amor pero no necesariamente el amor romántico. Tiene mucho que ver con esta cosa más colectiva, de crear en conjunto, de vínculos de amistad. Es poner en valor esta apuesta que hacemos en una era tan individualista, un poco producto de la pandemia y de esa cosa de que, medio encerrado, había que salvarse a uno mismo. Nosotros seguimos apostando por esta cosa colectiva. Es muy trabajoso, pero al final me parece que todos juntos tenemos la posibilidad de hacer algo que cada uno individualmente no podría. Obviamente que en ese laburo colectivo renunciás a un montón de cosas de tu individualidad, pero te potencian por otro lado. Hace muchos años hablábamos de la Teoría Megazord, que es de los Power Rangers. Los Power Rangers solos tenían cada uno su poder y peleaban, pero cuando venía un dinosaurio gigante que no podían matar armaban el Megazord (un robot gigante que se armaba con los vehículos de cada héroe y lo pilotaban juntos). Había algo de esa teoría Megazord de que juntos somos más fuertes.
En unos meses vuelven a salir de gira en un tour internacional. ¿Es lo que soñabas con Iñaki Colombo cuando se conocieron en el colegio?
Ni en pedo. La verdad que ni me lo imaginaba como algo posible. No conocía esta vida. Nosotros nos vamos inventando nuestra vida porque ninguno de nuestros viejos se dedica a la música ni han hecho este tipo de camino, entonces fue todo un descubrir constante. No nos deja de sorprender, porque es muy difícil imaginar qué es lo que sigue. Este juego se convirtió en nuestro estilo de vida, en nuestro laburo y en nuestro todo.
Embed - Bandalos Chinos - Revelación II (Video Oficial)
El año pasado cumplieron 15 años. ¿Cómo ven el crecimiento de la escena de aquel indie-pop que estaba en el under a lo que es hoy?
Es una locura porque cuando nosotros arrancamos participábamos y organizábamos festivales independientes, hacíamos cosas con otras bandas. Y así como nosotros con los años crecimos un montón y llevamos nuestra música a un montón de lugares del mundo, hay otros colegas con los que venimos recorriendo el camino juntos y que están desde ese entonces como pueden ser El Zar, Silvestre y la Naranja, Zoe Gottuso, Catriel y Paco, Usted Señalemelo, El Kuelgue. Ver como toda la escena crece es muy emocionante.
En los últimos años los hemos visto bastante seguido en Uruguay, ¿cómo se llevan con el público y qué referencias tienen de la música uruguaya?
Es una relación que es relativamente nueva y que creció muy rápido. Muy rápidamente nos sentimos muy aceptados por el público uruguayo y tuvimos incluso momentos que seguimos recordando. Cuando salimos a girar El Big Blue, presentamos La Final en Montevideo, que fue un momento como medio ritualesco para nosotros porque te da mucho miedo tocar una canción nueva que había salido hace dos días. Después tuve la oportunidad también de participar de una Fiesta FA donde me pude cruzar con con artistas uruguayos y estaba Fattoruso y yo no lo podía creer. Su gente es muy cercana, sus artistas también. Tocamos en el Cosquín el año pasado y también nos cruzamos con muchos artistas muy cálidos y con un público muy generoso.