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Iván Carrino es economista e investigador asociado de FARO UDD, el Núcleo de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad del Desarrollo en Chile. Además, es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y consultor independiente en temas de economía y empresas. Llegó a Uruguay para participar el evento "La Argentina de Javier Milei" que se realizará esta noche, organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED).

En diálogo con El Observador destacó varias de las políticas que lleva adelante el gobierno argentino, como el cuidado del gasto público o las medidas para amortiguar la inflación.

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Refiriéndose a Uruguay resaltó la autonomía e independencia del Banco Central (BCU) y también afirmó que en este lado del Río de la Plata se manejaron mejor algunos temas económicos que en su país.

A continuación, un resumen de la entrevista que Carrino realizó con El Observador.

¿Cómo estás viendo la política económica que está llevando adelante el gobierno de Javier Milei?

Estamos frente a un gobierno que ha entendido bien el diagnóstico de los problemas argentinos. Me parece que la mirada que tiene el gobierno, el foco en arreglar el problema fiscal, es algo que goza de mucho consenso en la profesión. Acá gritamos mucho, gritamos de un lado y del otro, pero ahí en general los economistas la ven muy parecida. Argentina tenía un problema de cuentas públicas que terminaba en problemas de inflación y de deuda. Es un poco el ABC de las cuestiones económicas. El diagnóstico creo que es un acierto y dado que se fue atacando ese problema de fondo, hoy tenemos un nivel de riesgo país mucho más bajo que el que teníamos en el gobierno anterior y estamos en niveles que no se veían desde 2018. Por supuesto que uno quiere acercarse al riesgo país que tienen ustedes. Claro que no es algo que vaya a pasar de la noche a la mañana, pero el rumbo y la dirección muestran una mejora.

Después, obviamente hay que destacar el descenso de la inflación, porque se da en el marco de una política de corrección de precios. Teníamos, además de déficit fiscal y altísimos niveles de inflación, precios pisados para la energía, el combustible, el gas y el dólar. Esas cosas son muy perniciosas para el funcionamiento de la economía y entonces hay que sincerar, liberar. Y el gobierno lo hace, lo ha hecho y lo sigue haciendo, porque todavía quedan algunos espacios para corregir. Y a pesar de ello, ha bajado la inflación. Creo que es un buen enfoque y, por último, te diría también que esta mirada de que hay que regular la economía para tratar de quitar las trabas burocráticas que tiene, es otro buen enfoque. No me da vergüenza decir que está bien el rumbo que ha tomado el gobierno argentino en estos años.

¿Entendés que el hecho de haber puesto el foco en el tema fiscal, en el superávit, dejó de lado algunos aspectos sociales como las jubilaciones o algún tipo de asistencia para sectores más vulnerables? ¿El gobierno de Milei tuvo poca mirada social?

¿Qué es lo social? Porque lo social es que la gente tenga laburo, una posibilidad de progreso, que el empleo crezca, que el PIB crezca. Nada de eso pasaba en Argentina. El PIB per cápita estaba en 2023 un 10% más abajo que en 2013. Tenés 10 años de caída económica con altísimo nivel de inflación, con mucha ansiedad por parte de la gente, sensación de que no hay futuro, de que los precios aumentan todo el tiempo. Las soluciones heterodoxas las habíamos probado. Como esas soluciones heterodoxas no funcionaron hubo que buscar la solución ortodoxa, que es el trago amargo que probó toda América Latina. Esto no es que no lo hicieron ustedes en algún momento para bajar la tasa de inflación de los años 80, que no lo hizo Chile.

Los ajustes son costosos. Cuando uno mira y entiende bien las correcciones económicas que hay que hacer, está pensando en lo social. Está pensando en el largo plazo, en que haya una mejora de las condiciones de vida. Ningún economista que haga cambios profundos en un país lo hace porque quiere que la gente gane menor salario. Ahora, en el corto plazo sí puede haber situaciones. Lo que han subido los servicios públicos en Argentina estos últimos dos años y medio han superado con bastante distancia lo que subieron los salarios. Y sí, pero es que no sé si había otra forma de hacer eso. Lo que habíamos generado antes, que eran salarios que le habían ganado por muchísimo a los servicios públicos, nos había dejado con una pésima calidad. Con cortes de luz extensivos, duraderos en los veranos; cortes de gas en el invierno. Esa película inevitablemente termina como termina ahora. Creo que por ahí la única discusión era, ¿lo hacemos de shock o lo hacemos de forma gradual? Se eligió hacerlo de una forma, con un poco más de shock, porque tampoco es que fue todo el primer día.

