(Desde Madrid) En el marco del XXII Encuentro Santander América Latina celebrado este miércoles en Madrid, del que participó El Observador, el economista jefe global de Santander, el argentino Juan Cerruti, trazó un balance económico global enfocado en la resiliencia y los desafíos estructurales que enfrenta la región. Al analizar el panorama de Uruguay, Cerruti señaló que “el nivel de actividad económica perdió un poco de dinamismo en los últimos meses”, un comportamiento en el que “la demanda interna tiene un rol un poco más significativo de lo que es la demanda externa”. Con un ritmo exportador y agropecuario ralentizado que contrasta con el sostén del consumo privado y la mejora del salario real, las proyecciones de Santander Research ubican el crecimiento del PIB uruguayo en torno al 1,0% para el cierre de 2026.
Hacia adelante, las perspectivas para el Uruguay perfilan una reactivación moderada y paulatina. Cerruti anticipó que “estamos previendo un repunte hasta el 1,5% para el año que viene, que volvería a incrementarse en el año siguiente en torno al 2%”, impulsado principalmente por la normalización gradual de los sectores transables y la tracción del comercio exterior. No obstante, el especialista remarcó que las economías de la región requieren tasas de expansión más elevadas y que Uruguay debe transformar su estabilidad macroeconómica en mayor productividad e inversión privada, subrayando que el potencial acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea podría abrir nuevos horizontes para colocar bienes y servicios en el mundo.
La insistencia en acelerar el ritmo de expansión no fue un comentario aislado de Cerruti: esta misma semana, en la ya tradicional Conferencia Internacional de Banca de Banco Santander 2026 y en el encuentro con periodistas latinoamericanos que siguió a la conferencia, la presidenta ejecutiva del banco Ana Botín volvió a abogar por acciones conjuntas entre Gobierno y empresas para lograr un mayor crecimiento de la economía global —y europea en particular— que dé más resiliencia ante potenciales shocks. Botín advirtió que el mundo crece hoy medio punto menos que en las décadas previas a los últimos shocks globales, una brecha que a lo largo de diez años equivale a perder el tamaño económico combinado de potencias como Alemania y Japón. Cerruti retomó el llamado a un mayor crecimiento, destacando que, ante un escenario global con menos márgenes fiscales y monetarios para amortiguar shocks, la prioridad ineludible de la política económica en los países donde opera la entidad debe ser volver a acelerar el crecimiento potencial.
En materia de precios y política monetaria, Uruguay ha debido maniobrar frente al encarecimiento de la energía. El economista jefe de Santander explicó que “producto del impacto que ha tenido en términos de los precios energéticos hemos visto un repunte de la inflación; eso obligó al Banco Central de Uruguay a tener una política un poco más, si se quiere, contractiva o de ajuste”, reflejada en la suba de la tasa de política monetaria al 6,0% hacia finales de año. De cara al futuro, Cerruti proyectó que “en términos de subida de la inflación la parte más compleja probablemente quedó atrás”, lo que habilitará al Central a converger hacia niveles objetivo del 4,6% en 2027 y 4,0% en 2028 sin proyectar trayectorias continuas de endurecimiento.
El mapa regional: del rigor fiscal argentino a las alertas en Brasil
Más allá de Uruguay, en la región el mapa está marcado por realidades muy dispares. Cruzando el Río de la Plata, Argentina transita un cambio de régimen enfocado en el ancla del orden en las cuentas públicas y la desinflación. Como explicó el economista Cristian Cancela, del equipo de Santander Argentina, “el equilibrio fiscal pasó de meta a regla” tras décadas de desbalances crónicos, lo cual ha permitido desinflar la economía y acumular reservas genuinas sin financiamiento del Banco Central al Tesoro. Este ordenamiento, sumado a la atracción de proyectos por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en minería y energía, proyecta convertir a la Argentina en un exportador neto de gran escala en los próximos años.
Por su parte, Brasil exhibe un dilema diametralmente opuesto, donde el reto principal se concentra casi exclusivamente en el frente presupuestario. Marco Caruso, economista de Santander Brasil, sintetizó la coyuntura señalando que “en el corto plazo, Brasil tiene tres problemas: el fiscal, el fiscal y el fiscal”. Con una expansión del gasto que supera con creces el crecimiento del PIB y un endeudamiento público que amenaza con escalar al 95% hacia 2030, Brasil afronta una desaceleración hacia ritmos del 1,8% en 2026 y 1,3% en 2027, condicionado por tasas de interés de dos dígitos que buscan atajar presiones inflacionarias.
Pese a sus debilidades internas, el gigante sudamericano cuenta con un sólido amortiguador externo que lo diferencia. Caruso remarcó que “el lado más fuerte de Brasil hoy es el sector externo”, apoyado en un flujo de inversión extranjera directa cercano a los 80.000 millones de dólares anuales y reservas internacionales por encima de los 350.000 millones de dólares. Además, su rol como exportador neto de crudo consolida a la economía brasileña como un activo de cobertura frente a la volatilidad internacional, un blindaje financiero que le permite sobrellevar las dudas que genera la falta de un ajuste estructural del gasto público.
El resto de la región también experimenta ajustes frente a los choques globales. En Chile, shocks climáticos asociados al fenómeno de El Niño y paradas técnicas en minería redujeron el crecimiento de 2026 a terreno prácticamente nulo, a la espera de que un ambicioso plan de inversiones y la ley de reconstrucción impulsen una recuperación hacia el 3,5% en 2027. En México, la integración con Estados Unidos genera un auge exportador ligado a la inteligencia artificial, aunque su impacto sobre el crecimiento global es moderado debido al bajo valor agregado local, en un marco donde el equilibrio presupuestario sigue siendo el desafío estructural de largo plazo.
En la región, Uruguay se destaca por su previsibilidad institucional y riesgo país en mínimos históricos, aunque sin estar exento de la necesidad de acelerar sus motores internos. Frente al ajuste argentino, el peso fiscal en Brasil y la exposición de Chile y México a diferentes shocks externos, el verdadero desafío para la economía uruguaya radicará en destrabar la competitividad, abaratar costos y expandir la inversión para elevar de forma duradera su crecimiento potencial.