16 de octubre de 2026 12:58 hs

Si de algo sabe Donald Trump es de real estate.

Nadie puede negar que, de haber cerrado la compra de Groenlandia, la isla más grande del mundo, hubiera sido una operación inigualable. Pero bueno, después prefirió acelerar los tiempos y amenazó con invadirla.

Fueron meses de una tensión colosal en los que nunca antes se había hablado tanto de este inhóspito rincón del mundo, que pasa la mitad del año con temperaturas bajo cero. Hasta que un día la saga groenlandesa terminó.

Ocurrió lo que parecía impensable. Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia se pusieron de acuerdo. Aprovecharon un momento en la Asamblea General de la ONU y firmaron un pacto.

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Dinamarca conserva la soberanía del territorio semi-autónomo y Trump se asegura una presencia militar permanente en la isla. A la población local le prometen un “derrame” de los beneficios económicos de esta alianza.

Pasaron tres semanas y el presidente estadounidense no pudo contenerse. Ya hizo un gran anuncio en las redes: el país prepara una exploración masiva de petróleo, gas y minerales en Groenlandia.

Los isleños no tuvieron ni tiempo de procesarlo.

¿Qué hubo detrás de este giro repentino que posibilitó que Dinamarca le abriera la puerta a Trump después de tanta amenaza y bravuconada?

1- Una isla que se queda sin habitantes

Groenlandia no es un lugar fácil para vivir.

Un puñado de aldeas, separadas por largas pausas de hielo, ubicadas a lo largo de la costa. En realidad, el 80% del país está cubierto por hielo y hablamos de una extensión similar a la de México (pese a que cuenta con menos de 160 km de caminos pavimentados).

Nuuk, la capital, es al igual que Dinamarca, uno de los lugares con mayor costo de vida del mundo. Las condiciones pueden ser muy hostiles pero en Nuuk se juega al golf y no hay problema para conseguir un restaurant tailandés.

En los lugares más aislados de la isla, en cambio, las cosas son muy diferentes. Hay que derretir hielo para bañarse. Así de dura puede ser la vida.

En este paisaje, la isla está envejeciendo. Hoy el mundo envejece. Pero en Groenlandia lo está haciendo realmente rápido. Y además se está despoblando.

Se prevé que para 2050 de los 57.000 habitantes que hoy viven en Groenlandia queden 46.100, es decir, una caída del 20%. Pero no será igual en todas las franjas etarias.

Los mayores de 80 años, por ejemplo, aumentarán de 735 a 2.220 en esos años. En cambio, los niños y los jóvenes hasta la edad de 16 disminuirán en un tercio, mientras que los groenlandeses entre 17 y 65 lo harán en un 20%.

Las implicancias para la economía son obvias. Un incremento de los gastos de atención médica y cuidado de las personas mayores y una disminución de la mano de obra.

En Groenlandia trabajan 29.232 personas. Apenas el 9% de la fuerza laboral son daneses y el resto, ciudadanos de otras nacionalidades. La estadística sólo contempla a residentes permanentes y no a trabajadores temporales pero aún así es muy baja.

La fuerza laboral representa el 78% de la población en edad de trabajar, lo que es un coeficiente también bajo en comparación con otros países nórdicos y de la OCDE, asegura el banco central danés. Esto se debe a que la mitad de la población entre 25 y 64 años no tiene educación superior. Y los groenlandeses más calificados buscan empleo en Dinamarca.

La estimación es que para 2040 la fuerza laboral se contraiga en torno a un 7% debido a la baja tasa de natalidad y la emigración de los jóvenes.

Es irónico que frente a este enorme desafío que enfrenta la isla, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, recientemente pidió perdón a la población local (inuit) por los programas de esterilización forzosa a la que fueron sometidas sus mujeres en los años 60 y 70.

2- El gigante minero que vive de camarones

Con un producto interno bruto de tan solo u$s 3.300 millones, Groenlandia es una economía en extremo vulnerable pero con un inmenso potencial desaprovechado.

El territorio vive de la pesca y de los subsidios de Dinamarca. Eso es todo.

Alrededor del 40% de la fuerza laboral trabaja para el Estado. Y las subvenciones que llegan de Copenhague suman poco más de u$s 1.000 millones anuales, según el Consejo Económico de Groenlandia. Esto representa aproximadamente la mitad de los ingresos del Gobierno groenlandés y el 20% del PIB de la isla.