¿En qué niveles están los salarios del sector privado en comparación con el último año del gobierno de Alberto Fernández?

El dato oficial de mayo muestra que están 3,6% debajo de noviembre de 2023, pero 10% arriba del mínimo al que llegaron en marzo del 2024, cuando pegó de lleno el shock inicial.

¿Cómo estás viendo el consumo, el gasto de los hogares? También se le reclama al gobierno que mira poco la microeconomía.

¿Cuáles son las herramientas que tiene el gobierno para mejorar el ingreso disponible de los hogares? Dar un subsidio directo. ¿Con qué plata? ¿Con qué recursos? Tampoco es que haya holgura fiscal. Apenas estamos generando superávit para pagar los intereses de la deuda. Y está recontra fino este año el margen fiscal. Otra es que el Banco Central baje la tasa de interés. ¿Pero cómo la baja? Si nuestra inflación, a pesar de haber bajado, es 10 veces la de Uruguay. Otra alternativa: que bajen los impuestos, que baje el IVA. Sí, a mí me encanta. Pero de vuelta, si estás apenas generando superávit para pagar los intereses de la deuda no están resueltos los problemas. Y el gobierno, entonces, todavía tiene que continuar en la senda de la austeridad fiscal, la política monetaria dura, Porque todavía hay que resolver el problema de la inflación, el problema del riesgo país, que son los temas centrales. Entiendo que en la prensa se hable de consumo y se mire el gasto en supermercados, en shoppings. Pero el consumo también implica la compra de automóviles, de motos. Y cuando uno hace todo ese desagregado lo que vemos es que el consumo está realmente en niveles más altos, históricos de Argentina.

No quiero decir que esté perfecta la película, pero no está tan mal. El ajuste muy importante de tarifa de servicios públicos obviamente deterioró el poder de compra del asalariado promedio. La gente hace un uso más racional de sus ingresos; paga la electricidad que tiene que pagar y se cuida en el supermercado, en el shopping, en el restorán. Hay gente que ahora está pagando un crédito hipotecario, que creció más o menos tres veces en términos reales desde noviembre de 2023. Antes, para huir de los pesos, compraba tres botellas de vino en vez de dos. Hoy por ahí compra una botella sola, pero paga el crédito hipotecario.

¿Te parece que si el presidente fuera reelecto habría lugar para pensar en una baja de impuestos?

Creo que en el pensamiento de Milei o del equipo económico está eso. Pensemos que realmente es una experiencia de política económica liberal. Acá llegaron los más liberales de los liberales. Sin duda, creo que si fuera por la voluntad de Milei habría mucho menos gasto público y mucho menos impuestos. Pero también hay una cuestión pragmática del equipo económico de decir: vamos a bajar impuestos, pero no tomando el riesgo de que eso me genere déficit fiscal y entonces genere desconfianza de los inversores. Seguramente si hay otro mandato se tenga eso como prioridad, pero siempre va a estar atada a lo que pasa con el gasto público. Hay que ver qué posibilidades hay para seguir recortando el gasto. O la economía tendría que crecer tanto y generar muchos ingresos tributarios para que entonces se puedan bajar las tasas de los impuestos que se cobran.

Cuando observaste que Milei apareció en el escenario político, no ya como economista, ¿lo veías como un posible presidente de Argentina?

No, pensé que iba a ser un candidato testimonial, que daba un mensaje. Como fue José Luis Espert en el 2019. Lo que pasa es que al final los números mandan. Por ahí la intención era dar un testimonio, pero la gente lo puso como presidente y ahora se tiene que hacer cargo. De hecho, hice una apuesta con mis amigos sobre qué porcentaje iba a sacar cada candidato. Yo estaba de acuerdo con lo que decían las encuestas más mayoritarias de la época: que Milei sacaba 14 puntos, Sergio Massa sacaba 24 y Bullrich 25 puntos. Sí pensaba que Milei iba a tener un efecto positivo para la economía argentina al correr fuertemente el eje del debate.

