Tabaré Vázquez acabó su segundo mandato con 17,3% de personas bajo la línea de pobreza, cifra similar a cuando había asumido si se tiene en cuenta el margen de error. Luis Lacalle Pou terminó su gestión con el mismo porcentaje (17,3%). Y los datos publicados este lunes por el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman que Yamandú Orsi no logró mover el guarismo en su primer año de administración (16,6%). Los gobiernos van pasando, la pobreza en Uruguay parece estar estancada.
La estimación oficial, basada en el ingreso mínimo necesario para cubrir las necesidades básicas alimentarias y no alimentarias, confirma ese estancamiento cuando se calcula por hogares en lugar de personas: era 13,4% en 2024 y fue de 13,2% en 2025 (siempre dentro del margen de error).
Y lo reafirma en la indigencia (pobreza extrema) calculada por hogares (el movimiento fue de una décima de punto porcentual) y en personas como se observa en el siguiente gráfico:
En Montevideo el porcentaje de pobres es mayor que cuando se mira el interior en su conjunto. En especial las localidades del interior de más de 5.000 habitantes son las que registran cifras más bajas (las que suben un poco en localidades pequeñas o rurales).
Pero la edad sigue siendo una de las claves. Uruguay está entre los países de la región con mayor infantilización de la pobreza.
Pobreza con cara de niño
Uruguay sigue siendo uno de los países de América Latina con menor porcentaje de personas bajo la línea de pobreza. La buena noticia es que entre aquellos que superan los 65 años, el acceso a lo mínimo necesario es casi universal (en buena medida por la protección que da la seguridad social). El problema está en la otra punta etaria: los más niños.
En Uruguay la pobreza tiene cara de niño. Es un concepto que los académicos acuñaron hace más de cuatro décadas y que —pese a los cambios de políticas y de políticos— se sigue confirmando: por cada adulto mayor que está por debajo de la línea de pobreza, hay cinco menores de seis años en la misma situación.
La disminución de la incidencia de la pobreza en los más pequeños es una de las prioridades del gobierno y en esa línea apuntó el peso en el Presupuesto quinquenal cuyos primeros resultados de impacto se verán el año próximo. Pero la directora de Uruguay Crece Contigo, Virginia Cardozo, había sido enfática en la entrevista que le concedió a El Observador: "El gobierno está orientando bien las prioridades, pero con este margen fiscal es difícil que se mueva la aguja" para reducir la pobreza en hogares con niños. Y dijo que el “margen fiscal es también una decisión política” y espera incrementos para su foco.
Hugo Bai, quien coordina el Diálogo Social, había dicho que, tras la discusión, aspira a que al menos se dupliquen las transferencias monetarias dirigidas a la infancia. Y el economista Mauricio De Rosa estimó que destinar un punto más del Producto Interno Bruto de Uruguay reduciría a una mínima expresión la pobreza infantil en el país. De hecho, alcanzaría para que esos que salieron de la pobreza no vuelvan a recaer. El problema es de dónde sale ese dinero.
Pobreza con cara afro, de mujer y de la periferia de las ciudades
El porcentaje de hogares pobres es más alto en la frontera norte que limita con Brasil y en los municipios más periféricos de Montevideo. Es otra constante que perdura en el tiempo y que el Instituto Nacional de Evaluación Educativa había dicho que acababa observándose en la segregación escolar: en una especie de guetos con muros invisible que diferencian demasiado los contextos.
Cuando el INE midió en la última ECH la pobreza en los municipios de Montevideo, así quedó coloreado el mapa:
Los hogares con referente mujer, representan casi el siete de cada diez de los hogares pobres del país (ellas son las jefes en esos ambientes monoparentales).
Para el año 2025, la pobreza en los hogares con referente mujer es más de una vez y media que la observada en los hogares encabezados por varones (16% y 9,7% respectivamente para el total del país).
Esto tiene también su conexión con la infantilzación de la pobreza. Supongamos una jefa de hogar que vive sola con su hijo chico (ya ni pensemos en varios hermanos) en una casa que alquila en Montevideo. Ella tiene que salir a trabajar y gana un poco más del salario mínimo: $ 26.000 o $ 27.000. Como el hijo no genera ingresos por su edad, la suma de ambos está por debajo de los $ 39.192 en los que se fija la línea de pobreza para un hogar alquilado capitalino de dos personas.
Y hay una última variable clave: la ascendencia étnico-racias. Dice el INE en su informe: “En el año 2025, para el total del país, la incidencia de la pobreza para las personas que declaran tener ascendencia afro es casi 14 puntos porcentuales superior a la estimada para quienes declaran tener ascendencia blanca”. La distancia es de 28,7% a 14,9%.
La quietud de la pobreza, sobre todo el núcleo más duro y estructural de la pobreza, que cuando fue candidato a la Presidencia, el nacionalista Álvaro Delgado reconoció a El Observador: “Hay cosas que demoran más en el impacto del derrame, la pobreza es una de ellas”. Hacía referencia a aquella idea de apuntalar a los malla oro (los más pudientes e inversionistas) para que el resto del pelotón que viene pedaleando de atrás se vea beneficiado.