El otro pilar es la pesca, que representa más del 90% de las exportaciones. Junto con los subsidios y algo de inversión en infraestructura, en la última década el aumento en los precios mundiales del fletán o halibut, el bacalao y el camarón ayudaron a mantener la economía a flote.

Pero los últimos años fueron de estancamiento. Una economía sin diversificación es una economía muy frágil. Groenlandia creció 0,8% en el 2024 y 0,2% en el 2025, según el banco central danés. Para este año, la previsión es de 0,8%.

Gran parte de la desaceleración está relacionada con la disminución en las poblaciones de camarón, así como con la caída en precios. El aumento de la temperatura del mar está afectando la reproducción del camarón.

Pero claramente el futuro de la isla depende de poder explotar la enorme riqueza mineral que yace bajo el hielo. El Gobierno groenlandés es propietario y tiene derechos sobre todos esos recursos minerales.

Nuevas inversiones que expandan la central eléctrica de Buksefjord, cerca de Nuuk, y la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas podrían proporcionar energía barata para atraer centros de datos a la isla.

Muchos analistas imaginan a Groenlandia replicando el modelo de éxito de Islandia, que combina el turismo con la pesca y la energía barata para atraer a empresas tecnológicas.

Pero hasta ahora no fue fácil. El turismo sólo representa alrededor del 5% del PIB y si bien creció rápidamente en los últimos años, ya llevó a los hoteles y al transporte aéreo a su máxima capacidad durante el verano. Una mayor expansión requeriría más infraestructura y una temporada turística más larga.

Y los resultados en el sector minero fueron frustrantes. Años de exploración en un terreno complejo se tradujeron en poca actividad comercial. Actualmente, sólo dos minas están en funcionamiento y varios proyectos con permisos no consiguen financiación.

3- Tesoros bajo hielo que no encuentran inversores

Hasta que Trump puso a Groenlandia en el centro de la atención mediática, pocos inversores pensaban en la isla.

Y no es que falten oportunidades. Antes de la conferencia Future Greenland, el centro de estudios CIP Foundation y grupos de presión del sector presentaron un nuevo catálogo de inversiones que identifica proyectos de infraestructura potenciales por valor de más de u$s 6.200 millones, desde centrales hidroeléctricas hasta centros de datos, minas y plantas de energías renovables.

Pero hasta ahora, Nuuk no sólo no consiguió traccionar fondos extranjeros, sino que incluso tomó medidas que expulsaron a los que habían tomado el riesgo de invertir en esa difícil tierra remota.

A principios de este año, la empresa estatal de energías renovables NunaGreen recibió una sola oferta para lo que iba a ser uno de los mayores proyectos de infraestructura de Groenlandia, lo que la obligó a cancelar el proceso de contratación.

Mientras tanto, el gigante danés de la construcción MT Hojgaard se retiró del mercado groenlandés a finales del año pasado tras sufrir grandes pérdidas. La aerolínea SAS también abandonó este verano una ruta entre Dinamarca y Groenlandia después de tan solo un año, alegando menor demanda y mayores costos a los esperados.

Un proyecto para exportar mineral de hierro para la producción de acero fracasó tras la quiebra de su promotor en 2014, al igual que el posterior intento de reactivarlo. Otras iniciativas de gran envergadura permanecieron durante décadas en fase de desarrollo sin llegar a entrar en producción.

En Kvanefjeld, territorio que alberga uno de los yacimientos de tierras raras sin explotar más grandes del mundo, además de uranio, un proyecto liderado por la empresa australiana Energy Transition Minerals estuvo en desarrollo durante casi quince años.

En 2021, el uranio se convirtió en el tema central de las elecciones parlamentarias del territorio. Los residentes de una localidad cercana comenzaron a protestar contra el plan, que finalmente fue paralizado cuando los legisladores aprobaron una ley que prohibía la minería y la exploración de uranio.

Para el sector empresarial, este caso se convirtió en un claro ejemplo de la facilidad con la que los proyectos a gran escala en Groenlandia pueden verse condicionados por la política.

Ese mismo año, el gobierno también implementó una nueva ley que exige a los operadores turísticos contar con al menos dos tercios de propiedad groenlandesa.

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