Si se mira el 56% final que obtiene, ahí están casi matemáticamente sumados los votos de Milei y Bullrich. Todo este discurso de dureza económica y de ser ortodoxo y duro en el gasto y cuidar la plata del contribuyente, me parece que hasta se puso de moda. Entonces, si no ganaba, ese discurso igual iba a ser fuerte, porque iba a ser una tercera fuerza o parte del gabinete. Si no se transformaba en presidente, igual estábamos frente a un cambio en dirección.

¿Por qué pensás que la gente estuvo de acuerdo con su discurso? Porque en la campaña no mostró un escenario positivo.

El foco del discurso fue el de un ajuste que iba a pagar una casta. Por ahí la gente se enganchó mucho con eso de decir: el ajuste le va a tocar a todos, menos a mí. No sé quiénes habrán decodificado lo que se quería decir con eso o no. Igual me parece que la gente estaba cansada de la inflación, de que le dijeran que emitir no generaba ningún problema. La idea de que la inflación era culpa del gobierno la sentías en todos lados. Con el kioskero, el taxista, los amigos, todo el mundo. Ya no pensábamos que el gobierno era una pobre víctima de las empresas codiciosas. Eso ya había cambiado y además combinaba con un enojo muy grande que la sociedad también tenía. Acordate de la pandemia, Alberto Fernández en Olivos. Había un enojo enorme con la política. Ese discurso antipolítico sumado a cierta sensatez económica combinó muy bien. Pero tampoco para exagerar. En la primera vuelta sacó el 30%. Y en la segunda hay que elegir a uno de los dos candidatos. No veo que haya una especie de fanatismo libertario.

¿Cómo estás viendo la economía uruguaya?

La comparo con Argentina y nosotros tenemos 10 veces más de inflación, cuatro veces de riesgo país. Han tenido mucho más crecimiento, al menos desde el 2010 en adelante. Lo han hecho mucho mejor. Hay cosas que en Uruguay no se discuten como en Argentina. Hay un Banco Central independiente, autónomo, profesional, que nosotros no lo teníamos hasta hace poco. Y hay algo que me genera también curiosidad e interés, y que me gustaría preguntarle a los economistas uruguayos: cómo conviven con una moneda que es tan fuerte. Uruguay tiene esa característica desde hace muchos años. El dólar es barato y entonces los precios son muy caros. Pero, sin embargo no hay un escándalo nacional por el asunto; a lo sumo habrá una discusión interesante. Quiero aprender porque me parece que eso es lo que va a pasar en Argentina en el futuro.

Argentina va a tener que acostumbrarse a convivir con una moneda fuerte y con un dólar barato. Nosotros venimos con devaluaciones permanentes y obviamente eso hace que no tengamos esa discusión. Además, hay ciertos puntos que comparten todos los partidos políticos. Eso es clave. Argentina debería encontrar un consenso razonable en economía. En eso nos tenemos que poner de acuerdo. Después alguno querrá más impuestos, otros menos, pero discutamos en los márgenes.

¿Estás de acuerdo con el tono que utiliza Milei para contestar preguntas periodísticas o en redes sociales?

La respuesta corta es no. (Joseph) Schumpeter decía que la política reducía a los individuos a su nivel más bajo de barbarie. Algo así como el fútbol. El fútbol también nos transforma en gente tribal. La política tiene un poco de eso. ¿Hay espacio para una política tranquila? Lo hay. Uno ve a Uruguay que tiene una forma de relacionarse entre los dirigentes mucho más amena. Pienso que Argentina no está en ese momento todavía, pero vamos a llegar, tenemos que llegar a eso. El proceso de normalización del país tiene que ver con normalizar la economía; ahí creo que Milei lo hace mucho bien. Y también con normalizar nuestras relaciones, nuestros vínculos, nuestra convivencia democrática; ahí Milei no lo hace bien. Quizás en el futuro, otros líderes que no pongan en riesgo el rumbo económico, van a instalar este otro tono. Y Argentina ahí va a ser un país, no solo muy vivible económicamente, sino próspero también. Una especie de lugar donde haya convivencia, respeto y tranquilidad.

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