Irán aumenta 20% sus ingresos petroleros con la guerra y Trump reconoce que podría invadir su hub exportador
La ganancia de Teherán fue posible porque Washington nunca atacó su infraestructura energética. Pero, por primera vez, Trump admitió que su primera opción es "tomar el petróleo" de Irán y que sería con una incursión militar.
Las exportaciones de crudo de Irán llegaron a desplomarse a menos de 250.000 barriles diarios cuando en 2000-2001 Trump aplicó máxima presión. Pero se recuperaron. El promedio de 2025 fue de 1,5 millones diarios y este año llegó a 2,6 millones.
Hasta no hace mucho, la “flota fantasma” de Irán era perseguida por el mundo.
Petroleros ya bastante decrépitos que surcaban el mar en desafío de sanciones que los obligaban a todo tipo de artilugios para burlar al radar enemigo.
Entre diciembre y febrero, más de una docena de estas huidizas embarcaciones fantasmagóricas (también rusas y venezolanas) fueron capturadas en una persecución revitalizada de lo que representaba un cuarto de las exportaciones globales de petróleo.
Entonces, EE.UU. e Israel atacaron a Irán.
Mucho ocurrió en las últimas cuatro semanas. Entre otras, Irán -curiosamente- aumentó sus ingresos petroleros.
En marzo, Teherán facturó algo más de u$s 140 millones por día, contra u$s 115 millones en febrero, según datos de Bloomberg. Nada es poco en tiempos de guerra. Menos cuando cae del cielo.
Hoy está exportando alrededor de 1,5 millones de barriles por día, aproximadamente en línea con el promedio del año pasado.
Puede que dure poco.
Al menos si se toma al pie de la letra las declaraciones de Donald Trump al Financial Times del domingo. El presidente de EE.UU. dijo que se quedaría con el petróleo de Irán.
"Esa es mi opción preferida", reconoció. Nunca lo había explicitado tan claramente, salvo los exabruptos de sus posteos en Truth Social donde amenaza con "volar todo" si el plan de paz fracasa.
También dio a entender que podría atacar el hub de exportación de la isla de Jark, algo que evitó minuciosamente hasta ahora.
Pero como siempre su lenguaje es extremadamente ambiguo. Como un juego en el que jamás será atrapado en sus intenciones.
"Puede que tomemos la isla de Jark, puede que no. Tenemos muchas opciones. Si lo hacemos implicaría que tendríamos que quedarnos ahí por un buen tiempo", le dijo al diario británico.
Un costo que la administración debe estar evaluando y que marca claramente que Irán no es Venezuela.
Irán aún le sigue vende a las "teteras" chinas pero con menos descuento
Irán es prácticamente el único que transita por el ya famoso estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico (salvo ciertas autorizaciones a cuentagotas bajo los términos iraníes), cuando sus exportaciones solían representar una décima parte del total.
iran ormuz sin un alma
Pero la ganancia surge básicamente del efecto precio.
El petróleo iraní -que se vende con un descuento en el mercado- se revalorizó gracias a que el Brent se disparó 55% en el último mes.
Y además los iraníes hoy venden su crudo con apenas una diferencia de unos u$s 2 cuando antes de la guerra era de u$s 10. Esto implica que las “teteras” chinas están pagando un precio apenas por debajo de los u$s 115.
Irán sigue exportando casi la totalidad de su crudo y los productos derivados a China, incluso después de que se relajaran las sanciones.
Desesperado por la escalada del precio del petróleo (en especial en un año electoral), el presidente de EE.UU, , Donald Trump, flexibilizó las restricciones para el comercio iraní.
Washington permitió que se vendiera por un cierto período los barriles de crudo que Irán tenía varados en el mar.
Un calco de la medida casi igual de escandalosa que había tomado hacía poco para favorecer a Rusia en un intento por aumentar el suministro global aunque sea mínimamente.
Pero los flujos que podría llegar a sumar el país jamás detendrían la trayectoria inexorable del crudo.
La flexibilización de las sanciones generaron más escándalo que impacto
Esos u$s 15.000 millones que Irán tenía flotando en el mar no cambiaron de destino. Ni hubo, en realidad, un impacto relevante en volumen.
Acá entran en juegan al menos dos factores.
Por un lado, La Unión Europea y Gran Bretaña no siguieron a Trump en su jugada (más bien quedaron estupefactos ante la disposición de facilitar la financiación del enemigo).
Eso disuadió a otros posibles clientes e hizo que prefirieran mantenerse lejos de las cargas iraníes.
iran expo máximo
Y por otro lado, está la cuestión financiera.
Ninguna del resto de la pila de restricciones que pesan sobre Irán fueron removidas, entre ellas, las que impiden su acceso al sistema financiero internacional.
No es fácil blanquear una petro-economía.
Irán ya tiene montado con China todo un mecanismo que funciona a través de empresas que son una fachada y falsean los contratos.
Y el Estado ya autorizó a determinadas plantas a procesar el petróleo iraní, la mayoría de ellas pequeñas refinerías independientes, que se conocen como “teteras”.
Trump no descarta atacar la principal planta de exportación iraní
Claro que nada de esto hubiera sido posible si la infraestructura petrolera de Irán se hubiera visto afectada por el enfrentamiento bélico.
Pero la isla de Jark, principal enclave de exportación de crudo de Irán, nunca fue atacada por Estados Unidos, que solo bombardeó objetivos militares. Tampoco por los vecinos del Golfo.
jark
De allí parten estos buques de varias décadas de antigüedad que conocen todos los secretos para ser elusivos.
Navegan “a oscuras” apagando los equipamientos que envían la señal de su posición, cambian de nombre, llevan banderas falsas, transfieren el petróleo de un barco a otro para ocultar el origen.
Imágenes satelitales llegaron a registrar buques siendo pintados en altamar para cambiar su identidad.
Lo cierto es que las sanciones occidentales consiguieron poco contra el comercio de petróleo de Irán (y de Rusia).
Sí pudieron cambiar el mapa de los destinatarios, que hasta entonces eran mayormente europeos y quedaron reducidos casi exclusivamente a China e India.
Hasta no hace mucho la pregunta era si Irán podrá seguir contando con este ingreso extra. Si la presión electoral ante una gasolina que no para de subir se impondría más allá de toda lógica y las sanciones seguirían suspendidas.
Pero Trump parece haber cambiado de idea una vez más.
En pleno despliegue de miles de tropas en Irán, en lo que parece anteceder una arriesgada incursión terrestre, reconoció por primera vez que quiere "tomar el petróleo de Irán". Y que podría hacerlo con una incursión militar.
Ya nadie piensa en las sanciones ahora. La cuestión es si tomar la isla de Jark tiene sentido.